OTOÑO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



26 de febrero de 2013

AMOR Y COMUNICACIÓN ( I )

 


Dr. Iván López Casanova

En una declaración reciente —rotunda, contundente— el conocido psiquiatra español Enrique Rojas, afirma: «la primera epidemia mundial que existe en la actualidad no son las drogas, ni el sida, ni las depresiones, ni el estrés, sino las rupturas conyugales». Bajo esas líneas subyace la tragedia de muchos niños atendidos en su consulta con problemas graves de madurez, debidos a la falta del ambiente de solidez familiar necesario para alcanzar la plena maduración de su personalidad. También, la frecuencia de pacientes que han vivido el  hondo dolor, que termina somatizando en enfermedad, debido al proceso de la ruptura de aquello que fue su proyecto de vida fundamental, y que al quebrarse ha dejado una cicatriz muy profunda.

Ante la magnitud de lo que se podría denominar con rigor como auténtica plaga, parece importante pararse a pensar sobre el amor, para estar así más fuertes ante la posibilidad de que, una vez que se haya construido un amor maduro, nos pudiera ocurrir lo referido en el párrafo anterior. Ahora bien, sin que esta reflexión lleve a realizar un juicio moral sobre ninguna persona. ¿Qué cuestiones se podrían señalar como causas que contribuyen a constituir esta sociedad del desamor en la que se favorecen las rupturas familiares? 
En mi opinión, habría que analizar tres cuestiones importantes, y a ellas les dedicaremos diferentes sesiones. En primer lugar, me parece que existe en muchas personas una comprensión pobre del amor, y este será el tema que se aborde en este estudio. Más adelante, habrá que exponer las deficiencias en torno a la comunicación interpersonal, pues el amor se nutre de una comunicación sincera. Por último, el amor varón-mujer, tiene mucho que ver con el tema de la corporalidad, de cómo se entienda ésta, y a esta cuestión también habrá que dedicar la atención debida, en una última sesión de este ciclo sobre Amor y comunicación.
UNA COMPRESIÓN POBRE DEL AMOR

El objetivo, por tanto, será el de profundizar en aspectos conocidos en relación con el amor, pero quizás de manera poco profunda. Atiéndase bien a que no se trata de que no se conozcan estas cuestiones, sino a que se comprendan de un modo superficial. Si se llega al matrimonio con un concepto pobre del amor, se puede sentir pronto una cierta decepción, y tras ella, llegar a una relación en la que aparece el desencanto. Con el paso del tiempo, el desaliento ante esta situación contribuirá a deteriorarla, y puede dar con el fin de una relación en la que se daban todas las posibilidades para haber sido un matrimonio firme y feliz.

Para alcanzar el objetivo propuesto, trataremos de abordar las tres cuestiones que según la opinión de muchos autores, se encuentran más amenazadas por la superficialidad en la que se mueve el pensamiento dominante en una sociedad light, en la que domina un fuerte relativismo.

*Cirujano y filósofo
(Contunuará)

12 de febrero de 2013

¿El Carnaval, para salir de uno mismo?



Francisco-M. González*

Vivimos en un Estado tan democrático,  que se mete en todo... hasta en la cama; que a la mayoría de los ciudadanos trata de amagarnos la vida. Y sin embargo, se olvida de algo tan esencial para la  vida como el "sano deber de divertirse y pasarlo lo mejor que se pueda" (digo deber y no derecho) Cuántos problemas se solucionarían en un parlamento, en un ayuntamiento,  en una empresa, en la oficina o con la familia, si de vez en cuanto, nos distanciásemos de todo aquello que nos preocupa, agobia o irrita y nos fuéramos a nadar, al monte o a bailar. "El baile tiene un excelente valor psicohigiénico",  decía  el psiquiatra y sacerdote, ya fallecido, Joan Baptista Torelló, aunque habría cosas que puntualizar. Lo esencial es que, en ocasiones, hay que desconectarse y desconectar la televisión.

Diversión, di-vertirse, suena a verterse o volcarse, salir en cierta manera de uno mismo. Si uno sale y se pierde, está perdido, pero si sale bien pertrechado o emparejado, con dominio de la situación, conseguirá un encuentro más gozoso consigo mismo. Sobre todo si uno se pierde con su mujer, con los hijos pequeños –los mayores quieren ir por libre- ,o  con unos amigos  amigas. Porque la mejor diversión es reírse “con” y no “de”.

Estos días, con motivo de las fiesta del Carnaval, se nos presenta una oportunidad fenomenal para ello. En todo el Archipiélago –o comunidad autónoma- hay carnavales, en todas  islas, cada una con su estilo y con su encanto. Dicen que incluso hasta en Las Palmas, para no ser menos, quieren celebrar el  Carnaval. Pero es sabido y aceptado por todos, que para carnavales, “carnavales”, para disfrutar y divertirse: Santa Cruz de Tenerife. Por mucho que les pese a los de Cádiz y a mis nieta y nietos canariones.

No soy muy carnavalero, no  he salido a mi padre, que lo era. Pero admiro y aprecio muchísimo a todos aquellos que se ocupan y preocupan  porque le gente en Carnaval sea se lo pase bien. Intuyo y valoro las horas de ensayo que hay detrás de cualquier tipo de actuación, puesto que toda son de un gran nivel o calidad.

Se habla de la erotización del Carnaval santacrucero, del consumo masivo de droga, de altercados, peleas, y hasta del sida -porque se suele hablar de lo peor-  La mayoría motivados por gente que ni es de aquí. Para una chicharrera o un chachaarrero que se precie, el carnaval  es para disfrutar sin ofender a nadie, pasarlo bien  de manera sana, alegre y simpática: ¡Divertirse sin perderse!


Bajamar  2  febrero de  2010 

LOS SEÑORES DEL ANILLO



Pilar Guembe y Carlos Goñi
Últimamente van saliendo a la luz demasiados casos de corrupción política. Lo preocupante no es que se vean, sino que los haya, porque justamente los hay cuando no se ven. Es decir, que la corrupción en todas sus categorías, si es que en estos oscuros asuntos existen categorías, tiene que ver con la luz.
Y tiene que ver con un anillo. Ese del que nos habla Tolkien y también Platón. Este último nos cuenta en su diálogo República el mito de Giges, un pastor lidio que encontró una sortija de oro que tenía la propiedad de hacer invisible a quien la portara. “Convencido ya de su poder –nos dice Platón–, al punto procuró que le incluyeran entre los enviados que habrían de informar al rey, y una vez allí sedujo a la reina y se valió de la sortija para matar al rey y apoderarse del reino”.
Glaucón, uno de los participantes en el coloquio platónico, está convencido de que el poder de esa sortija quebraría las convicciones de la persona más honrada e íntegra. La invisibilidad que otorgaría el anillo nos convertiría en nuestros únicos jueces –pues nadie vería nuestras acciones–, seríamos superhombres y estaríamos más allá del bien y del mal; nos haría aprovecharnos de las circunstancias, seríamos corruptos por necesidad y todas nuestras convicciones, nuestra honradez y nuestra buena fe, se vendrían abajo como una torre de naipes por una ráfaga de viento.
Sócrates, el interlocutor de Glaucón, tiene una ardua tarea por delante: convencerle de que existen personas íntegras que prefieren sufrir la injusticia antes que causarla, que, aunque fueran invisibles para el exterior, cuentan con un ojo interior que todo lo ve, su conciencia.
Porque para una conciencia bien formada todo es trasparente, no hay engaño o disimulo que valga, su vista puede incluso atravesar el plomo –algo que no podía hacer todo un Superman–. Tanto ve lo que hacemos a la luz como lo que hacemos a oscuras, tanto oye lo que se grita como lo que se susurra, tanto percibe lo que se enseña como lo que se esconde. No hay anillo que la engañe, aunque tenga el poder de los poderes, el poder de la invisibilidad.
Para que nuestros hijos lleguen a ser honestos –único antídoto contra la corrupción activa o pasiva– sólo tenemos que hacer que sean señores del anillo, dueños de sus actos, amos de sus decisiones. ¡Casi nada! Sí, pero en ello nos jugamos casi todo.
Si les enseñamos a portarse bien solo cuando hay invitados, a disimular, a engañar, a intentar quedar bien por encima de todo; si no damos importancia a las pequeñas mentirijillas, a los inocentes hurtos, a haber copiado en un examen; si solo valoramos lo tangible, los resultados, lo que hacen y no lo que piensan o sienten; si despreciamos a los que llegan segundos, a quien tiene menos, al que no ha conseguido triunfar, etc., etc. será muy difícil que nuestros hijos sean señores del anillo.
Sólo llenándoles de valores –honradez, veracidad, generosidad, justicia, respeto…–, tendrán luz interior suficiente para vivir de forma trasparente. Ese señorío les posibilitará ser felices tanto en días claros como en noches oscuras, les permitirá obrar bien tanto a plena luz como en el rincón más recóndito, les hará siempre visibles aunque sean invisibles, porque ellos serán los señores del anillo.
FAMILIA ACTUAL  (ACEPRENSA)

5 de febrero de 2013

Una melodía de veinticinco años



Francisco-M. González
Concha Blasco y José Mª del Castillo (Pepo), procuradora de los tribunales,  musicólogo y compositor,  han nacido en Madrid, pero después de veinte años viviendo en Tenerife y tres hijos tinerfeños, se consideran santacruceros de corazón. El día 9 del pasado mes de enero, celebraron las Bodas de Plata de su matrimonio, del que han nacido seis hijos: José Mª (24), Carmen, (22), Conchetta (20), Elena (18), Norberto (13), y Pilar (12) Dicen los grandes maestros de la música, que "la melodía" es lo más difícil de componer. A ver como la crearon Concha y Pepo: 
"Nos conocimos dando yo un concierto. Estaba interpretando, como tenor,  una lied alemana,  eché una  mirada al público y, junto a una pareja de amigos,  vi a una niña que me deslumbró, he hizo que me perdiera por unos instantes en la partitura. Unos instantes, en que me salió del alma ¡esa es mi futura mujer! Al terminar el concierto, nos fuimos a cenar  con ella y mis amigos; durante las cuatro horas, que estuvimos en el restaurante, mis amigos dejaron de existir para mí, porque  me embelese charlando con Concha; fue apasionante, como si el uno estuviera esperando por el otro para encontrarnos y darnos a conocer. Cuando nos fuimos,  le pedí el teléfono". Al día siguiente, recuerda Pepo: "la melodía que iba buscando"; y Concha: "Yo me quiero morir contigo". Y  desde entonces no dejamos de vernos ningún día, durante ocho meses, hasta decidimos casarnos; durante este tiempo nos daba la sensación de habernos conocido toda la vida, coincidimos en tanta cosas.
"Nos casamos para querernos y crear una familiar; que en lenguaje musical, 'encuentro la melodía, quiero elaborar la obra de mi vida' -comenta Pepo-, 'componer con nuestra vidas una bella sinfonía' -añade Concha, que también ama a la música, y toca la guitarra que es una maravilla-. Siempre ha sido una temeridad y un riesgo tener muchos hijos, pensamos que es para valientes, supone cierto esfuerzo, sacrificio y privase de tantas cosas; en nuestro caso no son tantos, además nos gustan los niños y  no vienen todos juntos. Hacemos compatible nuestro trabajo profesional con la educación de nuestros hijos, haciéndolo todo a dúo. Cierto que para ello hay que organizarse, ensayar mucho, para lograr afinar". Contrariedades hemos tenido como todo matrimonio: la torpezas de los comienzos,  los pequeños sustos con los niños, las enfermedades infantiles y los mayores ... (en nuestro caso, 'nueve quirófanos');  en la riada de marzo de 2003, que vivíamos en Güímar, se nos cayó la casa y perdimos todo lo que teníamos, tuvimos que empezar de nuevo, y desde entonces en la vida nos empezó a ir mejor. Estos contratipos no nos han dejado malos recuerdos, por el haberlos superado entre los dos, con la ayuda de Dios y de tantos amigos, ha contribuido a nuestra mejora personal y a fortalecer nuestro matrimonio. El mejor recuerdo,  el años pasado que realizamos:   'Nuestro viaje de novios a Viena', y que teníamos proyectado desde que no cansamos.
 "Tentaciones he tenido muchas -dice Pepo-, pero de separarme, divorciarme o mandarme a mudar. ¡Nunca!" Cocha añade:  "Puede parecer cursi, pero yo no concibo mi vida sin Pepo". "Pensamos que no hemos tenido ningún tipo de conflicto conyugal, tampoco hubo tiempo para ello; tal vez,  algún mal entendido o discrepancia en algún tema, que siempre hemos tratado  de aclara o llegan a un acuerdo, sin dejar pasar el tiempo. Desde un principio nos hemos propuesto irnos felices a la cama".
"Cierto, ha pasado veinticinco años, ¿Ahora qué?...¡Ahora más! Pensamos que queda lo mejor para completar la sinfonía de nuestra vida. Todavía nos queda bastante por ensayar y afinar"
Ahora comprendo, como han  logrado mantener  ese auténtico  amor joven y fresco,  junto con esa complementariedad que se palpa en  esa mutua complicidad y mirada apasionada de su época de novios. Muchas gracias por vuestra sincera y sencilla amabilidad y la tarde tan entrañable que me habéis hecho pasar

Bajamar 28 enero de 2013