VERANO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



30 de enero de 2013

Veinticinco años casados, ¿y ahora qué?



Francisco-M. González*
Amada y Gaspar, nacidos en Santa Cruz de Tenerife, en la actualidad, ambos farmacéuticos en Tegueste y padres de dos hijos de veinte y veintitrés años, los dos estudiantes de Farmacia. El pasado día 9 de este mes, celebraron sus Bodas de Plata", algo, que en la actualidad,  empieza a ser noticia. A ver como lo consiguieron.
"Nos conocimos por mediación de una amiga común, fue un noviazgo de once meses, breve pero suficiente para conocernos y dar el paso que nos ha llevado a estos veinticinco años juntos. Nos casamos para compartir nuestras vidas y formar una familia, tal como habían hecho nuestros padres
- Para hacer compatible nuestra vida profesional con la educación de nuestros hijos: desde. que nació Carlos, que hace unos días cumplió veintitrés años, nos lo llevamos a la farmacia (con cinco o seis días) y allí teníamos una cuna en la rebotica y luego un parque que improvisamos para poder trabajar, porque en aquel entonces hacíamos muchas guardias, luego llegó Ana María y fue por el estilo. También hemos contado con la valiosa ayuda del personal de la farmacia.
- Nuestros buenos recuerdos de estos veinticinco años, en realidad son muchos, el nacimiento de nuestros hijos, criarlos y compartirlos con nuestras familias. Malos recuerdos no tenemos, salvo los pequeños sustos con los niños al principio, tal vez, por falta de experiencia: las normales caídas, alguna operación, enfermedades propias de la infancia, etc
- ¿Crisis? Se suele oír que aparecen crisis matrimoniales cuando nacen los hijos porque se les tiene que dedicar mucho tiempo o que hay crisis cuando se llevan ciertos años casados;  como en cualquier convivencia, o matrimonio, puede haber sus momentos de "altibajos", que siempre se pueden solucionar, con respeto, diálogo y comprensión. Pero, gracias a Dios, nunca ha habido dudas para seguir juntos.         
- Para mantener nuestro amor joven, fresco, junto con la buena complementariedad que hemos logrado,  no se trata de hacer grandes cosas,  nosotros hemos procurado que nuestro matrimonio persevere gracias al amor, la fidelidad, la sinceridad y el respeto mutuo.
-  A las parejas de novios, les animaríamos a que aprovechen el tiempo del noviazgo, para conocerse mejor, a ser muy sinceros  y estar más enamorados. Si dudan, deben pedir ayuda y orientación a personas bien formadas y con experiencia. Y en definitiva, que el matrimonio, si se unen las fuerzas y las ilusiones,  se irá consiguiendo la felicidad.
- Han pasado veinticinco años sin apenas enterarnos, ¿y ahora qué?  Pues continuar superando etapas nuevas, ahora con nuestros hijos ya mayores, con sus estudios, sus relaciones personales;  y en el ámbito personal y profesional, intentando mejorar continuamente."
PUBLICADO EN EL PERIÓDICO "EL DÍA"

29 de enero de 2013

Los padres están hartos: se querellarán contra los jueces



Patricia Matey 
 El niño espía, el niño colchón, el niño confidente, el niño mensajero, el niño hipermaduro… Los niños son y deberían ser solo niños, pero la preocupante realidad es que aumentan de día en día los menores que están perdiendo su infancia y su felicidad en manos de sus propios padres, que les obligan a desempeñar un papel impropio de su edad. Son los hijos de parejas adultas que se separan o se divorcian y que los utilizan como arma arrojadiza contra el ‘ex’.

Son menores y adolescentes de los que hemos oído hablar pero a los que no se les brindamos su justa protección. Las consecuencias de ello son la pérdida total de la relación con uno de sus progenitores y su familia extensa y el impacto negativo en su desarrollo psico-evolutivo. Muchos fracasan en el colegio, tienen una mala percepción de sí mismos, se autolesionan o padecen sentimientos de abandono, rechazo, frustración y rencor. Y cuando se convierten en adultos pueden sufrir graves secuelas como depresión, trastornos de personalidad, además de tener más posibilidades de convertirse ellos también en mayores maltratadores.
Como recuerda Lucía del Prado, presidenta de la Fundación Filia, creada hace año y medio con el fin de desarrollar iniciativas de apoyo y amparo al menor, “no estamos hablando de simple imprudencia, sino de verdadero maltrato psicológico, intencionado y dirigido hacia el otro miembro de la pareja mediante (como medio, arma o herramienta) el menor. Este abuso puede surgir por ignorancia, inconsciencia, error o desinformación de lo que se está haciendo. Por eso muchas veces se escucha la frase ‘es que todo el mundo habla en algún momento mal del padre o de la madre’. O lo hacen con plena consciencia, usando a los hijos por rencor o venganza hacia el otro. No es lo mismo”.
El fin último de este golpeo diario “es separar a los descendiente de uno de sus progenitores y esto se está consiguiendo bajo el amparo de la administración judicial, porque cuando un afectado recurre a la justicia en busca de ayuda se encuentra con que pueden pasar años hasta que se ejecute una sentencia. Y aún sienten mayor impotencia cuando, ya dictada, ésta no se cumple, no se ejecuta y no se padece consecuencia alguna por ello”, agrega.
Y suele pasar tanto tiempo que algunos de estos largos procesos “enlazan finalmente con la mayoría de edad de los menores afectados, cuya consecuencia final es dar por concluida la intervención y la protección legal que necesita el menor”, apostilla.
Por esa causa, un grupo de padres y madres de toda España, que han sido rechazados por sus propios hijos, alentados y manipulados por sus ex parejas y que se han cansado de que este maltrato se ejerza con total impunidad, han decidido unirse y presentar una querella. Proceder contra titulares y auxiliares de la Administración judicial.
“Ese es el sentido en el que se pronuncia la Fundación FILIA y así asesora a sus beneficiarios cuando se dan motivos claros y razonables para acudir a los tribunales”, insiste su presidenta.
Preservar la felicidad de los niños debe ser lo más importante
Francisco Serrano es ex juez de familia y colaborador del equipo jurídico de la Fundación; también es conocido por haber sido condenado a diez años de inhabilitación después de cambiar el régimen de visitas de un niño a favor de un padre para que fuera a una procesión. Serrano está contribuyendo ahora la tramitación de la querella por el caso dicho y defiende que “en materia de familia no se puede confiar en absoluto en la Justicia, porque parte de planteamientos ideológicos y políticos”. Cree, además, que “lo primero que hay que proteger es la felicidad de los niños, que tengan un padre, una madre y familias paterna y materna. Esa es la cuestión principal, sin perjuicio de que haya excepciones”.
Los datos que se barajan hablan de que en los 150 000 procesos de divorcio que se producen anualmente en España un 30% son de tipo contencioso y afectan a 30.000 menores. “El problema es que en estos procesos el verdadero desamparado es el niño y la realidad es que desconocemos cuántos de ellos están siendo víctimas del maltrato psicológico por parte de su madre o de su padre”, aclara la presidenta de la Fundación FILIA.
Y esta tendencia va a peor. “Los casos se han triplicado en los últimos cinco o seis años”, aclara Blanca Lázaro, psicóloga y coordinadora del equipo multidisciplinar que atiende a las familias afectadas. “Llevo 15 años en los equipos de familia de los servicios sociales y en las memorias de hace una década ni si quiera se hacía referencia al maltrato psicológico de los niños. Ahora, está entre los dos primeros puntos de atención urgente. La realidad es que nuestro teléfono de ayuda ha pasado de atender 2.000 casos en junio, a 5.000 en estas fechas”, agrega.
De la misma opinión se muestra Francisco Fernández Cabanillas, presidente de la Asociación Nacional de Afectados por el Síndrome de Alineación Parental, que reconoce un repunte de los casos y critica: “En España se nos ha olvidado que pueden pasar años sin mantener contacto alguno con tu descendiente. Y lo peor, estamos aprendiendo que el primero de los dos cónyuges que ‘coma el coco’ al niño lo tiene todo ganado”.
La traducción de todo esto es clara: “Hay madres o padres, pero también abuelos o tíos que, aunque exista una sentencia que establece un régimen de visitas, no pueden ver a los niños. Y cuando lo denuncian, pasa el tiempo y no se hace nada. Algunos de ellos llevan luchando tanto que han perdido la esperanza y las fuerzas y deciden tirar la toalla, creen que algún día su hijo sabrá lo ocurrido. Desgraciadamente también tenemos padres que han pensado en suicidarse”, destaca Lucía del Prado.




24 de enero de 2013

Y PARA SABER MANDAR HAY QUE SABER OBEDECER.


Carlos Pajuelo
Enseñar a obedecer es complejo porque nuestros hijos tienen su personalidad, su forma de ser y cuando uno está forjando su personalidad tiene mucha curiosidad por saber cuáles son sus límites y una buena forma de establecerlos es desafiando, echando pulsos, una manera de decir aquí estoy yo.
Enseñar a obedecer es complejo porque vivimos en una sociedad hedonista, una sociedad que prima “el estar bien” y creemos que estar bien es no tener problemas. Nuestros hijos son desobedientes porque han aprendido, muchas veces con nuestra colaboración, a no desarrollar la capacidad para tolerar aquello que les resulta incómodo de hacer. Pero para eso estamos los padres para educar. Y cuando se educa hay que enseñar a obedecer, eso es irrenunciable. Y hay que hacerlo porque obedecer es un comportamiento que nos enseña de manera progresiva a escuchar a los demás, a entender a los demás, a tener en cuenta a los demás, a ser menos egocéntricos, en fin, obedecer es una conducta que nos facilita la integración social.
Enseñando desde que son bien pequeñitos a ser obedientes podrán, conforme van creciendo, desarrollar sus propias convicciones, sus propias opiniones, asumiendo valores que les guiarán su rumbo en esta sociedad. Y no hay mejor rebeldía que aquella que nace de la defensa de esas convicciones, creencias y valores.
Enseñar a obedecer no es enseñar a que los niños respondan rápidamente a aquello que les solicitamos, enseñar a obedecer es hacerles ver que el mundo en el que vivimos está regulado por normas y que el incumplimiento de esas normas conlleva consecuencias. Para poder obedecer hace falta por lo tanto que haya normas establecidas, claras, razonables y adecuadas a las diferentes edades. Y también hace falta que nuestros hijos sepan de antemano cuales son las consecuencias de cumplir las normas o de incumplirlas. Y que tenga la certeza de que siempre que se incumplan las normas va a tener que afrontar las consecuencias.
En estos tiempos de la rapidez, de la inmediatez, en los que podemos llegar en horas a cualquier parte del mundo, compartir información nada más generarse la noticia, hacer la compra desde casa en un instante, estamos contagiados por las prisas cuando educamos por eso es normal que queramos que nuestros hijos obedezcan a la primera.
Cada vez que les decimos a nuestros hijos para que obedezcan eso de “¡Niño! a la una; ¡niño! a las dos, ¡ea! a laaaaaas tres”, les estamos ofreciendo la oportunidad de obedecer en tres segundos pero también la de desobedecer desde el número tres hasta el infinito. El calendario que se utiliza para educar es de años de 365 días, días de 24 horas y horas de 60 minutos. Aprovechemos todo este tiempo que tenemos para educar.
Ánimo y a seguir con la tarea, y no lo olvidéis, para que los hijos obedezcan hay que saber dar órdenes y los padres que saben dar órdenes son los que saben lo complejo que es aprender a obedecer.

14 de enero 2013.

23 de enero de 2013

ENSEÑAR A OBEDECER APRENDIENDO A DAR ÓRDENES



Carlos Pajuelo
Allí me quedé yo, esperando obedientemente a que la lucecita verde me dijera que podía seguir, pensando en lo complicado que es para algunos niños y adolescentes ser obedientes, pensando en lo complicado que es para los padres enseñar a ser obedientes. La obediencia, al igual que otros muchos aprendizajes necesarios para la vida, requiere su tiempo.
Es una realidad que una de las situaciones que más conflictos genera en el ámbito familiar y que a los padres nos causa más malestar, ejerciendo la tarea de ser padres, es la desobediencia de nuestros hijos. Nos asusta que se ponga en tela de juicio nuestra competencia como padres, nuestra autoridad.
No existen las varitas mágicas en educación, ni recetas infalibles (por eso en mi blog el apartado recetas está vacío). Todos los padres que estamos preocupados por el tema de la desobediencia de los hijos hemos leído libros y artículos donde nos dicen qué hacer para educar a niños obedientes. Pero, al final, todos terminamos diciendo eso de a la una, a las dos y a laaaaaaaas tres.
Enseñar a obedecer y aprender a obedecer no es tarea sencilla, tiene su enjundia y no porque requiera de complejos conocimientos ni de complicadas técnicas. De hecho algunos hijos lo aprenden rápidamente pero otros no. Fijaos que la propia definición de obedecer dice “cumplir la voluntad de quién manda” por lo tanto el hijo que obedece debe de someter su voluntad ante sus padres y este cumplimiento puede ser o bien por convicción, porque creemos que eso que se pide es justo, razonable, beneficioso socialmente, etc., o puede ser por temor, temor a un castigo, temor a perder afectos, temor a ser excluido, etc. 
La obediencia está muy ligada al concepto que los padres tenemos de autoridad, pero no es verdad que la autoridad de los padres se mida únicamente por la rapidez con la que los hijos obedecen. La autoridad de los padres se mide fundamentalmente por la firmeza de nuestras convicciones a la hora de educar, por la seguridad que nos da saber el rumbo hacia dónde vamos. Para saber ejercer la autoridad eficazmente hay que saber mandar.


Continuará