OTOÑO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



31 de agosto de 2012

ENCUENTRO DIGITAL CON EL DR. ROJAS


WILLIAM SHAKESPEARE ERA CATÓLICO

      WILLIAM SHAKESPEARE
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Soprendente descubrimiento

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Católico o no católico, éste es el problema, se podría decir parafraseando el dicho de Hamlet. En realidad, la tesis que desde hace ya años el gran William Shakespeare fue fiel de la Iglesia de Roma, hoy es mucho más que una hipótesis.
La confirmación nos llega de un sorprendente número de libros publicados recientemente. Y es que, si ya finalmente un autor popular laico inglés como Peter Ackroyd lo admite en su Shakespeare: Una biografía (Neri Pozza), convincente y bien ponderado es el último volumen de la inglesa Elisabetta Sala El enigma de Shakespeare: ¿Cortesano o disidente? (Ares).
La autora que escribió Isabel la Sanguinaria (Ares), había desenmascarado brillantemente la propaganda que rodea la época isabelina, y saca a la luz la disidencia del dramaturgo y sus relaciones con los católicos perseguidos por la reina.
Quien no ha tenido jamás dudas hamletianas sobre el catolicismo de Shakespeare y desde hace años pelea contra una cierta crítica todavía suspicaz es Peter Milward, jesuita inglés, profesor de Literatura Inglesa en la Universidad Sofía de Tokio, máximo experto de la religiosidad del Bardo.
“Es una hipótesis que sostengo ya desde 1973, cuando publiqué mi primer libro Shakespeare´s Religious Background (El fondo religioso de Shakespeare). Hoy afortunadamente son muchos los libros que relanzan esta cuestión, pero hay todavía un cierto prejuicio académico que es difícil erradicar”.
- Profesor Milward, ¿Por qué está tan convencido de que Shakespeare fue católico?
- Sabemos que su padre, John Shakespeare, recopiló de su puño y letra un testamento espiritual que se encontró escondido entre las vigas del techo de su casa de la calle Henley en Strafford. Aquel documento (del cual hoy tenemos una copia de 1700 reconocida como auténtica) fue probablemente escondido allí en tiempos de la Conjura de Somerville de 1583, cuando también los familiares maternos, incluida la madre de Shakespeare, Mary Arden, a causa de su fe fueron sometidos a la acusación de alta traición por Sir Thomas Lucy di Charlecote Park. Y los nombres tanto del padre John (en 1592) como de su hija Susana Hall (en 1606) figuran en la relación de católicos que se negaban, de aquellos que rechazaban acudir a las funciones obligatorias religiosas del Estado.
Eran años de caza a los disidentes católicos como consecuencia de un bando severo lanzado en nombre de la reina en 1591, y otro al día siguiente de la Conjura de la Pólvora de 1605.
- ¿Cómo es que la Reina Isabel I (1533-1603) tan feroz con los católicos lo aceptó en la corte?
- Obviamente en una tal situación de persecución, Shakespeare fue obligado a silenciar su fe católica. Tuvo que vivir de forma enmascarada, como su Edgar en Rey Lear , y así ha permanecido hasta hoy. Su máscara era la de un personaje menor de edad, de uno que él mismo llamaría el “bufón”. Dudo que la reina Isabel haya intuido su camuflaje (aunque hay autores convencidos de ello).
Sabemos, sin embargo, por ejemplo que la reina se dio cuenta de la Fe católica del gran compositor William Bird y le consintió permanecer en la corte porque tenía necesidad de él para la música de la capilla real. Del mismo modo podría haber actuado con Shakespeare porque valoraba su trabajo, sobre todo las comedias y especialmente el personaje de Sir Jhon Falstaff.
¿Fue obligado, por tanto, a recurrir a los símbolos para no incurrir en la censura?
- Sí. Son ciertamente los símbolos, las imágenes o los temas a lo que recurre en sus trabajos para mostrar su catolicismo. Tomemos como ejemplo un tema como la peregrinación. Está presente en muchas de sus obras: Ricardo II, El Mercader de Venecia, Como os plazca y Rey Lear. La costumbre de recurrir a la peregrinación era típicamente medieval y católica, pero fue prohibida por los protestantes en tiempos de Enrique VIII, quien cerró todos los santuarios en Inglaterra.
Otra imagen típica de los católicos perseguidos en Inglaterra ha sido por ejemplo la condición del destierro y de la marginación que no por casualidad reaparecen en sus obras. Como cuando Ricardo II, en el momento de ser destronado, aconseja a su dolorida reina retirarse a Francia y entrar en un convento como forma de alcanzar “la corona de un nuevo mundo”, mientras él deberá soportar el arresto.
Otro tema es la forma en la que el dramaturgo trata a los frailes en obras como Romeo y Giulietta, Mucho ruido y pocas nueces y Medida por medida. Mientras los dramaturgos protestantes como Robert Greene y Chistopher Marlowe los tratan con escarnio como personajes ridículos, Shakespeare los respeta y lo hace de modo que también sus personajes los respeten.
- ¿Cuáles son las demás obras que manifiestan su fe?
- En uno de mis libros Influencias bíblicas en las grandes tragedias de Shakespeare (editada por la Universidad de Indiana) he analizado, acto por acto, línea por línea, las cuatro grandes tragedias Hamlet, Otelo, Macbeth y Rey Lear, encontrando ciertamente numerosas referencias de la Biblia. Sobre todo las últimas tres escritas ya al comienzo del reinado de Jacobo I (para Hamlet reinaba todavía Isabel I) las considero todas en conjunto como las “obras de la pasión de Shakespeare” porque hacen volver al evangelio de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Pero en mi último libro Shakespeare the Papist demuestro cómo todas las obras admiten una interpretación católica y bíblica, Si no se admite este sustrato, este fondo católico, muchas obras permanecerían enigmáticas.
- Ha causado asombro también la declaración del primado de la Iglesia Anglicana, Roman Williams, quien ha admitido el catolicismo del Bardo.
- Estoy muy contento. El mismo arzobispo de Canterbury me ha confiado que ha madurado esta convicción también por la lectura de algunos de mis escritos. Pero no es suficiente reconocer que Shakespeare fue católico. Es necesario tomar nota de que nos encontramos frente a un testigo importante de aquel catolicismo inglés que fue cruelmente perseguido por Enrique VIII y por Isabel I y por sus crueles ministros, Thomas Cromwel y William Cecil.
- A pesar de todo persisten todavía muchas desconfianzas en relación a esta hipótesis …
Hay sobre todo un secular prejuicio académico de parte de un grupo de estudiosos de Shakespeare. Ellos gozan de tribunas universitarias importantes y de publicidad mediática. El problema es que algunos autores como Peter Ackroyd admiten el fondo católico de Shakespeare. Pero no se puede comprender su papel de testigo de la cristiandad y su catolicismo si no se estudian a fondo sus obras y no se tienen en cuenta las duras persecuciones de ese tiempo.
Shakespeare ha vivido ciertamente en una época en la cual los católicos ingleses vivían en el miedo como los cristianos coptos hoy en Egipto. Incluso los sacerdotes, incluso los jesuitas, temían ser descubiertos, arrestados, hechos prisioneros, torturados y ajusticiados como traidores. Él no fue al encuentro del martirio, pero tenía una gran fe católica. Y se sintió comprometido como dramaturgo, en la misión de proclamar la verdad de su época y la fe de lo que Hamlet llama “el mundo aún no conocido”.
(Traducido por José Martín Alonso)

30 de agosto de 2012

CIENCIA Y FE, ¿OPUESTAS O COMPLEMENTARIAS?


Ciencia y religión no están enfrentadas ni son contrapuestas. Son dos visiones complementarias de la realidad, aunque con métodos distintos.
Hace unos días leía en el diario El Correo una entrevista al químico José María Mato de la Paz , director del Centro de Investigación Cooperativa de Derio (Vizcaya). En esa entrevista el director afirmaba que “no se puede enseñar ciencia y religión en un mismo colegio porque resulta perturbador". Continuaba afirmando que "ciencia y religión son dos cosas inmiscibles”.
Parece que vuelve a resurgir el enfrentamiento entre ciencia y religión. O, mejor dicho, no terminamos de enterrar, de manera sana y natural, un debate que se inició en el siglo XVIII, siglo de la Ilustración o siglo de las luces, en el que se exaltó y divinizó la razón como explicación de todo lo real y existente.
Los profesores de religión, titulados universitarios al igual que el resto de docentes del nivel educativo, que no estamos, ni mucho menos, en contra de la ciencia ni del progreso “bien entendido” ni de la evolución, sabemos por experiencia que algunos compañeros nuestros de otras disciplinas académicas, como pueden ser los de historia, ciencias sociales o filosofía, usan argumentos donde parece resurgir el conflicto entre ciencia y religión.
Ciencia y religión no están enfrentadas ni son contrapuestas. Son dos visiones complementarias de la realidad, aunque con métodos distintos. Tienen una misma meta: la felicidad del ser humano, del hombre y la mujer.
A la ciencia le preocupan, y por ello los cuestiona, “los porqués” del mundo, de la vida. A la religión le interrogan y le preocupan “los para qué”, la finalidad del mundo, de la vida. En palabras de Albert Einstein, “La ciencia sin la religión es coja y la religión sin ciencia es ciega”. Ambas se necesitan.
La oposición brutal entre ambas nace cuando ciertos defensores a ultranza de una u otra visión del mundo excluyen la otra.
A este respecto, en su última Carta Apostólica, el Papa Benedicto XVI afirma lo siguiente: “La Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad” (“La puerta de la fe”, n12).
Cuando la Iglesia critica algunos de los avances científicos, no va en contra de la “verdadera ciencia”, sino de determinadas modos y formas de hacer ciencia que pueden atacar la dignidad de la persona. En nombre de la ciencia y del progreso no vale todo, no se puede violar la naturaleza humana.
A pesar de todo lo anteriormente dicho, nos seguimos encontrando con afirmaciones como las del biólogo Richard Dawkins, que afirma sin paliativos que ser científico y creyente es una contradicción. Les voy a citar solo algunos de los muchos ejemplos de científicos, descubridores e inventores de gran prestigio que además eran o son creyentes:
- Alessandro Volta (1745-1827) descubrió las nociones básicas de la electricidad: “Yo confieso la fe santa, apostólica, católica y romana. Doy gracias a Dios que me ha concedido esta fe".
- Thomas Alva Edison (1847-1931), el inventor más fecundo, 1200 patentes: “Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos: Dios”.
- Guillermo Marconi (1874-1937), inventor de la telegrafía sin hilos: “Lo declaro: soy creyente. Creo en el poder de la oración, y creo no solo como católico, sino también como científico”.
- Charles Townes (1915), descubridor de las teorías del laser. “Como religioso, siento la presencia e intervención de un ser Creador que va más allá de mí mismo, que siempre está cercano”.
- Allan Sandage (1926), astrónomo, calculó la velocidad de expansión del universo y la edad del mismo. “El misterio de la existencia solo puedo explicármelo mediante lo sobrenatural”.

Religión y ciencia sí pueden ser enseñados en el mismo colegio, porque la escuela y el instituto deben garantizar una educación lo más integral posible que desarrolle las cuatro dimensiones más importantes, de la persona: historico-cultural, humanizadora, científica y trascendental.
Quiero acabar el artículo con un texto de Charles Darwin (1809-1882), naturalista (Teoría de la Evolución): “Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios me parece la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre hayan sido frutos del azar”.
http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gifRELIGIÓN EN LIBERTAD

29 de agosto de 2012

EDIOS A LA DEPRESIÓN - ENRIQUE ROJAS


USTED, ¿DESCANSÓ?



Francisco-M. González*
Para la inmensa mayoría de los españoles el próximo viernes terminarán las vacaciones estivales, aunque es posible que muchos puedan aprovechar hasta el lunes, por aquello de no empezar a trabajar en viernes. Otros, probablemente inicien ahora sus vacaciones; a mi modo de ver, son más privilegiados, puesto que en septiembre el calor no suele ser tan agobiante y el “agobio” de personas, en los aeropuertos, en las carreteras, en los montes o en la playas, tambien, suele ser menor.
Se me ocurre la pregunta, si durante este tórrido mes de agosto: Usted. ¿descansó? Sí, en realidad ha podido disponer de esos días de paréntesis de calendario, si ha detenido el reloj a base de pereza y mojitos o si ha llenado su vida de esas pequeñas gotas de felicidad,  deteniendo esos pensamientos más agoreros para reponer fuerzas cara al nuevo curso
Para los canarios, desde donde se encontrará, no dudo en que nadie haya  podido evitar el sufrimiento y el dolor -aunque no hubiera víctimas humanas-  por la tragedia en nuestros montes... Ávidos de respuestas, de rescates más imperiosos éstos si cabe que los que nos depara la economía... Un verano para ¡deleite del mismo Nerón! Aprovecho para solidarizarme, con las gentes de Navarra, de la Sierra de Gata (Cáceres),  de  Alicante,  El Barco de Valdeorras (Orense), entre otros puntos de la geografía española, también víctimas del fuego y alguno con víctimas humanas.  Donde han quedado paisajes tan cenicientos como los del corazón del parado un lunes al sol.

Porque tampoco se me escapan... Cómo podría pasar, los miles de parados (vamos con los datos, comenzamos agosto con esas "falsas" noticias positivas: El número de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo del Archipiélago ha descendido en 879 personas el pasado mes de julio respecto a junio, situándose en 289.785 las personas que demandan un trabajo... Casi nada) que sobre todo en Canarias se suman a la triste conga de la fila del paro, una letal serpiente que complica la espiral macroeconómica y asusta cada mañana a los incansables asalariados y pequeños empresarios que se empecinan en sobrevivir, en lograr que ese llamado "índice de confianza" no se quebrante porque la esperanza parece ser no sólo una virtud teologal, sino una fuerza intangible de la bolsa...

Ya ve, que la pregunta se las trae, hay quien en Andalucía entiende que la sublevación de masas, que el abordaje de supermercados, hoteles rurales... Puede ser la respuesta para que se produzca un giro económica. Tanto es así, que si el apellido Gordillo antes nos recordaba nuestro futbolista gallego y merengue de la quinta del buitre, ahora más bien se relaciona con ese alcalde del pueblo sevillano de Marinaleda.  La miseria genera angustia y hastío, y no es la primera vez en la historia que se dan manifestaciones en este sentido, gritos de basta ya a un interlocutor dudoso para cambiar el destino.
Y, la verdad, que no voy a caer en la demagogia de señalar con el dedo a quien pudo dedicarse unos días a tratar de relajarse; puesto que es la mejor colaboración posible para el sector hotelero que, dicho sea de paso, pese a sus buenas cifras ha reconocido deberle un gracias gigante al cliente canario. Por cierto, que para cuando esas suculentas ofertas que se brindan al cliente "de fuera" para los de aquí. Pues nuestro dinero, aunque humilde, procede de la misma fábrica de moneda. Pero ésta, como diría Michael Ende en su epopeya "interminable" es otra historia...
En Canarias siempre hemos sido increíblemente pacientes, pero  no indolentes, para afrontar las adversidades. Convencido, y no por el "índice de confianza" sino por la esperanza de que el pueblo tiene respuestas desde su alma y corazón; desde luego no impulsadas por el declaracionismo político que estos días alcanza sus record Guinnes en la categoría del absurdo (para qué recordar las declaraciones exacerbadas de nuestro ínclito Presidente o su batallas dialéctica con la delegada del Gobierno), cierro esta pregunta desde el optimismo. Entre abanicos, asfalto derretido y paseos a la nevera me esfuerzo en escribir al calor de tantos cacharros tecnológicos...Porque todos sabemos que sobrellevamos de sobra estas temperaturas si no fuera por el peligro que suponen para nuestros montes. Me decía un amigo hace bien poco,  que "somos como nuestros pinos, no ardemos de raíz, resistimos". Si usted no descansó lo suficiente, hágame el favor de resistir, y si es por pedir, con deportividad y una sonrisa.

Bajamar 20 de agosto de 2012  (V.P.T.)

25 de agosto de 2012

LA MISIÓN

ALBINO LUCIANI INÉDITO


Renzo Allegri*
ROMA, jueves 23 agosto 2012 A pocos días del 34 aniversario de la elección del papa Juan Pablo I (26 de agosto), ofrecemos a nuestros lectores la entrevista hecha por nuestro colaborador Renzo Allegri a Marco Roncalli, autor de la primera biografía completa y crítica del “Papa de la sonrisa”, publicada con motivo del primer centenario de su nacimiento (17 de octubre).
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Albino Luciani pertenecía a una familia pobre de Canale d’Agordo, en la provincia de Belluno, al pie de la cadena montañosa de los Dolomitas en Italia. Desde que era un niño, e incluso como sacerdote y como obispo, siempre fue una persona tímida y reservada. Nadie podría haber imaginado que a los 66 años se convertiría en papa. Un papa que tuvo un destino desconcertante: permanecer en el trono de San Pedro solo por 33 días, al morir de improviso.
A Marco Roncalli le pedimos que nos hablara sobre el papa Luciani y, especialmente, que nos compartiese sobre las cosas nuevas e inéditas que encontró en estos cinco años de investigación. "Cuando empecé a trabajar en este proyecto", dice Roncalli, "me encontré frente a un evento único: un papa que reinó solo 33 días, un tiempo muy corto para haber sido capaz de hacer cosas importantes, pero que había dejado en los creyentes una fascinación extraordinaria. Su actividad como pontífice no justificaba aquel encanto, por lo tanto, era necesario buscar la causa en otro lugar: en la vida de Albino Luciani antes de la elección como pontífice…
¿Qué se sabe de Albino Luciani como niño?
--Marco Roncalli: Desde niño tuvo que enfrentarse a situaciones difíciles de la vida, que dejaron profundas cicatrices en el alma. Se crió prácticamente sin un padre. Ya en 1913, cuando Albino tenía un año de edad, su padre estaba en Argentina. Volvió por la guerra de 1915-1918, y luego se marchó. Fue su madre la que hizo crecer y educó al niño, transmitiéndole los valores cristianos. "Mi madre fue mi primera maestra de catecismo", recordaba Luciani. Los años de la guerra fueron particularmente difíciles en esa zona del Véneto. Su hermano Eduardo, recuerda: "Había sólo hierba y las raíces de las plantas para hervir... De vez en cuando un pedazo de pan hecho de salvado y del aserrín de los árboles".
¿Qué tipo de escuela había seguido?
--Marco Roncalli: La elemental de su país natal, y luego entró en el seminario. Le encantaba leer y el párroco y los demás sacerdotes le ayudaban prestándole libros. Se conserva una oración que escribió en el cuarto grado, y es relevante porque revela su estilo claro y concreto, que lo caracterizará después como adulto: "Señor, tú que lo sabes todo y que todo los puedes, ayúdame a vivir. Yo soy aún un niño, no tengo estudios, soy pobre, pero quiero conocerte. Ahora no sé verdaderamente quién eres y no sé si te quiero, me gusta el Padre Nuestro, me gusta mucho el Ave María, oro por los difuntos y por mis seres queridos. Ayúdame a entender. Soy tu Albino. Amén".
¿Cuándo decidió ser sacerdote?
--Marco Roncalli: A los 11 años entró en el seminario de Feltre. Como obispo escribirá: "Cuando nos llamamos entre nosotros, los hombres, la llamada es muy clara... Cuando Dios llama, es diferente; no hay nada escrito, ni fuerte ni evidente: una voz baja, un susurro, un "pianísimo" que toca el alma".
En la práctica, vivió siempre lejos del mundo real
--Marco Roncalli: Pero siempre atento a lo que sucedía en el mundo real. Albino Luciani era una esponja. Escuchaba, pensaba, elaboraba. Y sobre todo leía. No solo libros de carácter religioso, sino sobre todo libros de literatura, que no siempre estaban disponibles en el seminario y que tampoco eran bien vistos. A través de los años, especialmente en la escuela secundaria, leyó libros de Molière, Verne, Twain, Dickens, Dovstoievskij, Tolstoi, Camus, Péguy, Pascal, Erasmo, Chesterton, Goethe, Petrarca, Papini, Freud, Darwin, Nietzsche, Marx, Lenin, y así sucesivamente.
¿Y después del seminario?
--Marco Roncalli: Fue ordenado sacerdote a los 23 años. Durante dos años trabajó como asistente del párroco en la parroquia, desarrollando "aquel apostolado sencillo entre la gente que me gustaba mucho". Y luego volvió otra vez al seminario, como profesor y como vicerrector. Diez años más de seminario, desde 1937 hasta 1947. Fueron los años de la Segunda Guerra Mundial. Años difíciles, dramáticos, especialmente para Italia. Consiguió, en aquellos años, obtener un título ‘summa cum laude’, en teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Pero sobre todo, estudiaba los acontecimientos que sucedían en el mundo, la vida de los hombres que estaban fuera del seminario, para los que estaba preparando a los guías espirituales del futuro.
Y después obispo...
--Marco Roncalli: La estima de sus superiores era grande y fue nombrado provicario de la diócesis, después vicario general y, en el 1958, obispo de Vittorio Veneto. Tomó como lema de su escudo episcopal la palabra Humilitas, explicando: "Yo soy el simple y pobre polvo; sobre este polvo el Señor ha escrito la dignidad episcopal de la ilustre diócesis de Vittorio Veneto". Nunca tuvo una gran consideración por sí mismo. Escribió: "Algunos obispos se parecen a las águilas, que vuelan con documentos magisteriales a alto nivel; yo pertenezco a la categoría de esas pobres avecillas, que en la última rama del árbol eclesial, trinan."
En 1962 se inició el Concilio Vaticano II. Luciani era ya obispo, ¿cómo lo vivió?
--Marco Roncalli: Con gran entusiasmo. No sabemos de su intervención directa, pero siempre estuvo presente en todas las sesiones y miraba aquel evento con asombro. Se refería a él con un lenguaje deportivo, comparándolo con un "partido extraordinario" donde juegan "más de dos mil obispos" y "el árbitro es el papa". De sus escritos se lee: "El Concilio me ha obligado a volverme un estudiante de nuevo y a convertirme también mentalmente." Después del Concilio, su pastoral tuvo una oleada de iniciativas nuevas, fuertes, que muchos juzgaron, incluso, como revolucionarias.
¿Por qué?
--Marco Roncalli: Luciani resultó ser un verdadero pastor, que se niega a ser encasillado en los estereotipos habituales de "conservador" o "progresista". Sin embargo, era firme en cuanto a la doctrina y los principios, pero lleno de compasión por la fragilidad humana, cercano a los problemas reales de las familias. Incluso entonces estaba creciendo en nuestro país la presencia de los inmigrantes que pertenecían a distintas religiones. Y él miraba con el corazón de un padre, incluso a esas personas. Escribió así: "Algún obispo se ha asustado: hay cuatro mil musulmanes en Roma, ¿tienen el derecho a construir una mezquita? No hay nada que decir: hay que dejar que lo hagan". Comprensivo, disponible, abierto, pero también inamovible en cuanto al rigor doctrinal y la disciplina. Siempre reiteró sobre la incompatibilidad entre el cristianismo y el marxismo. Ha condenado los abusos de los que amenazaban con convertir el Concilio en un "arma para desobedecer, una excusa para legitimar todas las ‘extravagancias’ que pasan por la cabeza."
Si el papa Luciani hubiese tenido un pontificado largo, ¿qué cambios habría hecho en la Iglesia?
--Marco Roncalli: Durante los 33 días de su pontificado continuó actuando en la simplicidad más absoluta, como lo había hecho siempre. Cuando, inmediatamente después de la elección, los cardenales le preguntaron qué nombre quería usar como papa, escogió la de los dos papas que le precedieron, lo que indica, como consecuencia, que él quería la continuidad.
A la pregunta ritual contestó que quería llamarse Giampaolo I. Pero los cardenales le indicaron que el nombre Giampaolo era demasiado "familiar" para un papa, y por eso lo adaptó al solemne Juan Pablo I. En los diversos discursos de sus 33 días de pontificado, continuó refiriéndose a la esencia del mensaje del Evangelio, con énfasis en la pobreza y en el uso correcto de la propiedad. Él realmente había asimilado la Populorum Progressio de Pablo VI y sin duda habría ordenado un poco la cuestión de las riquezas del Vaticano, promoviendo una Iglesia más solidaria con los pobres y una mayor comunión y un mayor compartir desde el vértice.
¿Y qué más?
--Marco Roncalli: Fue el primer papa que pidió hablar con la multitud en la primera aparición desde el balcón de San Pedro. Se negó a la coronación, a la tiara, como Pablo VI, y a la silla gestatoria. Para hablar con espontaneidad, dejaba a un lado los textos oficiales, causando alarma en los entornos de la Curia romana y de la diplomacia. Para dar lecciones de humanidad, en las audiencias llamaba a los niños a hablar con él como lo hacía en Vittorio Veneto y en Venecia. Esos 33 días fueron suficientes para crear un cambio de clima impredecible en la Iglesia, indicando en palabras y hechos, la belleza del cristianismo. Si hubiera tenido un largo pontificado, sin duda que hubiera dejado un signo fuerte e inconfundible.
¿Cuál es su opinión sobre todo lo dicho de la muerte del papa Juan Pablo I?
--Marco Roncalli: De los documentos que he examinado, estoy seguro de que la muerte se produjo por causas naturales. Estoy seguro al ciento por ciento
* Renzo Allegri es un periodista italiano, escritor y crítico de música. Estudió periodismo en la Escuela Superior de Ciencias Sociales de la Universidad Católica. Ha publicado 53 libros hasta el momento, todos de éxito. Algunos de los cuales han sido publicados en francés, alemán, italiano, japonés, español, portugués, rumano, eslovaco, polaco, chino y ruso. Entre estos, fue un éxito extraordinario el título "El Papa de Fátima", de la editorial Mondadori.