VERANO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



30 de septiembre de 2013

EL DERBI PARA EL MEJOR
















Cristian Serrano
Un Madrid sin identidad ni criterio cayó ante el Atleti en liga 14 años después con gol de Diego Costa, la extensión de Simeone en el terreno de juego. Atrevido, jugando todo lo posible desde el suelo, obligó a Ancelotti a reinventar el equipo tras el descanso. Sin beneficio alguno. Nadie duda que el mejor de los blancos fue Morata, y sólo jugó trece minutos.
Después de mucho tiempo en que la sociedad futbolera debate si el Atlético estará a la altura de Madrid y Barcelona, ayer los rojiblancos añadieron un ingrediente al cocido, que puede propiciar el final del bipartidismo imperante en la liga española: el aspecto físico.
Normalmente, todos los equipos que se enfrentan al Madrid y al Barça dependen, además del fallo del rival, de su propio físico. Suele llegar el minuto 60 y de no haber cumplido, el resto de equipos ya se teme lo peor. Los del Cholo se permitieron el gusto de aguantar hasta el 80, esperaron el tsunami blanco en el que sólo participó Morata, que se encontró repetidamente con un excelente Courtois.
Ayer el Atlético mostró su versión mejorada después de la final de copa. Todo balón era una ocasión para crecer como equipo y lo materializó jugando y tocando desde la defensa hasta el ataque. Pasando todo por Koke, que hizo del Bernabéu un escaparate en el que mostrar al mundo entero su clase y maestría. Intenso, preciso y casi perfecto en la definición, el Atlético hizo de su séptima victoria consecutiva en liga, una fiesta en honor al fútbol. Diego Costa pasó de acosador a víctima. Nadie pudo con él y, con su gol, dio muestras de estar viviendo el mejor momento de su carrera.
El estadio de don Santiago fue testigo de un Madrid que lleva un tiempo en crisis existencial. El nuevo Madrid de Ancelotti ha ofrecido pinceladas en algunos minutos durante esta temporada. Pero ayer, ni eso. Vivió a merced de las migajas que el Atleti le dejaba en forma de contraataque.
Cristiano defendió a su jefe y pidió unidad. Unidad tan necesaria fuera como dentro del campo, donde cada uno libraba sus batallas sin contar con el compañero. Por si fuera poco, el Bernabéu sigue sin llenarse: ayer ni Bale ni el Atlético fueron motivo suficiente para llenar el campo.
Paso atrás del Madrid cuyo mejor amigo hoy es el tiempo: estamos en septiembre. Los blancos se bañarán en goles ante el Copenhague para olvidar sus males ligueros. El Atlético apunta al Oporto con ojos de líder de grupo. ¡Que el ritmo no pare!

PÁGINAS DIGITALES 30.09,13

HIMNO DEL ATLÉTICO DE MADRID

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29 de septiembre de 2013

EL CURIOSO TANDEM Y LA SOÑADA RUPTURA (EL PAPA FRANCISCO EN LA REPPUBLICA)



















José Luis Restán.
La carta de Francisco al fundador del diario La Repubblica, convertida en artículo de portada que ha dado la vuelta al mundo, ha propiciado todo tipo de comentarios. Pero uno que no se ha prodigado es que nunca habíamos escuchado tan claramente hablar a Francisco con palabras de Benedicto. El asunto es interesante por muchos motivos. Curiosamente, al tiempo que se verificaba un  gesto de explícita continuidad en el camino de la Iglesia, redoblan los esfuerzos de quienes se empeñan en dibujar la grotesca imagen de un pontificado de ruptura.               
No hablemos de impresiones sino de contenidos reales. En primer lugar recordemos que la idea de un atrio de los gentiles, en la que se inscribe con luz propia y contornos originales la respuesta de Francisco a Scalfari, fue lanzada en 2009 por Benedicto XVI durante su viaje a Praga, y que el propio Ratzinger había practicado el diálogo a campo abierto con notables intelectuales no creyentes como Habermas, Flores d’Arcais o Galli Della Logia. Pero es que además los temas principales de la misiva de Francisco son claramente ratzingerianos: el valor de la conciencia como camino para llevar una vida recta; la relación entre verdad, amor y libertad; el discernimiento crítico de la modernidad y la misteriosa relación entre judaísmo y cristianismo. El hecho de que Francisco utilice amplios extractos de la encíclica Lumen Fidei (que había provocado las preguntas de Scalfari) recalca y subraya la continuidad de la que venimos hablando. Esto son hechos, y no los delirios de Boff y compañía. 
El fundador de La Repubblica ha entonado el aleluya porque, según él, nunca un obispo de Roma se había atrevido a ir tan lejos. Lástima que hasta ahora no hubiera escuchado (a fin de cuentas el conocimiento no es sólo cuestión de inteligencia sino también de afecto) pero es una buena noticia que por fin a cierto mundo laico se le hayan caído las escamas de los ojos y los tapones de los oídos. Con todo esto no pretendo decir que Francisco se haya limitado a repetir lo que ya había dicho Benedicto, o que su propia figura y testimonio no hayan sido decisivos a la hora de que caiga una especie de Línea Maginot del laicismo europeo, que convertía muchos intentos en diálogo de sordos. Francisco tiene un carisma singular que es un verdadero don de Dios para este momento de la historia, y si una vez lo comparé con las trompetas de Jericó, no me importa añadir ahora que seguramente ha recibido un don especial de la Virgen Desatanudos, de la que siempre fue especialmente devoto.         
A mi juicio la iniciativa de Francisco puede hacer historia, pero no por lo que muchos pregonan estos días (o sea por su supuesto contenido revolucionario). El Papa que nos llama continuamente a salir a las periferias realiza gestos de gran impacto educativo, y este es uno de ellos. Para los católicos que vivimos en sociedades de antigua tradición cristiana es hora de entender que la fe no puede ser dada por supuesta, que debemos proponerla (siempre) en diálogo con las preguntas de nuestro tiempo, sean amables o incómodas y punzantes. Es hora de generar una nueva cultura de la fe que implica no repetirla como un presupuesto que sólo hace falta atornillar, sino proponerla como una inesperada novedad que se puede compartir acompañando a otros hombres y mujeres a lo largo de su camino de búsqueda existencial.

Se han cumplido seis meses de un pontificado que promete deparar muchas sorpresas. Y para mí no es la menor que un pastor venido “de casi el fin del mundo”, con su innata capacidad para comunicar cara a cara el contenido esencial de la fe, esté siendo capaz de liberar la espoleta de tantas cargas de profundidad preparadas por su predecesor. Quizás esta semana el anciano que reza en el convento Mater Ecclesiae haya sonreído plácidamente ante el humorismo que gasta el Espíritu.

PÁGINAS DIGITAL 17/9/2013


28 de septiembre de 2013

UN RECONSTITUYENTE PARA LOS ABUELOS












Francisco-M. González
Una de las mayores paradojas que caracterizan a nuestra sociedad postmoderna  y avanzada consiste  en la conquista de una considerable longevidad  y la deficiente calidad de vida para nuestros mayores. Sin embargo, está claro que más que vivir mucho importa cómo sea la vida que se posea. De hecho, como refleja la película “Los inmortales”, a veces las horas sin sentido pueden ser un gran lastre.
Indudablemente las expectativas de vida están alcanzando límites insospechados. En la mayoría de los países de occidente más de un 15 % de la población son mayores de setenta y cinco años Los gobiernos, conscientes de la necesidad de atender a este sector de la población -que, por otra parte es la que necesita más cuidados-, han ido creando residencias para la tercera edad para que nadie quede desatendido
No cabe duda que la atención  sanitaria para los ancianos ha mejorado y han aumentado los centros de asistencia para los mayores. Pero para una persona mayor todos estos medios, con una excelente eficacia técnica, funcional y aséptica no lo es todo. La persona anciana necesita  más que  una dieta adecuada, la medicación a su hora y los adecuados ejercicios de fisioterapia, necesita el calor y el cariño de los suyos.
A principios del verano visité a un amigo muy mayor, pero con una extraordinaria lucidez mental, en una residencia del Puerto de la Cruz, que más que un asilo parecía un hotel; además enseguida me di cuenta que estaba atendido por excelentes profesionales. Cuando se lo comenté,  me contestó, “es cierto, me tratan muy bien, pero hay algo que son incapaces de suplir, el cariño de mis hijos y nietos y el arraigo a mi casa”. Hace un días me avisaron de que había fallecido. Pienso, que tal vez, de tristeza,.
Salvo casos muy excepcionales, como una enfermedad degenerativa grave o un trastorno psiquiátrico complejo, -los médicos son los que debieran decidir- las personas mayores  no debieran abandonar el hogar. Aunque esto no es nada fácil, porque son muchos los factores que entran en juego, la disponibilidad en la familia y que ellos se quieran dejarse ayudar, entre otros. Pero aún así, sigo pensando que en la familia es el lugar más confortable, entrañable y adecuado para vivir  una vejez dichosa. Y, el ámbito más natural, humano e  íntimo para morir como persona, rodeado de sus seres queridos.
Para esto se necesita no solo disponibilidad, sino mucho corazón. Hoy que tanto se habla de amor, ayuda, comprensión, tolerancia...con todos y con todo, empecemos por los más cercanos, por nuestros padres, nuestros abuelos... y dediquemos tiempo a atenderles, escucharles, estar con ellos: ver un partido o un programa de T.V., jugar una partida, leerle el periódico, escuchar sus historias  aunque ya sean súper conocidas... Lo importante es que vean que se les escucha, que se le toma en serio. Aunque no siempre hagamos lo que desean, agradecerán que se les considere y que alguna vez, llevemos a la práctica alguna de sus sugerencias.
En medio de esta sociedad mercantilista, -de “usar” y “tirar”- hedonista  y egoísta, que nos ha tocado vivir,  los ancianos no han de ser considerados inútiles o una carga difícil de soportar, nos dieron mucho cuando se encontraban en plena pujanza; nos lo dan ahora en el ocaso de su vida, con su presencia venerable, con su sufrimiento silencioso, con su palabra y con su mirada acogedora. Pienso que, nadie puede recordar a sus  padres ya ancianos, sin conmoverse; y sentir, cuando nos han dejado, el dolor de su orfandad, aunque no dudemos de que estén en el cielo, siempre guardaremos  en el corazón  el recuerdo de su rostro, surcado por las arrugas de sus años, y su sonrisa cariñosa, que  nos sirven  de pequeños resplandores que iluminan el caminar de nuestras vidas.

BAJAMAR 28.09.13  

27 de septiembre de 2013

ATREVERSE A DECIR «QUIÉN SOY»















Francisco-M. González
A raíz de mi columna de hace un par de semanas, sobre la urgencia de recuperar el sentido del noviazgo, Desi, mi eficaz y encantadora fisioterapeuta, que además es lectora de lo que escribo, y  gracias a ella puedo escribir  me preguntaba,  por las actitudes que yo destacaría como más importantes para el tiempo de novios.
Sin apenas pensarlo, le dije: el respeto y  la sinceridad o transparencia.  creo que, si lo hubiera “pensado” con más calma, le hubiera dicho lo mismo. Si bien, tanto una como la otra virtud, por ser fundamentales para la confianza, como todo lo que se refiere a la verdad, se deben dar en todo tipo de relación con los demás. Pero, inconcreto, para el noviazgo son claves y tienen  una relevancia trascendental. 
El respeto mutuo -la consideración por el otro, la delicadeza y la  elegancia en el trato, además de la finura de corazón- es la más entrañable y evidente manifestación de amor  que podemos tener. Dice Amando Manzanero, «...somos novios, nos queremos con un amor limpio y puro». Hay que evitar la cosificación de la relación, la cosificación de la persona, de la mujer o del hombre con el que vamos a compartir el resto de nuestra vida. Esto tambien, debemos mantenerlo  y cuidarlo para siempre, en el matrimonio. Las forma groseras, bastas y sin pudor, no son realmente sinceridad o confianza; son brusquedad o desamor, son una falta de respeto que dañan  al otro y  causa de tantas disfunciones de pareja.
El amor en el noviazgo tambien debe ser una íntima, profunda y sincera conversación, para conocernos y darnos a conocer.  Difícilmente se puede amar a alguien si no se le conoce:  para amar a una persona hay que conocerla y saber quién es. Por ello, durante ese tiempo del noviazgo, es ineludible que abramos de verdad nuestro corazón,  para decir lo que queremos, lo que pensamos y como pensamos: desvelar cuáles son mis anhelos, mis preocupaciones y temores, mis esperanzas, ilusiones y alegrías, ¡todo! En definitiva, decir  «quién soy»,  porque si nos conocen de veras,, no podemos ser  comprendidos, valorados,  ayudados, y estamos poniendo un obstáculo grave para querernos, o amarnos  de verdad,  de manera plena.
Jonh Powell -experto en comunicación de pareja-, en su libro “¿Por qué temo decirte quién soy?”, reitera  que  «muchos conflictos  matrimoniales y en la propia persona, tienen su origen en una relación o comunicación afectiva esquizofrénica, en la que vamos ocultando la verdad de nuestro ser» y al acumular sentimientos no bien digeridos, que se transforman en resentimientos, vamos forjando una segunda personalidad. Si no  expresamos con franqueza los diversos desconciertos o enfados que podamos tener, se van “metabolizando”, creando cuerpos extraños y un clima de incomunicación. Un buen día en un momento de agobio, la podredumbre puede reventar y salir todo como de las heridas mal curadas sale el pus; y entonces la solución no es nada fácil
Insisto,  de novios y, también, de casados,  hay que hablar mucho, porque hay  mucho de qué hablar, y hacerlo con transparencia. Nunca se debe prejuzgar. Hay que superar la adolescente costumbre de juzgar las intenciones y la motivación del otro. Si no soy lo bastante maduro para descubrir la intención del otro, o lo bastante discreto  para abstenerme de saber la  motivación del otro, en cualquiera de los dos supuestos, sólo hay un camino: debo preguntárselo. Julián Marías definía el matrimonio, «como cincuenta o sesenta años de conversación»
¡Muy complicado!, me dice “Desi”, como hace cuando algo le sorprende. A lo que yo le  contesto: todo lo contrario, ¡es apasionante y vale la pena! porque cuando los novios  o los esposos se miran con delicadeza, sinceridad y trasparencia, es como si los ojos del otro, acariciaran o arrullaran nuestro corazón. El amor echará raíces consistentes, profundas y perennes, porque no hay secreto entre ellos, lo han compartido todo, con  la seguridad e ilusión de poder hacerlo durante toda una vida.
S/C. de Tenerife 25.09.13

26 de septiembre de 2013

TITULARES OBSESIVOS DE LA ENTREVISTA AL PAPA
















Ignacio Aréchaga
De la larga entrevista concedida por el Papa Francisco a Civiltà Cattolica llegará al gran público los extractos de prensa y, en muchos casos, poco más que los titulares. En tal caso, muchos lectores van a tener una visión bastante sesgada del contenido. Los titulares son libres, pero también resultan indicativos de las preocupaciones esenciales de cada medio, del mensaje que se quiere transmitir y lo que espera de la Iglesia.
Para algunos toda la entrevista se resume en una frase del Papa: “No podemos insistir solo en cuestiones ligadas al aborto, al matrimonio homosexual y al uso de métodos anticonceptivos. (…) Pero cuando se habla de ellas hay que hacerlo en un contexto”. Solo en esta y en otra pregunta hay referencias a los homosexuales y al aborto. Sin duda es una frase significativa, pero para los medios de prensa alérgicos a la doctrina de la Iglesia en estas cuestiones, esto es lo esencial de la entrevista, según se desprende de sus titulares.
El País espera que la Iglesia tire la toalla en estos temas y se apunte a los suyos: “El pontífice defiende el ascenso de la mujer en la Iglesia y que se deje de hacer batalla con el aborto, el matrimonio gay y los anticonceptivos”. Rendíos, por vuestro bien.
“No podemos insistir solo en el aborto y en los gays”, resume El Mundo, aunque sea un medio que habla de los gays hasta aburrir, venga o no a cuento, con orgullo siempre.
La Republica asegura que el Papa “pide afecto para los gays y las mujeres después del aborto”, sin que quede claro si el afecto incluye la rectificación o un respaldo a su conducta.
Y el New York Times sentencia: “El Papa dice que la Iglesia está obsesionada con gays, aborto y control de natalidad”. De donde se supone que uno está obsesionado con estos temas cuando se opone, porque si está a favor –como es el caso del NYT– entonces no se está obsesionado sino comprometido. Basta ver la prédica habitual del diario neoyorquino sobre el matrimonio gay.
La Iglesia, y el Papa en esta entrevista, habla también de otras muchas cosas. Habla de misericordia, de la fe, del pecado, del gobierno de la Iglesia, de la atención a los pobres, de la liturgia, de la evangelización, del sacerdocio… Pero estos temas les resbalan a estos medios porque no entran en sus fijaciones particulares. Por eso no suelen informar sobre ellos. La Iglesia solo es noticia cuando habla de algo relacionado con el sexo, y entonces hay que criticar esta “obsesión”.

EL SÓNAR (ACEPRENSA)

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25 de septiembre de 2013

JESÚS, LO DEMÁS ES CONSECUENCIA















José Luis Restán
En una vibrante discusión incluida en el Diario de un cura rural, de Bernanos, un ateo confiesa al sacerdote protagonista que sólo alcanza a concebir la Iglesia como una inmensa empresa de lavandería. Me ha venido ese texto a la memoria pensando sobre uno de los grandes titulares que ha dejado la reciente entrevista concedida por el papa Francisco a las revistas de la Compañía de Jesús: “Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla”.
La batalla de la que habla Francisco es, ciertamente, la batalla de la vida de cada hombre y mujer a lo largo de los siglos. Pero es también, aquí y ahora, la batalla que ha derribado al hombre y lo ha arrastrado por el polvo, una vez que éste ha llegado a la conclusión de que Dios, en caso de existir, sería el enemigo de su razón y de su felicidad. De ese trágico alejamiento de Dios ha derivado un campo de batalla que ha deja a las personas a merced de los poderes de este mundo, a merced de su instintividad, a merced de los ídolos. Quizás no hemos sabido verlo ni siquiera nosotros, los cristianos, y por eso a algunos les ha costado tanto éste y otros pasajes de la entrevista.
Como diría el gran poeta Charles Péguy éste no es un mundo de mal cristianismo (de cristianos incoherentes, para entendernos) sino “un mundo no cristiano”. Y por eso tiene razón Francisco cuando dice que “hay que comenzar por lo más elemental… por curar las heridas y dar calor a los corazones”. La misión tiene que nacer del amor y de las lágrimas (de las que por cierto ha hablado ya varias veces el Papa), lo demás es pura esterilidad. También Jesús lloró sobre aquella Jerusalén autosuficiente y desdeñosa, sobre el extravío de los hombres y mujeres de su tiempo. Y como diría otra vez Péguy, no gastó su tiempo en recriminar al mundo, sino que “hizo el cristianismo”. Introdujo en la historia un Hecho completamente nuevo: la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios. Desde la primera generación apostólica, el demonio de la reducción ha intentado mutilar el acontecimiento cristiano reduciéndolo a discurso, a moral, a cultura, a rito, a sentimiento o a proyecto social. Cada época ha tenido su reducción preferida, pero no ha podido impedir que Jesús resucitado vuelva a acontecer.                
“Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad”, ha explicado Francisco. Antes de empezar con los “sí, pero”, pregunto: ¿no es eso, literalmente eso, lo que hizo Jesús? Hay un tremendo equívoco en identificar ser cristiano con “estar en orden”; los primeros que no estamos en orden somos nosotros (los que inmerecidamente llevamos ese nombre) y por eso estamos necesitados de volver a Él cada día, cada hora. “Al que poco se le perdona poco ama”, dice misteriosamente Jesús en el Evangelio. Quizás la falta de ardor (de amor) en nuestras comunidades, procede en buena parte de no ser conscientes de cuánto se nos tiene que perdonar todos los días.
Concluyo con un apunte sobre uno de los temas que más escozor han provocado, sin ánimo de agotar el asunto. Promover “la cultura de la vida” (feliz expresión del beato Juan Pablo II) no consiste en gritar más alto y más veces “¡no al aborto!”. Esto habrá que decirlo cuantas veces sea oportuno y necesario, con la mayor inteligencia y eficacia posible, y hasta con la astucia de aquel administrador injusto que alaba también el Evangelio. Habrá que buscar alianzas, argumentos, movilizaciones, portadas de periódicos… Pero todo será inútil si no somos capaces de mostrar al hombre y la mujer heridos por el escepticismo y la desconfianza, que la vida, siempre, es un gran bien. Y eso no lo lograremos con campañas o discursos, sino abrazando la vida de cada uno desde el punto cero, desde su realidad tal como es, desde sus llagas más tenebrosas. Como hizo Francisco con el leproso. Como hizo Jesús con la prostituta, el recaudador y el opresor romano. Sin esperar que estuvieran “a punto”.
Entre las muchas cosas que agradezco al Papa por esta entrevista, me quedo con su identificación con el san Mateo de Caravaggio: ¿a mí, de verdad que es a mí al que llamas? Verdaderamente, sin esa conciencia no se puede emprender ninguna misión. El cristianismo es Jesús que vive, que llama y cura a quien le sigue. Lo demás es consecuencia.   
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24 de septiembre de 2013

“PON TODO EN LAS MANOS DE DIOS”











Además de su gracia cuantiosa y eficaz, el Señor te ha dado la cabeza, las manos, las facultades intelectuales, para que hagas fructificar tus talentos. Dios quiere operar milagros constantes –resucitar muertos, dar oído a los sordos, vista a los ciegos, posibilidades de andar a los cojos...–, a través de tu actuación profesional santificada, convertida en holocausto grato a Dios y útil a las almas. (Forja, 984)
Tu barca -tus talentos, tus aspiraciones, tus logros- no vale para nada, a no ser que la dejes a disposición de Jesucristo, que permitas que El pueda entrar ahí con libertad, que no la conviertas en un ídolo. Tú solo, con tu barca, si prescindes del Maestro, sobrenaturalmente hablando, marchas derecho al naufragio. Únicamente si admites, si buscas, la presencia y el gobierno del Señor, estarás a salvo de las tempestades y de los reveses de la vida. Pon todo en las manos de Dios: que tus pensamientos, las buenas aventuras de tu imaginación, tus ambiciones humanas nobles, tus amores limpios, pasen por el corazón de Cristo. De otro modo, tarde o temprano, se irán a pique con tu egoísmo. (Amigos de Dios, 21)

© 2013, Oficina de información del Opus Dei en Internet

FALLECE EL ARQUITECTO DOMINICO FR. FRANCISCO COELLO DE PORTUGAL


Enviado por Juansebas Martínez de la Peña
El pasado viernes 16 de agosto fallecía en Madrid, a los 87 años de edad, fr. Francisco Coello de Portugal O.P., uno de los arquitectos católicos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Su funeral tenía lugar el pasado domingo en la iglesia conventual de Santo Domingo el Real en Madrid, la que fue su casa desde al año 1968.
«Fr. Coello no ha sido un artista para sí mismo sino un predicador del arte de Dios, lo que constituye la sustancia del “artista cristiano”: hacer obras y crear espacios que nos lleven a descubrir la belleza de la fe y a responder a la llamada de Dios en Jesucristo» estas palabras pronunciadas en el funeral por fr. Javier Carballo, Prior Provincial de los dominicos de la Provincia de España, probablemente sean las que mejor describen la trayectoria de fr. Francisco Coello de Portugal.
Fr. Francisco nació en Jaén en 1926. Empezó sus estudios de arquitectura en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona y los terminó en la de Madrid en 1953. En 1954 comienza a trabajar para la Oficina de Regiones Devastadas, en Córdoba; estando allí siente la vocación religiosa e ingresa en los Dominicos. Como él mismo decía, su ingreso en la Orden de Predicadores fue su “segundo nacimiento”.
Cuando en 1954 entra en el noviciado de los Dominicos en Palencia, es muy consciente de que esta decisión de hacerse dominico le supone abandonar su carrera de arquitecto, recién concluida en 1953. Fue una casualidad, una circunstancia en la que los creyentes vemos el dedo de Dios, la que llevó al joven dominico, estudiante de Filosofía en las Caldas de Besaya y después de Teología en Salamanca (donde obtuvo la licenciatura) a consagrarse de lleno a su vocación primera. En 1955, un año después de su ingreso en la Orden, el Provincial Padre Aniceto Fernández, le pide que se haga cargo del proyecto de un seminario menor y convento para los Dominicos en la Virgen del Camino, en León, en el que trabajará hasta 1961. Esta obra lo consagró como arquitecto, y sigue siendo algo emblemático en el conjunto de sus múltiples realizaciones. Una obra que renovaba por completo el panorama de arquitectura religiosa del momento, y que suscitó una polémica nacional, singularmente la fachada del santuario.
Se fusionaban así «su vocación arquitectónica y la religiosa en el servicio a la predicación, con la misión de construir obras de arte que hablen de Dios y espacios dignos en los que resuene la Palabra que anuncia la presencia de Dios entre nosotros», como recordaba fr. Javier Carballo, Prior Provincial de la Provincia de España, en la homilía del funeral.
Tras esta primera obra será ordenado sacerdote en la capilla del convento de León que él mismo construyó. Inmediatamente después comienza a ejercer su profesión de arquitecto. En 1964 abre un estudio de arquitectura en el convento de Sto. Domingo el Real (Madrid).
El P. Coello a lo largo de su larga vida realizó unos 300 proyectos. Su obra realizada tanto en tierras peninsulares como insulares, Asia África y América comprende santuarios, monasterios, iglesias, centros sociales, colegios mayores, centros parroquiales, capillas, oratorios e incluso una catedral (Taipei- Taiwán); sus creaciones fueron siempre exigentes y cuidadosas, haciendo de la arquitectura una actividad trascendente que desea llevar su eficacia y belleza al corazón de los hombres.
En estos últimos años de su vida llegaron los reconocimientos. En 1994 recibió la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes. En 2007 la Academia de Doctores le asignó la medalla nº 59, adscrita a la sección de Arquitectura y Bellas Artes, en la que entró con una lección sobre “las fachadas dominicanas de Castilla y León”, y los Colegios de Arquitectos del Noroeste de España le dieron en 2008 el Premio Arqano. En 2001 se publicaba un monográfico de su obra titulado Fray Coello de Portugal, dominico y arquitecto editada y publicada por la Fundación Antonio Camuñas y la Provincia de España de los frailes dominicos, que distribuye la Editorial San Esteban de Salamanca.
El P. Coello es considerado uno de los nombres más significativos de la arquitectura religiosa contemporánea en España, porque renovó la arquitectura religiosa tan profundamente significativa en todos los tiempos y en todas las culturas. Como afirmó fr. Javier Carballo en su homilía: «Se ha despedido como lo hacen los auténticos maestros de humanidad: ilusionado hasta la víspera, porque un hombre sin ilusiones es ya un hombre muerto».

www.dominicos.org

23 de septiembre de 2013

FOMENTAR LA AUTORIDAD EN LA EDUCACIÓN












Francisco-M. González
A nadie puede extrañar que hablemos de crisis de autoridad porque, en la actualidad constituye un tópico, una estereotípica cultura, y no por eso menos verdadero. Hablar de crisis de autoridad es algo que resulta tan obvio como hablar de mal que está el tráfico, una realidad, esta última, bien percibida y padecida por todos.
Soy consciente de que la palabra autoridad no tiene buena prensa. Sin embargo, pienso que la falta de autoridad es una de la causas –de las más importantes- de fracaso escolar, de determinadas disfunciones familiares  y muchos de los conflictos sociales.
Son muy pocos los que en la actualidad se atreven a ejercer la autoridad. Tal vez sea debido a la connotación negativa que se le ha dado y se le da; confundiéndola, la mayoría de las veces, con el autoritarismo o con la personalidad autoritaria. También porque no es nada fácil y bastante comprometido ejercerla, apoyarla y respetarla. Sin entrar en el ámbito político o social, donde también pienso que es necesaria; en la educación, tanto familiar como escolar, a mi modo de ver, es imposible educar sin autoridad, prestigio y libertad.
La palabra autoridad viene del latín “autóritas”, término que procede del verbo “augere” que se traduce como el que hace, el que obra, el que promociona, el que incrementa, el que auspicia, el que desarrolla, el que sabe. Esto lo saben muy bien la gente en los pueblos; hace años llegue yo a un pueblo del sur de la Isla y pregunté donde podría comprar un remo para una piragua y alguien me contestó: “Hable usted con don Macario, es una autoridad en todo tipo de remos”.
Ser autoridad en una determinada materia, significa que esa persona sabe mucho de ella, que tiene mucha experiencia personal, que ha trabajado con ella, que la ha estudiado, a veces a su manera, pero que la domina y la  práctica ¡es coherente con ella! Una madre, un padre o un profesor deben ser una autoridad en su condición de padre madre o profesor y además ejercerla.
No se trata de: “eso lo estudian porque lo digo yo, que soy el profesor”, “te pones el  chándal y te callas,  porque te lo dice tu madre” o “el domingo nos vamos todos al monte y nadie me discute, ni me llevan la contraria, de momento, soy vuestro padre”. No, ¡no! eso no es autoridad,  es autoritarismo o síntomas de una personalidad autoritaria. La autoridad, es otra cosa.  La autoridad de un padre, de una madre o de un profesor, es ir por delante,  exigirse a si mismo ciento veinticinco para poder exigir, a sus hijos o a sus alumnos, veinticinco; es tener serenidad para hablar, - hay que dar razones y saber argumentar- fortaleza para corregir, optimismo para persuadir y animar ... Muchas veces, basta con sugerir y dejarles en libertad para que ellos decidan y se responsabilicen con lo decidido. Sin libertad y responsabilidad tampoco es posible educar.
Hoy, que según dicen, todo está muy mal, conozco algunos padres y profesores con autoridad,  sin recurrir para nada a ningún tipo de acritud, coacción, o normativa legal, -ésta última es donde muchos quieren encontrar la autoridad, aunque  lo que buscan es el poder- . Y que son entrañables amigos de sus hijos y de sus alumnos, muy queridos y respetados. Con los que se pueden contar, dicen ellos.
La autoridad con los hijos, como con  los alumnos hay que ganarla en el día a día, con tesón con entusiasmo, con gracia  y hasta con salero. Esto es esencial en la educación familiar y escolar. Si una madre, un padre o un profesor han logrado que sus hijos o sus alumnos les valoren o les admiren –aunque les llevan la contraria y discutan con ellos a diario-  han conseguido sus objetivos, porque van a ser la causa ejemplar y motivo de su manera de actuar.  Aunque nunca nos lo digan, ¿para qué?, lo que importa es que algún día: ¡como decía mi madre,... ¡como decía mi padre...! como decía don Macario, mi viejo profesor...!  

Bajamar 23  de septiembre de 2013

20 de septiembre de 2013

POBRE PADRE DE FAMILIA





















Miguel Aranguren
Sin familias el mundo sería un erial. No es cuestión de dibujar una tragedia sin prólogo, un desastre sin aperitivo: reconozcamos, para tranquilidad de los teóricos, la posibilidad de que -de una manera u otra- sin familias también estaría garantizado el “cambio generacional” (qué feo suenan estos modos de hablar y escribir, producto de una universalización de la memez), por más que éste no significaría la pervivencia demográfica, casi al pairo a estas alturas de la película, en las que no hay niños que en el futuro ocupen nuestras casas, nuestros contados puestos de trabajo, nuestras cartillas, nuestras pólizas, nuestras declaraciones de la renta, nuestra fortuna o nuestra ruina, por más que los analistas y los políticos hagan sobre este asunto un peligrosísimo mutis). Los niños continuarían llegando al mundo, claro que sí, transportados por una cigüeña, un vientre o una probeta. 
En muchas entrevistas, no son pocos los personajes populares –esos con los que se identifica la gente porque salen en televisión- en edad de merecer que nos revelan el anhelo natural de tener un bebé a su lado, incluso si les falta solidez en sus relaciones afectivas, fenómeno extendido por nuestro mundo, en el que tantos niños se las ven y se las desean para crecer con paz en un paisaje hostil a causa de las ausencias, de la fastidiosa soledad.
Sin familias, no tengo dudas, el mundo viviría un apagón de sensatez, que es un positivo fenómeno que produce la estrecha convivencia entre muchos, el aprendizaje en comandita, la obligación de compartir y hasta de hacerse oír en un hogar en el que se escuchan muchas voces. Lo escribo por experiencia, la misma de muchos lectores: como ellos nací y crecí en una familia numerosa apremiada por las necesidades de la Crisis del petróleo; como muchos de ellos he formado junto a mi mujer una familia numerosa apremiada por las necesidades de esta Crisis, a la que aún no hemos bautizado con un nombre definitivo. Seguir leyendo en Teinteresa.es
Sin familias, ahora que hablamos de economía, no habría crecimiento, gasto, ahorro, inversiones…, porque faltaría estabilidad, cimiento de cualquier negocio, también del macronegocio de una nación, de un continente que no busca tanto la expansión de sus fronteras como el superávit en sus cuentas anuales. Y sin crecimiento económico, claro, la ruina. Y con ella el desencanto, el desorden, el vandalismo, la pelea, el caos.  
A pesar de lo expuesto (otra universalización de la memez léxica) no somos las familias la principal ocupación de los que mandan, por más que sea en el seno familiar donde suelen cocerse las preferencias políticas, la dirección de los votos. También el gusanillo empresarial: ese comercio que pasa de padres a hijos, esa pequeña empresa en la que se da empleo y sueldo a los cuñados o al sobrino que parece más despierto que una liebre.
Lo traigo a la palestra con motivo (horror, va la tercera…) del comienzo de otro curso escolar. Lo de siempre: una lista interminable de prendas de uniforme, libros y utillaje para confeccionar el regalito del día de los abuelos, que cae sobre la cartera de quienes hacemos cabeza y banca de este bendito invento. Sin ir más lejos, tengo extendido ante mí el tique de compra de dos libros para primero de la ESO, uno de Ciencias de la Naturaleza y otro de Ciencias Sociales (extraña manera de llamar a la Historia de toda la vida), en inglés para más señas. Tienen, entre ambos, el grosor de un dado de casino, pero me han costado cuarenta y siete euros del ala. Aún me quedan las prendas del uniforme, los demás libros y el utillaje para el regalito. 
El padre de familia se pregunta el porqué de semejante atraco amparado por el Ministerio de Educación al socaire del precio liberado para los libros de texto, libros de obligada compra. Y se pregunta, desgraciado padre de familia, con temor, cuál será nuestro destino.
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19 de septiembre de 2013

RELACIÓN PADRES Y PROFESORES
















Francisco-M. González
Una buena relación entre padres y profesores es lo que más puede contribuir al éxito escolar de los hijos. No se trata de que nos obsesionemos con el éxito de las notas de los hijos. Digo esto, porque a veces uno se encuentra por ahí a algún padre o madre o algún matrimonio que se empeñan en darte la tarde o la noche con el brillante currículo de sus encantadores chicos.
 Con los estudios de los hijos hay que tener paciencia, ser optimista y, a la vez,  muy realista. Conocer las posibilidades de los hijos y aceptar sus limitaciones, sin hacer “películas”, porque los niños y las niñas  -siempre digo que voy a utilizar el genérico niños, de otra manera lo de niños y niñas me parece “cansino y una cursilería”, como dice el profesor Amando de Miguel-, es decir los niños no son todo iguales. Y en este sentido, quien mejor nos puede ayudar es el tutor de nuestro hijo, o sus profesores, porque tienen experiencia, son profesionales y  más objetivos. 
Cada centro escolar, o cada profesor, tiene su estilo o sus normas propias ya experimentadas en lo que hace a la entrevista con los padres, que hay que respetar. A mí se me ocurren las siguientes ideas, que pueden servir a los padres, a  titulo de sugerencia.
No espere a que su hijo tenga dificultades con los estudios en clase o en el colegio.  Acuda a principio de curso, en los días que esté señalado para la visita de padres, para conocer al tutor de su hijo o al profesor que va seguir más de cerca su trayectoria escolar. E infórmese de en qué y cómo se le va a exigir al chico, y cómo puede colaborar con los profesores. Esta entrevista inicial es clave para el resto del curso. A partir de ese momento, no hace falta estar metido todo el día en el colegio, hay que tener un contacto fluido y constante con los profesores, pero no cargante. Basta con seguir la periodicidad señalada: una o dos visitas por trimestre, salvo un caso excepcional, es suficiente... Y mucho mejor y más fructífero sin van el padre y la madre.
Al profesor o al tutor de los hijos hay que tratarlo con respeto y consideración,  como nos gustarían que nos trataran a nosotros en nuestro ámbito profesional. Esto puede parecer obvio, pero no lo es.  Hay padres que antes de empezar ya abordan al tutor como al culpable del fracaso del hijo o como un enemigo. Un profesor lo que pretende  siempre es lo mejor para sus alumnos, por lo tanto hay que considerarlo como el mejor aliado. Con toda seguridad, tan interesado por el chico como sus padres. Hay que escucharlo con atención, poniendo interés en todo lo que dice y no contradecirle a  la primera. Intente ganar la confianza, la simpatía de los tutores y profesores de sus hijos, porque les deben y les pueden ayudar mucho.
Hay que demostrar interés real. Hágale saber que a diario está al tanto de las tareas o  de lo que tiene que estudiar su hijo; aunque las tareas son para que las hagan lo alumnos, no los padres. Pídale que le oriente o aconseje  cómo  pueden ayudar al chico en casa con respecto a la motivación, conducta, deberes, exámenes…
Ponga interés por todos los aspectos o detalles de su hijo en clase y en el colegio. Si tiene amigos, cómo se relaciona con los demás, si es tímido, extrovertido o alborotador en clase; por qué asignaturas se interesa más. Si se distrae, le falta de atención o interés en alguna materia; en estos casos suele ser eficaz  la colaboración del padre y el profesor, en este caso, le quedará agradecido. Hay que tener en cuenta que cuando los niños no están con sus padres, como por ejemplo en el colegio, experimentan cambios en su comportamiento que estos son incapaces de imaginar. Trate de ponerse de parte del profesor o tutor, aunque no comparta alguna de sus apreciaciones o puntos de vista, tómese tiempo para pensarlo. Muchos tutores mejoran su forma de actuar si ven que cuentan con el apoyo de los padres y una actitud positiva hacia su labor.
Hay que ser prudentes, pero no hay inconveniente en que los hijos conozcan el contenidos de las conversaciones con un profesor o el tutor. Después de la entrevista, hacer a los hijos las correcciones que se consideren oportunas, pocas pero firmes. Se debe animar y estimular al estudiante en sus aspectos positivos, que siempre los tiene. Y felicitar cariñosamente a los hijos por su esfuerzo y sus éxitos en los estudios o por todo aquello que de bueno digan sus profesores.
Tengo la experiencia de que el rendimiento y el comportamiento escolar de los alumnos mejora, cuando ven que hay una buena colaboración y entendimiento de sus padres con sus profesores. Incluso me atrevo a afirmar que, como consecuencia de esta cooperación, hasta mejoran los padres en su labor educativa y el profesor en su labor docente y en su ilusión por ayudar. 

Bajamar 18 de septiembre de 2013

17 de septiembre de 2013

TODOS SOMOS RESPONSABLES DE LA CULTURA DE LA VIDA




















Parece que por fin este trimestre se iniciará el debate público sobre la reforma de la “Ley del aborto”. Se genera así un ámbito de responsabilidad para todos los defensores de la vida obligados a hacer presente ante la sociedad española que somos muchos, una mayoría, los que nos sentidos concernidos en lograr que en España llegue a no haber ningún aborto, y en construir unas estructuras jurídicas y asistenciales capaces de amparar a toda mujer embarazada, a fin de garantizar su derecho a ser madre y el derecho de su hijo a nacer.
Como recuerda el presidente de Red Madre, no es suficiente para ser agente responsable en la defensa de la vida con limitarse a la denuncia verbal de lo que otros no hacen o dejan de hacer, sino que es necesario, además, una activa actuación personal para crear en el propio ambiente un espíritu de acogida positiva a la vida, una opinión favorable al derecho a la vida y una red de apoyo a quién lo necesite para no cometer errores irreparables. Los gobernantes tienen su responsabilidad y los legisladores la suya, pero todos por el hecho de vivir en esta época somos responsables de recrear a nuestro alrededor las condiciones que hagan posible la vigencia eficaz de una auténtica cultura de la vida.
El próximo debate en España sobre la legislación en materia de aborto apela a nuestra responsabilidad para construir en nuestra sociedad, por todos los medios a nuestro alcance, la cultura de la vida que defendemos.


16 de septiembre de 2013

CONSENTIMIENTO SEXUAL












Pilar Guembe y Carlos Goñi
Recibimos con agrado la noticia de que el Gobierno español elevará la edad mínima de consentimiento sexual de los 13 a los 16 años (ver). A partir de ahora, el adulto que tenga relaciones sexuales con un menor, aunque este dé su conformidad, será condenado a penas de entre dos y seis años de cárcel; si bien no se considerará delito aquellas relaciones sexuales consentidas entre menores con edad similar o con un grado parejo de madurez. De esta forma, España pierde el poco honroso título de ser el Estado de la Unión Europea con la edad de consentimiento sexual más baja, y eso es un indicador de que a las autoridades les preocupa la sexualidad de los adolescentes.
Sobre este tema, un profesor de anatomía y clínica veterinaria en la Universidad de Cambridge, David Bainbridge, divulgador científico de temas como el embarazo, el sexo y el cerebro, dice que la actitud de Occidente respecto al sexo ha pasado “del estreñimiento a la diarrea”. La metáfora no es agradable, pero lo que está pasando tampoco. La hipersexualización de la sociedad ha llegado a tales extremos que ha transformado la forma de vivir la adolescencia; por eso, cualquier medida, por elemental que parezca (como la propuesta por el Gobierno), tiene el valor de haber recuperado una sortija empeñada.
David Bainbridge, en su libro Adolescentes: una historia natural, escribe, siempre desde un punto de vista evolutivo: “La adolescencia humana es una constelación de eventos cuidadosamente sincronizados: la secuencia coordinada de cambios puberales, con frecuencia distintos según los sexos para que las chicas se desarrollen antes; el catálogo de un desarrollo cerebral efectuado por fases que lleva la mente hasta nuevos dominios de análisis, abstracción y creatividad; el remolino de cambios sociales que obliga a analizar de nuevo el yo, a alejarse de los padres y a vincularse a los amigos; la excitación de la experimentación romántica y sexual”.
El profesor de Cambridge continúa explicando que el rasgo básico de la adolescencia humana es que todos esos fenómenos, a diferencia de otras especies, tienen lugar simultáneamente y durante un periodo de tiempo considerable. En épocas recientes lo que ha cambiado mucho es el inicio más temprano de la pubertad, al tiempo que, por razones obvias, se insta a los adolescentes a evitar el embarazo. “En todo caso –continúa–, esa tensión entre la anticipación de la fertilidad y el retraso de la concepción no hace sino potenciar la dinámica única de la adolescencia”.
El mismo autor coincide con muchos expertos en que el inicio cada vez más precoz de la pubertad implica que los adolescentes alcanzan la madurez sexual cuando, mentalmente, son relativamente inmaduros. ¿A qué es debida esta precocidad? Bainbridge lo tiene claro: “Debemos ir más allá de la genética para explicar la sostenida disminución de la edad en que se inicia la pubertad”. Y pone un ejemplo extraído del ámbito veterinario, su campo de estudio: los ganaderos saben desde hace siglos que el inicio de la pubertad en los animales puede adelantarse modificando su entorno, a saber, a las hembras jóvenes se las puede estimular, de entre otras maneras, exponiéndolas a machos maduros. “Por tanto –concluye–, no debería constituir ninguna sorpresa que los cambios ambientales puedan suponer el adelanto, también en los seres humanos, del inicio de la pubertad”. Y no es de extrañar que los adolescentes modernos se estén desarrollando en “tiempos antinaturales” y en un “orden antinatural”.
Nos toca a los padres estar a su lado para ayudarles a acompasar ese doble crecimiento que lleva velocidades tan dispares, para que el “orden” y los “tiempos” sean lo más “naturales” posibles. Si el inicio es más temprano, hemos de empezar antes a hablar de sexualidad con nuestros hijos, y, si los vientos no son propicios, hemos de remar con mayor fuerza. Ya lo decían los romanos: “Si ventus non est, remiga”, “si no hay viento, hay que remar”.

FAMILIA ACTUAL (ACEPRENSA)

15 de septiembre de 2013

DESCANSAR NO TIENE POR QUÉ SER AGOTADOR















Carmen I. Montoro
Cuando las horas pasaban lentas como si sus suelas fueran de plomo, el constante sonido del canto de las cigarras acompasaba un silencio envuelto en grados que elevaban el rojo mercurio de los termómetros y los pequeños acontecimientos se festejaban con ilusión... Verano. Algunos de los momentos TOP de mis vacaciones eran tan simples que ni siquiera merecen el apelativo de cotidianos. Contar los minutos con mi reloj digital CASIO para ver salir el cuco dando las horas, esperar a que se cumpliera la hora de digestión para bañarnos en la piscina, contemplar durante una hora una flor nocturna que se abría cuando salía la luna...
La vida transcurría en cámara lenta en los veranos de mi infancia y queríamos saltarnos esa parte muchas veces, porque se me hacía largo tanto descanso. Cuando crecemos sucede algo completamente distinto. Los escasos días de verano, para el que aún disponga de vacaciones, se pasan volando con cierto run rún de estrés solapado por la vuelta inminente a las preocupaciones del día a día.
Caricaturizando y simplificando la realidad nos podemos encontrar con dos perfiles de turista. La del disfrutón, el que nos vende su verano envuelto en un celofán inalcanzable, porque fue INCREÍBLE. Escaló el Kilimanjaro, navegó el Niágara y durmió en Iguazú... O del CURRELE, contaba los días triste y ávido por volver a trabajar, la actividad para la que ha nacido y adora. Todos podemos encontrarnos con gente que se parezca a estas dos definiciones, o ver incluso en esas características parte de nosotros mismos. Venga el descanso como venga, lo importante es eso, descansar. Y aunque nos guste trabajar, lo cual hoy día es un lujo y una vocación, hay que saber parar, reconducir nuestro año y apuntar una nueva moneda en la hucha de momentos especiales.
'El tiempo es oro', rezaba el icónico programa del genio que ya descansa en paz Constantino Romero. Mis abuelos, también en el más allá, eran fieles consumidores de programas culturales que salvo, Saber y Ganar, están en su mayoría en peligro de extinción. Y es verdad, cada minuto de nuestras vidas se presenta como un regalo. El riesgo del verano es que se nos vaya de las manos. Cuando el caballo de las horas se desboca pasados los treinta hay que ponerle riendas, tomar el ejemplo de nuestra infancia, cuando buceábamos en la sobreabundancia de posibilidades. Ser como niños de nuevo, dejar el cinismo para la batalla y permitirnos ser un vaso vacío para llenarnos de nuevo.
El verano cobra otro sentido cuando se vuelve pleno. Que nos sirva el ejemplo de los adolescentes de El Jarama, novela donde las horas pasan lentas repletas de nada. Pues la nada no existe y no es propia de seres que, como dice ya el sustantivo, nos definimos por el mero hecho de ser. Estar, ser, parecer y resultar... En verano, ejerzamos como sujetos de verbos pasivos y activos. Por cierto, el colegio entonces no me mandaba deberes porque las sacábamos todas, pero sí mis abuelos. Sin ánimo de extender el recetario, que en esto de la vida no existe, sí espero poder aportar una idea para sacarle más partido a la vida. Zambullirse en los complicados caminos de la implicación, donde no se gana nada más que críticas, pero donde la hazaña compensa cuando se logra ayudar a un ser humano. Feliz regreso al trabajo si lo tiene; y ánimo en la búsqueda para quien la lucha. 

Santa Cruz de Tenerife 13 de septiembre de 2013

14 de septiembre de 2013

ALGUNAS IDEAS PARA “HACER LAS PACES”

















Francisco-M. González
Las formas de reconciliación o de “hacer las paces”  en un matrimonio son muy relativas, porque dependen de una amplia constelación de variables, como el temperamento, el carácter,  la educación, las creencias, los valores de los cónyuges, y los años y que llevan casados. Por ejemplo, unos recién casados no se comportan igual que unos esposos que acaban de tener a su primer hijo; tampoco son las condiciones de la vida familiar las mismas cuando se tiene un hijo que con tres; y muy distintas cuando hay hijos adolescentes. También los conflictos pueden ser: pequeños, medianos o grandes.
Pero ahora, no voy ahondar demasiado en el tema, sólo Se me ocurren algunas ideas sencillas y prácticas, que de manera general, puedan ser útiles  para, después de un conflicto,  intentar lograr que las aguas vuelvan a su cauce. La clave es importante y está en la buena voluntad de querer ‘quererse’, y de querer sacar adelante el matrimonio. Porque vale la pena.
Lo primero es que los ánimos se serenen y una vez conseguido, hay que negociar -no me gusta la palabra pero no encuentro otra mejor-. Para pactar hay que buscar el momento oportuno, sentarse en un lugar cómodo y acogedor, con calma y con tiempo por delante, sin prisas -aunque conozco matrimonios felices, que con los años y con la práctica, negocian en un tiempo “record”; no hacerlo nunca delante de los hijos, porque jamás se debe discutir delante de los hijos y mucho menos implicarlos en la contienda, porque lo pasan muy mal, tienen que tomar partido por uno de los dos, lo que crea en ellos una enorme inseguridad; y, con frecuencia, llegan hasta sentirse culpables.
Después, lo fundamental es ir a la raíz del conflicto, sin andarse por las ramas, centrarse en el problema, sin traer a colación otras cuestiones distintas y que no vengan a cuento. Hay que escuchar, “y aprender a escuchar”, sin interrumpir, ni prejuzgar, aun cuando no se esté de acuerdo con lo que el otro dice; escuchar  con mirada atenta,  comprensiva y acogedora, las razones del otro, luego expondremos las nuestras. El que tenga la palabra debe expresarse con claridad, con sinceridad amable y prudente, sin humillar, sin herir, sin gritar ni machacar y, también, procurando que su mirada, además de cariñosa, sea a la vez persuasiva,  compresiva y conciliadora. Para ello se poden utilizar expresiones, como por ejemplo: “me gustaría” (que procedieras de esta manera; que evitaras aquello, que me ayudaras en esta oportunidad…) o  “necesito de ti” (ahora que empezamos a vivir juntos, en esta edad difícil de los hijos, en esta delicada situación de los negocios, ahora que estoy atravesando un mal momento…). Un vez que se han oído las razones de los dos, hay que contrastarlas y analizarlas para, posteriormente, llegar a un acuerdo, en el que nadie pierde y la pareja siempre gana.
Si de esta forma, no se llega a un acuerdo satisfactorio, bien por la magnitud del “petardo” o por las razones que sea, habrá que cambiar de escenario y buscar  unas fechas  y un lugar que resulten entrañables. Por ejemplo un fin de semana, en un monte, en un hotel, en fin, un lugar distante y solitario. Para lograr resultados positivos es imprescindible que los esposos permanezcan aislados durante esos días. Una vez instalados,  hay que abordar el problema de manera similar a la anterior, pero insistiendo en tener mucha paciencia, expresarse libremente, no enfadarse, ni sentirse amenazado en ningún momento; pensar que también el cónyuge interlocutor dispone de una excelente voluntad y que habla movido por el deseo de solucionar el problema; y no hacer una cerrada y agresiva defensa de su posición, tratando de demostrar que yo tengo razón y el otro es el equivocado.
Conozco varios matrimonios a los que este sistema les ha dado resultado, llevan bastantes años juntos y les va bien. Nunca hay que dar por bueno eso de que se han puesto todos los medios: «Es que llevo peleando muchos años y no consigo nada». Tal vez ha llegado el momento en que tiene que contar con otra gente que les ayude a resolver sus conflictos. O a lo mejor basta con que vayan a un terapeuta. Conozco a más de un matrimonio, con más de seis meses de separación, que, gracias a la terapia familiar, hoy son felices juntos.

Pienso que la felicidad matrimonial, esa que se “ve” y se nota con la simple presencia, en la complicidad de una mirada, o en la nostalgia por la ausencia, necesita tiempo para ir consolidándose, y la convivencia tiene que pasar por momentos de calma chicha, nubarrones y hasta fuertes tormentas, por eso es necesario paciencia, tenacidad y sentido del humor. Porque, el amor  en el matrimonio, y lo digo por experiencia, como el buen vino mejora con los años.

13 de septiembre de 2013

Y... ¿ SI HACEMOS LAS PACES Y NOS QUEREMOS?

















Francisco-M. González
Las vacaciones, deberían ser una época para el descanso, el placer, el ocio y  el tiempo libre; entonces el matrimonio tiene mayor posibilidad y tiempo para reencontrase, compartir ilusiones, comunicarse de una manera más sosegada –dialogar cariñosamente- y divertirse juntos. Se da la paradoja  de que al final  de las vacaciones estivales y al inicio del año, son los momentos en los que se da el índice más elevado de disfunciones matrimoniales,  separaciones y divorcios.      
Los motivos de estas disfunciones o crisis de pareja son muy variados; sin embargo existen unas causas concretas,  en relación con las vacaciones  que pueden ser las detonantes de las rupturas postvacionales: lo más probable es que la crisis estuviera latente y viniera de atrás  Las causas inmediatas pueden ser variadas, pero, por lo general, las más frecuentes son las provocadas por las fricciones de quienes no saben convivir durante veinticuatro horas al día. Seguro que hay problemas encubiertos, durante la ajetreadas jornadas laborales del resto del año, que salen a la luz en las vacaciones. Las expectativas irreales o ilusorias de uno y otra; las discrepancias sobre el lugar de veraneo elegido; los niños, si se llevan a los abuelos o no; con mucha frecuencia, son las discrepancias sobre la economía familiar, porque las tarjetas quedan “echando humo”. En definitiva, la  mayoría de las veces lo que ha habido es: improvisación y falta de una buena programación, que debe acordar la pareja hablando, que  no es algo muy corriente del carácter español. Y ya se sabe, “para un barco sin rumbo todo son tormentas”.
No voy a analizar aquí la etiología de todo este  “petardo” vacacional, sino sin ánimo de agotarlo,  sugerir algunas ideas que les puedan ayudar a salir de la crisis, por si a estas alturas todavía siguen enfurruñados, dándole vueltas o engarzados en el conflicto.
Antes de nada hay que tener en cuenta, que es normal, ‘bastante normal’, que en la vida matrimonial, de vez en cuando surjan conflictos o aparezca algún tipo de crisis; lo cual no quiere decir que el amor se haya terminado; tal vez todo lo contrario, porque siguen hablando, aunque sea enfadados. . 
Los conflictos conyugales son normales, sólo que es mejor tenerlos muy de tarde en tarde. Resolverlos es, por tanto, también  normal. Como en ellos siempre se da un problema de comunicación, -que unas veces es la causa, pero en la mayoría es el síntoma- alguien tiene que romper el hielo, ceder  y empezar a dialogar: …y  ‘por qué no hacemos las paces’; a veces basta una mirada  comprensiva, acogedora y tierna Y, ¿Quién debe ser el primero en ceder?, a mi modo de ver, el que cree que tiene la razón, que ceda,  ya habrá otro momento, más adelante, para explicar por qué manteníamos ese punto de vista; ahora no, ahora ceda. 
Que empiece a ceder el  que tenga mayor capacidad asertiva o negociadora, siempre hay uno que la tiene más que el otro; o bien el que sea más generoso o sea más expresivo en el cariño. Y, en último extremo, ceda el que se considere más inteligente; porque no, no es más sensato, querer que el conflicto vaya a más: sufrir, sufrir y sufrir. Eso no es de inteligentes. Porque,  de lo que hay que huir, como del fuego, es de la lucha por el poder, que tantas veces es la causa del conflicto.
 Una vez serenados los ánimos, hay que negociar y nunca buscar culpables, por lo general no los hay  y si se profundiza normalmente la culpa sería de los dos.  Lo ideal sería pedir perdón, perdonarse mutuamente, puesto que las reconciliaciones son el aspecto más positivo, lo mejor de las discusiones. De esta forma, nadie pierde, los dos salen ganando y les dan una alegría a los hijos, si los hay.  Si la cosa ha ido muy lejos, antes de tomar una decisión drástica o extrema,  se debiera acudir a un especialista en terapia de pareja, que les pueda  ayudar.

 En conclusión, ni las crisis ni los conflictos son malos. Son naturales; se han dado, se dan y se darán toda la vida. Ahora bien, hay conflictos que hacen crecer al matrimonio y otros que son letales y sirven para su defunción, si no, se resuelven a tiempo o se pide ayuda a un experto. Conviene distinguir unos de otros y  obrar en consecuencia. Cuando los conflictos se resuelven, las uniones conyugales se fortalecen, se robustecen y vigorizan y, en vez de conformarse con una vida rutinaria y pobretona, la mutua felicidad alcanza una mayor dimensión y  el matrimonio va cristalizando como una roca.
 BAJAMAR 12 DE SEPTIEMBRE DE 2013 (V. P. T).

12 de septiembre de 2013

CON LAS MAYORES DE LIBRERÍAS

















Francisco-M. González
Hay quien sale de fiesta, y otros que nos vamos de librerías. Es la costumbre más divertida y educativa  que tenemos con nuestros hijos.  Digo “es” porque todavía acostumbramos a hacerlo, aunque  con menos frecuencia de la que nos gustaría,  porque ahora los hijos siempre andan justos de tiempo.  Por eso solemos hacerlo con nuestros nietos; aunque a veces se apunta algún yerno o la nuera, si disponen de tiempo. Ya, que gracias a Dios, todos ellos son buenos lectores.
A muchos les sorprende, pero no es un hábito fruto de mentes tocadas por la varita de la intelectualidad; sino como todas las costumbres, por sana repetición. En este caso, ésta la iniciamos de manera natural con los niños, bastante antes de que empezaran a caminar;  tanto mi mujer como un servidor somos muy aficionados a leer, y raro era el sábado que no pasábamos por una librería para ver las novedades, -algo que ya hacíamos de novios o de siempre-, y como "siempre" llevábamos un niño pequeño. Lo poníamos en el suelo y le dábamos un libro para que se entretuviera, un libro de plástico o pastas duras, aunque con frecuencia lo que hacía era gatear por la librería...
A partir de Primaria generalmente los sábados por la mañana, y de uno en uno, nos íbamos a ver libros. Entonces callejeábamos por Santa Cruz e íbamos viendo escaparates de librerías. Entrábamos en todas, aunque luego sólo compráramos un libro en toda la mañana; nos parábamos a tomar  café o una coca cola y a charlar.  El libro, claro,  lo terminaba leyendo toda la familia.
Como mi mujer también trabajaba fuera, ella aprovechaba los sábados para poner orden y concierto en la casa y a mí me tocaba hacerme cargo de los niños y de las niñas, por lo que con bastante frecuencia, terminábamos en un museo, en una biblioteca o en una librería; y después en una terraza.
A finales de agosto, tuve la satisfacción de "salir de librerías" con mis nietas mayores, María y Ana -de 16 y 15 años- y ¡nos lo pasamos fenomenal! Ya se sabe a esta edad también se le escapa la vista para otro tipo de escaparates - a todos los de familia numerosa nos ha pasado-, pero una vez en la primera librería se perdieron por las distintas secciones, y  ya nos fuimos a otra.  Y eso que no era una "gran superficie".  Debieron repasar la existencia de todas la editoriales, porque  hasta pasado una hora y tres cuartos no aparecieron -me hicieron recordar a mi madre cuando entraba en una zapatería- con dos libros, cuyos títulos y autores no recuerdo. Cosas de móviles, al final habían tenido que llamar a su profesora de literatura ante la duda o indecisión ante tanto libro. Hasta me dio tiempo de terminar una novela de  seiscientas dieciocho páginas que iba por la mitad. Y, como ya nos dolía la vista, nos fuimos callejeando hasta la terraza de una cafetería.
Allí,  ellas se tomaron unos batidos,  y a un servidor, como de costumbre, un café negro bien cargado y una botella pequeña de agua con gas. Después me explicaron porqué se habían decidido por aquellos libros y por aquellos autores y así fuimos saltando de una cosa en otra y al final terminamos hablando de todo un poco, porque con nosotros hablan de todo;  hasta que nos dimos cuenta que se hacía tarde para ir a comer. Creo que llegamos media hora tarde, no sé si como represalia, mi mujer retrasó la comida otra media hora, con la disculpa, de hojear y  comentar con sus nietas los libros que habían comprado.
Mis hijos me contaban en una comida familiar que tuvimos hace poco, que entre sus recuerdos de infancia figura el leer un libro que antes hubiera pasado por mis manos. Como tengo la costumbre de subrayarlos, a veces estaban completamente de acuerdo con ese resumen, o discrepaban de él. De ahí surgían muchas conversaciones. “Al final, hablábamos de todo”, me decía uno de ellos. ¡Estamos seguros de que ahora hacen otro  tanto con sus hijos!

Santa Cruz 11 de septiembre de 2013   (V.P.T.)