VERANO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



30 de octubre de 2013

“LA MAGIA DE COMER EN FAMILIA”

















Francisco-M. González
La mayoría coincidimos en que, con la incorporación de la madre de familia al mercado laboral, se han hecho excelentes aportaciones, propias de su feminidad, encanto e inteligencia, al mundo empresarial o de la administración pública. Si bien, se han originado una serie de desajustes en el ámbito familiar; aunque esos desajustas no son sólo responsabilidad de la madre, ya que parte de esa responsabilidad también corresponde al padre y a los hijo, porque la casa, el hogar familiar, es cosa de todos, de toda la familia.
Pienso que, para solventar este desajuste, no hace falta tomar decisiones excepcionales, bastaría con algunas medidas sencillas, para que se lleven a cabo por todos lo miembros de la familia, que han de poner un poco de buena voluntad; como, por ejemplo entre otras,  comer o cenar en familia,  que señalo en primer lugar por su relevante importancia.  Puesto que, según mi experiencia, el desayuno, la comida o la cena en familia  es lo que más contribuye a la cohesión familiar y a la mejora de la relación de la pareja –de papá y mamá-; a la vez, que es un apasionante y eficaz medio para el dialogo y la educación de los hijos.
En un estudio de Carla E. Eisenberg,  de la Universidad de Minnesota, llega a la conclusión de que las familias que realizan una comida diaria juntos: la relación padres-hijos es muchísimo mejor, aumenta la calidad del estudio de los adolescentes y disminuye el número de consumidores de drogas y alcohol; además de reportar otros beneficios cómo la prevención de la anorexia, la bulimia y la obesidad. Yo me atrevo a afirmar, que en muchos  matrimonios el conflicto empezó por dejar de comer o cenar juntos, y de  tener  esos momentos íntimos, después de la comida o cena, para comentar como va o como ha ido el día; aunque para alguno el cansancio puede más y se quede dormido en el sillón. Mejor que cuando se está viendo la televisión
Dada la complejidad de horarios, que con frecuencia se plantea en el momento actual, coincidir no resulta nada fácil; pero si cada miembro de la familia es responsable y pone todo lo que está de su parte, siempre se  puede lograr  -al menos, durante la semana-, coincidir todos a una hora,  de la comida o de la cena; lo que previamente se ha acordado; parece ser, que entre semana la hora de la cena es mejor para todos. Lo importante es comer o cenar juntos, aunque los menús sean un poco más ligeros. Dejando para los fines de semana un menú algo más suculento o que necesite mayor elaboración,  y  que se pueda tomar con más calma y tranquilidad, de manera apacible y sosegada,  favoreciendo el diálogo, el comentario o la anécdota simpática. Para ello, es muy oportuno apagar el “móvil”, desconectar el teléfono  y sacar del medio, o apagar la televisión. En todas estas comidas de fines de semana o días festivos nunca debiera faltar una sobremesa animada que dé lugar, cuando así salga, a una  divertida y agradable tertulia familiar. 
La magia de comer o cenar en familia está en que contribuye de manera asombrosa, por un lado, al normal  desarrollo  psicosomático de los hijos y de los padres. Como indica Carla E. Eisenberg, ayuda a prevenir desórdenes alimenticios en los jóvenes y a promover una dieta sana en los niños. Por otro lado, beneficia la  normal  evolución o mejora  como persona, en su aspecto social y espiritual, tanto de los hijos como de los padres. Es una ocasión maravillosa, para que mamá y papá se lancen primero y se den a conocer, sin ser cargantes -¿en realidad nuestros hijos saben quiénes somos o qué hacemos?- Y que al mismo tiempo mamá y papá aprovechen para conocer más y mejor a sus hijos, sus ilusiones, sus inquietudes, sus temores  y sus aficiones. Y todo ello,  dentro de un clima de cariño, calidez, confianza y amabilidad, porque no es el momento de los reproches ni de lecciones magistrales de papá. Es la hora de comer o cenar, y,  tambien, de hacer pequeños servicios y de tener detalles de cariño,  como poner o recoger la mesa, servir el agua o el pan, pasar la sopa o el potaje, respetar y escuchar al que habla, ceder la palabra, interesarse por el que se le ve desanimado, o en “fuera de juego”, hacer planes para la familia... Las comidas o cenas son ocasiones naturales para asimilar la historia, los valores y estilo de la familia, y para aplicar esos valores a la vida diaria, a los problemas y a las oportunidades que se encontrarán luego al salir a la calle. Todo ello, hace que todos los miembros de la familia, cada uno con su carácter o forma de ser, tengan un estilo original y propio, aprendido en su casa, de sus padres, de sus abuelos  y de los  hermanos mayores. Así se crea lazos familiares con fuertes y sólidas raíces, y recuerdos entrañables, que acompañan durante el resto de toda la vida.
En conclusión podemos decir:  que con las comidas en familia se fortalece el amor y la armonía en el hogar, se aprenden virtudes humanas de incalculable valor, se desarrolla la confianza mutua entre todos los miembros de la familia, y es una ayuda para solucionar los problemas gracias al diálogo amable y respetuoso. Y además, ¡se pasa fenomenal y se come bien!

Santa Cruz de Tenerife 30 de octubre de 2013 

28 de octubre de 2013

EL CHEF























Fernando M. Lemus Pérez
El pasado lunes tuve la ocasión de disfrutar de la película “El Chef, la receta de la felicidad”, del director David Cohen, una producción francesa calificada de comedia, la cual no pude dejar de ver atraído por el recuerdo de otras cintas como Bienvenidos al Norte, Los Visitantes, o la Cena de los Idiotas, y por qué no decirlo, por el hecho de esquivar, durante una hora y media, los inconvenientes de una jornada especialmente espesa.
La trama de la película gira alrededor de dos protagonistas que tienen en común su amor por la cocina; por un lado el gran Chef, un consagrado y venerado cocinero, jefe de de uno de los mejores restaurantes de París, que tras haber logrado 3 estrellas (suerte de mención honorífica con la que la más alta crítica culinaria premia a los mejores), parece haber tocado techo y perdido la ilusión que le llevaba a encender la chispa de la inspiración tan necesaria para lograr unas recetas cuasi mágicas, pues llegado a tal estatus de Chef, la cocina, como yo la entiendo, deja de serlo, para convertirse en un arte que mezcla ingredientes gastronómicos con sensaciones que alcanzan niveles que tocan el alma, y por consiguiente a lo espiritual.
Por otro lado Jacky Bonnot, un aficionado al mundo de la cocina, que sueña con poder trabajar algún día en un gran restaurante, autodidacta y seguidor del gran Chef,  hasta tal punto que controla cada ingrediente, de cada receta publicada en los libros de cocina del otro protagonista, pero al que la fortuna le ha llevado a trabajos eventuales y de carácter precario.
Curioso y gratificante me resultó la capacidad de superación del joven aspirante, que ante la adversidad laboral e inminentes cargas familiares, en lugar de perder la paz y sucumbir al desánimo, no deja de sonreír en ningún momento, y tanto despropósito le sirve de acicate para desmontar la tan actual y cansina tesis del quejarse sin hacer nada al respecto.
Cual parábola, los roles de cada protagonista se podrían llevar a la vida de algunos que seguramente tanto tú como yo conocemos, y porque no decirlo, a la nuestra propia. Llegar a un momento de la vida, tal y como le ocurre al gran Chef, donde parece que todo se estanca, lo material totalmente satisfecho, pero interiormente vacío, sin prestar atención al tiempo que corre inexorable en una sola dirección, tan absorto en la meta del “yo y mis méritos”, que en un momento, tal y como ocurre en la película, el Chef queda perplejo al ver como su hija ultimaba su tesis universitaria, mientras él no recordaba más que los primeros días de colegio. Mientras, el otro personaje, un joven luchador y constante que ha fijado sus aspiraciones profesionales en metas altas, pero intentando no perder la perspectiva de las cosas verdaderamente importantes, un modelo de joven que se opone al estereotipo de la generación ni-ni.
No soy crítico de cine, así que mi capacidad en tal noble arte no me permite para nada ser objetivo, pero si me atrevo a recomendarles “El Chef, la receta de la felicidad”, un largometraje de esos que te pueden sacar una sonrisa, y les puedo asegurar que vale más la pena una película que nos haga sonreír una vez, a otra que nos arranque cien carcajadas. Feliz lunes y buena semana.

Santa Cruz 26 de octubre de 2013

26 de octubre de 2013

SACERDOTE TOLEDANO CUMPLE CIEN AÑOS Y EN PLENA FORMA













«El sacerdote toledano Julio Muñoz Cuesta cumple mañana cien años y a su edad sigue celebrando misa y confesando a los feligreses en la Basílica de Talavera de la Reina». Así encabezaba un artículo de prensa el acontecimiento que hace unos días vivió Talavera de la Reina. Ante tal conjunto de inusitadas peculiaridades, la noticia corrió rápidamente a través de internet. Diversos medios de comunicación la rebotaron y propagaron, en castellano e inglés.
09 de octubre de 2013
Don Julio cumplió cien años el pasado 27 de septiembre. Y desde 1985, con 72 años, cuando se jubiló de párroco de Velada y se trasladó a la cercana capital de la cerámica, sigue yendo cada día a la concurrida basílica de Nuestra Señora del Prado, a celebrar la Misa de once, a confesar y a ayudar a dar la comunión en otra misas.
El 27 de septiembre festejó familiarmente su centenario con el reducido grupo de presbíteros que conviven con él en la residencia sacerdotal talaverana. Y al día siguiente continuó la celebración en una Misa presidida por D. Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo, y concelebrada por el Obispo auxiliar y cincuenta sacerdotes, ante una multitud de fieles que llenaba las naves del espacioso santuario de la Patrona de Talavera. Como es lógico, asistió también su parentela: hermanos, sobrinos, sobrinos-nietos y hasta una sobrina-biznieta de pocos meses.
El Arzobispo se refirió en su homilía a lo inusitado del acontecimiento: «En mi vida he tenido ocasión de saludar a bastantes centenarios y centenarias. Pero llevo más de veinticinco años de obispo y esta es la primera vez que celebro el centenario de un sacerdote. Ya se ve que son escasos los sacerdotes que llegan a los cien años. Y eso sin que yo pretenda comparar a ninguno con don Julio, ¡que hay que ver en qué buena forma ha llegado!»
Don Julio es, en efecto, un auténtico portento de la naturaleza. Basta ver su dinamismo y laboriosidad, unidos a una alegría contagiosa y a una recia personalidad. O escuchar su amplia alocución de agradecimientos, al final de la Misa, con su voz garbosa y vibrante. Desde luego, nadie que se acerca a él imagina ni de lejos los años que cuenta. Pero de casta le viene al galgo, ya que no le van a la zaga sus tres hermanas y su hermano, cuyas edades oscilan entre los 90 y los 103 años.
Desde hace seis meses, a don Julio le gusta recordar que en su vida ha conocido a diez papas, desde Pío X, de recién nacido en 1913, al actual, Francisco. Así lo hizo también en su intervención final en la Misa. Y cuando, con gran espontaneidad afirmó del último que es «simpatiquísimo», los presentes no pudieron menos que reír de buena gana, una vez más.
Desde La Mata, su toledana localidad natal, don Julio llegó de niño al seminario menor de la archidiócesis, desde el que ingresó en el mayor. El estallido de la Guerra Civil no solo interrumpió sus estudios, sino que a sus 23 años le obligó a enrolarse en el ejército donde no se le ahorró la ocasión de probar en carne propia la metralla de una bomba, que por fortuna no le hirió de gravedad.
Al terminar la contienda, en solo dos años estuvo don Julio en condiciones de recibir la ordenación sacerdotal. Tuvo lugar en Mora (Toledo) el 7 de junio de 1941, junto a otros once candidatos, hoy todos fallecidos.
Después de atender varios pueblecitos de la provincia de Guadalajara, entonces pertenecientes a la mitra de Toledo, en 1943 fue nombrado párroco de Espinoso del Rey y otros tres pueblos de la comarca toledana de La Jara, donde permaneció trece años. Al llegar «no me encontré una iglesia, sino una nave en el suelo». «Eran tiempos difíciles, en plena posguerra, con pueblos mal comunicados, sin carreteras», relata. Pero como tenía que celebrar Misa, al principio le tocó utilizar como medio de transporte el burro y, después, la bicicleta: la misma que monta en una fotografía de 1947 reproducida en la invitación de su centenario, en la que aparece posando muy elegante, revestido con dulleta sobre la sotana, bonete y guantes negros.
En 1957 pasó a Velada, parroquia que rigió hasta su jubilación en 1985, momento en que tanto su buena salud como su inquietud apostólica sacerdotal le movieron a aceptar el ya citado encargo pastoral en la magna basílica de Nuestra Señora del Prado.
Al cumplir las bodas de oro sacerdotales, «acepté la invitación del Espíritu Santo, que me movía a pedir la admisión como socio Supernumerario en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz», inseparablemente unida –como es sabido– a la Prelatura del Opus Dei. El agradecimiento al impulso espiritual en su vida sacerdotal que de ella recibe desde entonces, le llevó a introducir, en la Oración de los fieles de la Misa jubilar, una petición expresa por el Opus Dei, así como, en sus palabras finales, a manifestar su agradecimiento a varios sacerdotes de la Obra, naturalmente junto a otros presbíteros, personas e instituciones.
Al cabo de 72 años de ejemplar ministerio sacerdotal, este «simpatiquísimo» cura toledano afirma que se encuentra «con fuerzas» para proseguir con su labor, aunque a veces le fallen las piernas y necesite servirse de un bastón para caminar.
Y, en fin, ahí sigue ahora don Julio Muñoz día tras día, erre que erre, diciendo Misa, confesando y ayudando a dar la comunión en la Basílica del Prado de Talavera de la Reina, con ilusión y humilde sacrificio, siempre al servicio de Dios, de la Iglesia y de los fieles.

© 2013, Oficina de información del Opus Dei

SACERDOTE TOLEDANO CUMPLE CIEN AÑOS Y EN PLENA FORMA













«El sacerdote toledano Julio Muñoz Cuesta cumple mañana cien años y a su edad sigue celebrando misa y confesando a los feligreses en la Basílica de Talavera de la Reina». Así encabezaba un artículo de prensa el acontecimiento que hace unos días vivió Talavera de la Reina. Ante tal conjunto de inusitadas peculiaridades, la noticia corrió rápidamente a través de internet. Diversos medios de comunicación la rebotaron y propagaron, en castellano e inglés.
09 de octubre de 2013
Don Julio cumplió cien años el pasado 27 de septiembre. Y desde 1985, con 72 años, cuando se jubiló de párroco de Velada y se trasladó a la cercana capital de la cerámica, sigue yendo cada día a la concurrida basílica de Nuestra Señora del Prado, a celebrar la Misa de once, a confesar y a ayudar a dar la comunión en otra misas.
El 27 de septiembre festejó familiarmente su centenario con el reducido grupo de presbíteros que conviven con él en la residencia sacerdotal talaverana. Y al día siguiente continuó la celebración en una Misa presidida por D. Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo, y concelebrada por el Obispo auxiliar y cincuenta sacerdotes, ante una multitud de fieles que llenaba las naves del espacioso santuario de la Patrona de Talavera. Como es lógico, asistió también su parentela: hermanos, sobrinos, sobrinos-nietos y hasta una sobrina-biznieta de pocos meses.
El Arzobispo se refirió en su homilía a lo inusitado del acontecimiento: «En mi vida he tenido ocasión de saludar a bastantes centenarios y centenarias. Pero llevo más de veinticinco años de obispo y esta es la primera vez que celebro el centenario de un sacerdote. Ya se ve que son escasos los sacerdotes que llegan a los cien años. Y eso sin que yo pretenda comparar a ninguno con don Julio, ¡que hay que ver en qué buena forma ha llegado!»
Don Julio es, en efecto, un auténtico portento de la naturaleza. Basta ver su dinamismo y laboriosidad, unidos a una alegría contagiosa y a una recia personalidad. O escuchar su amplia alocución de agradecimientos, al final de la Misa, con su voz garbosa y vibrante. Desde luego, nadie que se acerca a él imagina ni de lejos los años que cuenta. Pero de casta le viene al galgo, ya que no le van a la zaga sus tres hermanas y su hermano, cuyas edades oscilan entre los 90 y los 103 años.
Desde hace seis meses, a don Julio le gusta recordar que en su vida ha conocido a diez papas, desde Pío X, de recién nacido en 1913, al actual, Francisco. Así lo hizo también en su intervención final en la Misa. Y cuando, con gran espontaneidad afirmó del último que es «simpatiquísimo», los presentes no pudieron menos que reír de buena gana, una vez más.
Desde La Mata, su toledana localidad natal, don Julio llegó de niño al seminario menor de la archidiócesis, desde el que ingresó en el mayor. El estallido de la Guerra Civil no solo interrumpió sus estudios, sino que a sus 23 años le obligó a enrolarse en el ejército donde no se le ahorró la ocasión de probar en carne propia la metralla de una bomba, que por fortuna no le hirió de gravedad.
Al terminar la contienda, en solo dos años estuvo don Julio en condiciones de recibir la ordenación sacerdotal. Tuvo lugar en Mora (Toledo) el 7 de junio de 1941, junto a otros once candidatos, hoy todos fallecidos.
Después de atender varios pueblecitos de la provincia de Guadalajara, entonces pertenecientes a la mitra de Toledo, en 1943 fue nombrado párroco de Espinoso del Rey y otros tres pueblos de la comarca toledana de La Jara, donde permaneció trece años. Al llegar «no me encontré una iglesia, sino una nave en el suelo». «Eran tiempos difíciles, en plena posguerra, con pueblos mal comunicados, sin carreteras», relata. Pero como tenía que celebrar Misa, al principio le tocó utilizar como medio de transporte el burro y, después, la bicicleta: la misma que monta en una fotografía de 1947 reproducida en la invitación de su centenario, en la que aparece posando muy elegante, revestido con dulleta sobre la sotana, bonete y guantes negros.
En 1957 pasó a Velada, parroquia que rigió hasta su jubilación en 1985, momento en que tanto su buena salud como su inquietud apostólica sacerdotal le movieron a aceptar el ya citado encargo pastoral en la magna basílica de Nuestra Señora del Prado.
Al cumplir las bodas de oro sacerdotales, «acepté la invitación del Espíritu Santo, que me movía a pedir la admisión como socio Supernumerario en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz», inseparablemente unida –como es sabido– a la Prelatura del Opus Dei. El agradecimiento al impulso espiritual en su vida sacerdotal que de ella recibe desde entonces, le llevó a introducir, en la Oración de los fieles de la Misa jubilar, una petición expresa por el Opus Dei, así como, en sus palabras finales, a manifestar su agradecimiento a varios sacerdotes de la Obra, naturalmente junto a otros presbíteros, personas e instituciones.
Al cabo de 72 años de ejemplar ministerio sacerdotal, este «simpatiquísimo» cura toledano afirma que se encuentra «con fuerzas» para proseguir con su labor, aunque a veces le fallen las piernas y necesite servirse de un bastón para caminar.

Y, en fin, ahí sigue ahora don Julio Muñoz día tras día, erre que erre, diciendo Misa, confesando y ayudando a dar la comunión en la Basílica del Prado de Talavera de la Reina, con ilusión y humilde sacrificio, siempre al servicio de Dios, de la Iglesia y de los fieles.
© 2013, Oficina de información del Opus Dei

25 de octubre de 2013

ARTÍCULO INCORRECTO



















María del Pino Fuentes
Una de las grandes paradojas de esta sociedad que compartimos, supuestamente abierta, es que ciertos tics del pasado vuelven a asomar y ni siquiera lo percibimos. Un ejemplo es la plaga de lo políticamente correcto que vino a sustituir a la tan denostada censura, mucho más amordazadora que los censurantes y su moralidad. Porque contra la censura estaba bien visto rebelarse, puesto que venía impuesta desde fuera, pero la corrección política no es otra cosa que autocensura, un miedo cerval a decir lo que uno piensa y a no estar en sintonía con la "moral" al uso, cuando a veces esa moral es completamente estúpida.
Pienso que es una verdadera pena que, después de que España hiciera una transición modélica en la que todos fueron capaces de dejar a un lado sus reproches, después de treinta y tantos años de gran cambio social en el que este país se ha transformado en uno de los más modernos del mundo, después de todo esto, y aún antes de que la crisis asomara su negra patita por debajo de la puerta, lo cierto es que ya planeaba sobre nuestras cabezas la alargada sombra de las dos Españas irreconciliables -y no me refiero a Cataluña-.
Como le pasa a mucha gente, estoy desencantada de las derechas y de las izquierdas, de los efectos colaterales de la polarización que se está produciendo en los medios de comunicación de una u otra tendencia, por la que los comentaristas de derechas son cada vez más de derechas y los de izquierdas cada vez más de su onda, sin matices de ningún tipo. Impera el pensamiento de masas, o lo que es lo mismo, si soy de izquierdas, tengo que estar a favor del aborto, de la ley de memoria histórica, de la retirada de los crucifijos de las escuelas, de la causa saharahui y de la prohibición de los toros. Si soy de derechas, tengo que estar en contra de todo lo que acabo de mencionar, he de apoyar a muerte a los internautas que abogan por las descargas ilegales y estar a favor de endurecer las penas para menores que cometan delitos, por ejemplo.
Mi pregunta es: ¿por qué no puedo ser de izquierdas y gustarme los toros? ¿Y qué tiene de raro estar de acuerdo con la legalización de los inmigrantes, pero no con la ley de memoria histórica? Los partidos y las inclinaciones políticas no deben ser una secta, ni siquiera una religión con sus dogmas de fe y, pese a ello, algunos periodistas y tertulianos parecen empeñados en hacernos comulgar con el hecho de que hay que tener creencias monolíticas en temas que nada tienen que ver con la política sino con la libertad personal.
A ver si le queda claro a alguien: la libertad personal está por encima de colores políticos y lo único que consiguen con su actitud es restar credibilidad a sus comentarios, que de otro modo serían mucho más interesantes. Lo más peligroso de esta actitud, a mi modo de ver, es el efecto que pueda tener en los jóvenes. Porque el pensamiento en masa no permite el sano intercambio de ideas, ni tampoco la posibilidad de decir que se está de acuerdo con esto, pero no con lo otro.
Formarse es aprender a tener criterio, es tener dudas y no certezas. Porque la duda es mucho más fecunda que la certeza. Y además ¿certeza de qué o de quiénes? ¿Por qué tengo que abrazar la fe monolítica de otro? ¿No es mucho más lógico que cada uno tome de una idea lo que le parece razonable y rechace lo que no? "Pienso luego existo", decía René Descartes, y la frase es tan tópica que de tanto repetirla parece que ya no dice nada. Y sin embargo de eso se trata, de pensar y de no dar por cierto nada de lo que nos dicen. Que solo los tontos son los que actúan como borregos, siguiendo a sus iguales.

PERIÓDICO "EL DÍA" S/C DE TENERIFE 211013

24 de octubre de 2013

LA AVENTURA DEL DEPORTE EN FAMILIA















Francisco-M. González*
De las múltiples actividades que se pueden hacer en familia o con los hijos, en el tiempo de ocio o en las vacaciones, se le debería dar preferencia al deporte. No sólo por su excelente valor educativo, sino además porque contribuye al desarrollo armónico del organismo y a crear hábitos para lograr una vida con calidad.
En realidad el deporte –pienso- es una actividad que hay que realizar durante toda la vida. Más aún, su práctica no deberíamos relegarla sólo para el tiempo libre, los fines de semana o las vacaciones; sino que, a diario tendríamos que encajarlo en nuestro horario: dedicar un tiempo, no muy largo, para practicar aquella actividad deportiva que más nos guste y que esté más acorde con nuestras aptitudes, edad y disponibilidad de tiempo. El entrenamiento y la práctica del deporte como profesión es otro tema.
Qué duda cabe, que poder dedicar todos los días  una hora, media,  tres cuartos o un cuarto de hora –en la actualidad andamos siempre tan cogidos de tiempo- a la realización de ejercicios gimnásticos o a la práctica moderada del deporte favorito, contribuye a un mayor  bienestar psicosomático y espiritual, para realizar o continuar realizando, con mayor vitalidad y entusiasmo,  nuestro quehacer diario; y, por supuesto, para templar las relaciones en familia y en el matrimonio. La gimnasia educativa o el deporte influyen de manera positiva, en poner orden en nuestra vida, para relajarnos y controlar el estrés, para mejorar el carácter, prevenir tantas dolencias y a bajar “la fiebre de la prisa por vivir”. En definitiva, conseguiremos  llevar la vida con deportividad y oxigenar las neuronas, que con tanta frecuencia nos fallan  por anoxia.
Claro que todo esto, donde mejor se aprende, como la mayoría de las  cosas, es de pequeñito y en la familia. Como se sabe, el ejemplo es la clave: por eso  no es fácil que nos salgan unos hijos deportistas o que amen el deporte, si no ven a su madre  y a su padre  practicar alguno  . No basta con hacer de mamá o papa “taxista” los fines de semana o a diario, para llevar el niño o la niña al gimnasio, a gimnasia rítmica, a natación, a baloncesto, o a tiro con arco. Esto tiene mérito, y sobre todo es necesario, si el chiquito o la chiquita tienen buenas aptitudes para la práctica de un determinado deporte de competición. En este caso, los padres no podemos ser ingenuos ni ilusos, y debemos dejarnos asesorar por un buen experto o entrenador de reconocido prestigio.
En Tenerife y en familia, dado que el clima que tenemos durante todo el año es maravilloso,  podemos practicar  casi todo tipo de deporte. Para hacerlo en familia tampoco hace falta unas instalaciones de alta competición, -aunque en nuestra isla las tenemos, aunque debieran ser mucho mejores-, tampoco hace falta un equipamiento de marca o gastarse mucho dinero. Lo que se necesita es querer hacerlo y ponerse a ello.
Entre otras, hay una actividad deportiva muy divertida en la que puede participar toda la familia, es el senderismo o excursionismo, con mochila y botas -mamá y papá también con la mochila- con comida a base de bocadillos y agua para beber. Es una oportunidad excelente, para vivir una serie de valores y  virtudes personales. Para ello, no hace falta que papá y mamá aprovechen la excursión  para  su lección magistral o la  “tarde”, basta que den ejemplo y que vayan por delante con mucha deportividad.
Conozco a varias familias, muchas de ellas numerosas, muy amantes de este tipo de aventuras. –por lo general son gente con mucha imaginación y excelente cohesión familiar-, que con frecuencia  se van con todos los hijos al monte, y acampan en un sitio más idóneo –en Tenerife tenemos muchos- o donde han quedado con otras familias; con las que después de comer  juegan un partido de fútbol, o cualquier otro juego de competición  que se pueda practicar. Meriendan y siguen jugando todos, padres y madres también. Por las noches montan las tiendas; después de cenar,  una entrañable tertulia a la luz de la luna, o de un  farol de gas, y a continuación  a dormir. No hace mucho, me encontré a un matrimonio, de estos entusiastas del monte y con cinco hijos,  caminando hacia  “Las Raíces”. Sólo conté cuatro niños, y pensé que el más pequeño se lo habrían dejado a los abuelos. ¡Pues  no!, con seis meses lo llevaba el padre en una mochila delantera.
Actividades por el estilo también se pueden hacer en la playa o en cualquier  otro lugar adecuado y permitido. En familia creo que se puede hacer  todo tipo de deporte: ciclismo, piragüismo, montar  a caballo, jugar al tenis, al pádel  o petanca. Es una experiencia muy enriquecedora,  además de desarrollar virtudes humanas como  la fortaleza, el espíritu de superación, la generosidad y la sociabilidad para formar parte de un equipo,  seguir unas reglas, lograr unas metas en común , aprender a perder  y a ganar, a sufrir y a reír. Deja huella y,  cuando  los hijos son mayores. conservan un entrañable recuerdo de “aquellas aventuras”. 
Aunque se trate de una  actividad casera o familiar,  el deporte hay que hacerlo con  prudencia y sensatez: hay seguir las indicaciones del médico, y practicarlo con las máximas medidas de higiene y seguridad.  Debemos seguir al aforismo de los grecolatinos: “Mens sana in córpore sano”.

SANTA CRUZ DE TENERIFE 241013

23 de octubre de 2013

¿QUIERES SER TÉCNICO/A EN IGUALDAD DE GÉNERO?










Ignacio Aréchaga
Decimos que España necesita potenciar la Formación Profesional, con enseñanzas prácticas que respondan a las necesidades de las empresas. Y cuando hablamos de estas titulaciones en seguida pensamos en un técnico en soldadura o en iluminación o en estética y belleza. Pero los nuevos tiempos reclaman nuevos títulos, como el que acaba de aprobar el gobierno en el último Consejo de Ministros: Técnico Superior en Promoción de Igualdad de Género.
¿Cómo habíamos podido vivir hasta ahora sin la ayuda imprescindible de esta titulación? Se supone que las leyes garantizan ya esta igualdad y que las autoridades vigilan que se cumpla, pero siempre hace falta el experto/a, que  aporta el knowhow. ¿De qué se ocupará este nuevo técnico? “La competencia general de este nuevo título –dice la referencia del Consejo de Ministros– consiste en programar, desarrollar y evaluar intervenciones relacionadas con la promoción de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres, aplicando estrategias y técnicas del ámbito de la intervención social, detectando situaciones de riesgo de discriminación por razón de sexo y potenciando la participación social de las mujeres”.
El asunto podía quedarse aquí y sería ya suficientemente claro. Pero para justificar el nuevo título se le atribuyen una serie de competencias profesionales, nada menos que veinticuatro,  que permiten ver por dónde van los tiros.
Las primeras tienen que ver con la igualdad entre hombres y mujeres, pero con  un reparto muy desigual, pues lo que se destaca es asegurar “la visibilización de las mujeres”, promover el uso de “imágenes no estereotipadas de las mujeres y la utilización de un lenguaje no sexista”, fomentar “la participación de las mujeres” en la vida social y “la inserción laboral de las mujeres”… ¿Se supone que los hombres no necesitan ninguna promoción ni inserción laboral ni están sujetos a imágenes estereotipadas?  Si hay que vigilar para que en los anuncios de talleres de coches aparezca una mecánica también habrá que procurar que la educación infantil no resulte acaparada por las maestras.
Otro tipo de competencias – no menos de cinco– tienen que ver con la violencia de género. Se diría que las mujeres españolas están en continuo peligro no ya al salir a la calle sino en su propia casa. El técnico en Igualdad de Género deberá “implementar programas y acciones de prevención de violencia de género”, detectar “los posibles factores de riesgo”, asesorar y acompañar a “las mujeres en situación de violencia de género”, prevenir el problema en el ámbito socioeducativo, aplicar los protocolos para evitar “la victimización secundaria” y “el acoso sexual y el acoso por razón de sexo”. ¡Un trabajo de Hércules! En conjunto, esta relación de competencias abona sin querer la idea de que la mujer necesita continuamente ser promovida y defendida, como si no supiera gobernar su vida por sí sola.
Algunas otras competencias resultan más propias de los sanitarios que del técnico en igualdad,  como la que dice: “Aplicar los protocolos establecidos en materia de primeros auxilios en situaciones de accidente o emergencia”. Quizá se trata de asegurar que no se atiende antes a un hombre que a una mujer.
El resto de competencias reflejan el socorrido bla, bla, bla, de la burocracia del momento. Del tipo de: “Resolver situaciones, problemas o contingencias con iniciativa y autonomía en el ámbito de su competencia, con creatividad, innovación y espíritu de mejora en el trabajo personal y en el de los miembros del equipo”,  lo cual vale igual para este técnico y para Messi en el borde del área.
O la que dice: “Dinamizar grupos, aplicando técnicas participativas y de dinamización, gestionando los conflictos y promoviendo el respeto y la solidaridad” (¡falta “sostenible”!).
Imagino al funcionario de turno estrujándose el cerebro en busca de competencias que añadir hasta completar las veinticuatro. Aunque quizá todo esto lo hayan pergeñado gentes que han hecho algún master en estudios de género y aspiran a darle una salida profesional y a convencer a la sociedad de esta necesidad acuciante. Si tienen éxito, acabarán imponiendo que haya un técnico en igualdad de género en todas las empresas de más de cien trabajadores.
Y si no, acabarán engrosando las filas del paro o las plantillas de empleo público, siempre más receptivas a este tipo de ingeniería social. Pero tengo la impresión de que las empresas españolas contratarán a otros muchos tipos de técnicos, antes de pensar en fichar a un técnico en igualdad de género.

ELSÓNAR (ACEPRENSA)

22 de octubre de 2013

EL CLUB ISORA DE S/C. DE TENERIFE















Francisco-M. González*
El Club Isora es una iniciativa familiar que quiere orientar a gente joven reforzando su formación en valores humanos y cristianos por medio de actividades en su tiempo libre.
Sus objetivos son potenciar y ayudar a las familias en la formación de sus hijas, es como un complemento con el que  pueden contar los padres. Muchas veces las niñas hacen las cosas suyas si viene la sugerencia de cambiar algo  por otro camino que no sea el de siempre, porque lo toman a "lo de siempre".
Las primeras actividades con niñas las tuvimos en el año 2007. Ese año hicimos  un campamento de verano en La Orotava. Este verano pasado, hemos hecho un campamento en Tacoronte. Así como otra serie de actividades variadas, desde castillos en la arena de la playa hasta senderismo por diversos lugares de nuestro entorno. Entre otras, hicimos una excursión al Loroparque y otra a Mesa del Mar
El club es un lugar donde las niñas lo pasan muy bien y valoran todo aquello que reciben. Ahora-durante el curso-, tenemos actividades muy variadas: desde taller de repostería,  taller de moda,  manualidades, baloncesto, cine-fórum, baile,  teatro, a todo tipo de juegos en el Parque.  Próximamente, tendremos algún día de estudio para ellas. Y en Navidades, nos solemos presentar al concurso del Corte Inglés de Villancicos.
Para los padres (padre y madre),  organizamos charlas o conferencias, sobre diversos aspectos de la familia y la educación de los hijos. Más concreto para las madres, también tenemos cine-fórum, así como charlas y clases sobre distintos temas; como por ejemplo: "Cómo sacar partido a las aptitudes de la mujer en el siglo XXI" o clases de maquillaje. Y, cuando se acerca la Navidad, tenemos ciclos de de cocina y de decoración para sorprender a sus familias.
El próximo viernes día 25, para los padres tenemos una Conferencia-coloquio sobre: "LAS REDES SOCIALES Y LA INCIDENCIA EN LA FAMILIA" impartida de forma conjunta, por Loli Martín (psicóloga y responsable del Dpto. de Orientación del colegio Pureza de María de Santa Cruz) y Fernando Lemus (técnico en Informática y coordinador TIC del mismo centro)"
¡Ah! Se me olvidaba, la dirección del Club Isora, es en la calle del Pilar 54 - 6º. Teléfonos de contacto:  679 994 679; 676 286 836; y 628 518 996.
En realidad, este artículo o escrito se debía titular "Un café por teléfono y a toda pastilla con Maripaz Diana ", pero me dice Mamen Montoro que le parece demasiado largo y con poco "gancho". No tengo muy claro quién es la directora del club -he entrevistado a la primera que me ha contestado al "móvil", pero sí a las que he visto "currar" con las niñas y con sus madres, Maripaz  Diana, Anabel Rejas,  Inmaculada Déniz y Viky Sánchez. Qué duda cabe, que cualquier centro educativo o club juvenil se nota que se trabaja con seriedad,  funciona con orden y te acogen con calidez,  cuando de entrada, ¡se desconoce al director o la directora!
*ABUELO DEL CLUB

21 de octubre de 2013

JORNADAS DE "RED MADRE" EN EL CASINO DE S/C. DE TENERIFE


UNA VISIÓN PERSONAL DE LA EMPRESA (III)

MONTSE MARTÍN Y FERNANDO M. LEMUS, GERENTE Y RESPONSABLE DE SERVICIO TÉCNICO DE ALECARSISTEMAS Y NLHSOFT RESPECTIVAMENTE.
Fernando M. Lemus
Para concluir con esta reflexión sobre mi visión personal de la empresa creo, que la ilusión con la que el emprendedor debe encarar el día a día, es el verdadero secreto para que el proyecto empresarial siga adelante. Con el paso del tiempo me he ido desprendiendo de los temores varios que cada día asolan mi mesa, pocos presupuestos, mucho trabajo que entregar en poco tiempo, un problema que no acaba de resolverse, varios frentes importantes en simultáneo, la crisis, los empleados y sus particularidades, pues me ha tocado lidiar con personas de una generación posterior a la mía, y debo reconocer que sintonizo más con generaciones anteriores, y en eso estoy; pero si a algo le sigo teniendo el mismo respeto, al igual que el primer día, es a la perdida de la ilusión que acaba arrastrando otros males como la falta de motivación, la pérdida de la chispa que permite ver un proyecto donde solo hay arena y rocas, una serie de males que pueden sumir al emprendedor en una depresión empresarial. Solo a eso temo, a perder las ganas locas de aventura y superación de retos que me lleva cada día a salir de la cama de un salto, el resto de miedos se han ido convirtiendo en pequeños obstáculos que con algo de paciencia se terminan por resolver.
3.- Aquí seguimos
Y sin ninguna otra fórmula mágica, que nos ayude a superar estos tiempos difíciles, más que la ilusión y la ley de las tres P que comentaba en mi anterior artículo (Puntualidad, Perseverancia y Palabra), aquí seguimos mi querida y amada socia (en todas las parcelas de mi vida) y yo, con nuestra pequeña empresa dando lo mejor de nosotros y luchando para que nuestro equipo de trabajo siga manteniendo su empleo y sueldo, y nuestros clientes recibiendo un servicio que cada día tratamos de mejorar.
No sé escribir sobre datos económicos para tratar de dar un par de consejos sobre inversiones o donde “meter” el dinero para que se multiplique, lo mío es el tema técnico y las relaciones humanas, sobre lo primero no voy a comentar nada pues creo entender que este blog tiene que ver más con lo segundo, así que mi última reflexión va de las facetas que empresarios y empleados me han ido mostrando a través del tiempo. Al igual que podemos encontrarnos con jefes justos, imparciales y que saben recompensar al empleado que se esfuerza, encontramos al tirano que se quiere enriquecer a toda costa, usando, si fuera preciso, métodos medievales más próximos a la esclavitud que al respeto de los derechos humanos. Esto es proporcional al del empleado que se entrega cada día dando lo mejor de sí, formándose periódicamente para aumentar su prestigio y fomentando buen ambiente entre sus compañeros; como el caso opuesto, el trabajador que busca con pillería esos momentos de “escaqueo” para hacer argollas olímpicas, protesta ante el mínimo detalle que lo saque de una jornada sin sobresaltos, y el poco interés que muestra en su trabajo hace que se vaya anquilosando en una apatía, la cual deja un rastro negativo que puede contagiar a algún compañero, como mal menor a su situación personal, o escribiendo a su paso la fecha de caducidad en la agenda del jefe, como mal mayor para sus intereses personales.
En el artículo del pasado lunes comentaba que mi doble condición de empleado y empleador me ha llevado a ser testigo de lo anteriormente detallado, empresarios que dan ejemplo de superación llegando a la empresa antes que el resto y saliendo el último tras una dura jornada, y al contrario, villanos explotadores y aprovechados de la desgraciada situación de otras personas. Así como de empleados que trataban, aunque no se percataran, de santificarse y santificar a los demás con su trabajo.
Steve Jobs decía “ los jugadores de clase A contratan jugadores de clase A; los jugadores de clase B contratan jugadores de clase C y los jugadores de clase C contratan jugadores de clase D, con este sistema no se tardará mucho en acabar rodeado de jugadores de clase Z”. Creo que un buen empresario debe contratar un equipo de trabajo mejor que él mismo, confiar y motivar a cada uno de los integrantes del equipo, exigiéndoles al máximo, pero a la vez recompensando el trabajo bien hecho.

20 de octubre de 2013

"CONOCER MOTIVA"











Juan Pedro Rivero González*
Ya decía el viejo obispo de Hipona que no se ama lo que no se conocer. Y la experiencia personal nos ratifica que es cierto, que lo desconocido, lo incierto, lo oscuro, aquello de lo que se duda, apenas mueve el ánimo y la voluntad.
¿Cómo nos hubiera afectado conocer por las noticias que una joven de 32 años apareció muerta en su habitación de un hotel sevillano si no hubiéramos “conocido” de antemano que se trataba de María de Villota? Conocerla y haber escuchado su testimonio de superación nos ha colocado en una situación diferente ante la noticia. Nos ha impresionado.
Conocer, motiva. Aprender, estimula. La voluntad se pone en marcha cuando la inteligencia tiene claridad y las ideas son razonables. Un pensamiento débil nos ofrece una pobre perspectiva motivadora.
Hay motivaciones sencillas. Aquellas que nos ayudan a cepillarnos los dientes, por ejemplo. Pero hay grandes motivaciones que nos hacen ser capaces de poner todas las posibilidades de nuestra vida en una misma dirección. A eso lo solemos llamar “tener un ideal”. Por una idea, tal vez andemos cien metros. Sólo se entrega la vida por un ideal de altura, fuerte y profundo.
A ese nivel de conocimiento hemos de intentar llegar si queremos que nuestra voluntad se motive de verdad. Hay grandes ideales materiales; los hay. Pero hay una belleza escondida en los ideales que nacen dentro de la espiritualidad.
Si Dios es sólo una idea, que se puede afirmar o negar, lo dicho: 100 metros. Nos sorprenderíamos si alguien nos narrara la experiencia de haberlo descubierto como ideal de su vida.
Pocos habrán leído estos días el testimonio de la ex piloto de F1 María de Villota: “Dios ha jugado un papel muy importante en mi recuperación”.
Lo que no se conoce, no se ama.
*RECTOR DEL SEMINARIO DIOCESANO
DE LA LAGUNA (TENERIFE)

19 de octubre de 2013

CAUTIVOS DE LA PANTALLA




















Francisco-M. González
En la actualidad, en el interior de muchas casas, a lo sumo se oye el alarido remoto de algún miembro de la familia que está ciberconectado y que se ha quitado los cascos de las orejas. En mesa nadie habla, se ha impuesto un reverencial silencio cibernético. Los padres centrados en las noticias que dan por televisión. La hija mayor no para de mandar mensajes por el móvil. Y el más pequeño no suelta el video-juego.
La escena parece exagerada, pero no lo es. He presenciado algunas- más o  menos por el estilo, y me he quedado estupefacto. El pediatra y psiquiatra Paulino Castells junto con  el pedagogo Ignasi de Bofarull –especialista en la incidencia de la cibernética en los niños y adolescentes-  en su libro Enganchados a las pantallas (Planeta 2002), igualmente  sostienen que hay un considerable número de casas en las que se da un cuadro similar  al que antes describía: “donde la familia ha enmudecido”.
También he compartido mesa con otras muchas familias, donde además de los padres, y uno, cinco y hasta ocho hijos, en  la que todos participan. Todos tienen derecho a hablar y que los demás les escuchen. Para ello, mamá o papá, con toda naturalidad, se reservan la potestad de conceder la palabra – potestad  que se les otorga, si están en casa, a los abuelos-. Con la misma naturalidad, los hijos, se disculpan o piden permiso para levantarse  de la mesa. ¡No! No es nada trasnochado, sino al contrario: es algo  que contribuye a forjar y robustecer una sólida comunicación  y una agradable convivencia.
Estas familias, me contaron, que suelen tener también determinados días y horas, para ver, por lo general en familia,  aquellos programas o películas de la tele, que puedan ser de interés. Incluso algún video-juego en el que puedan participar la mayoría; suele molestar mucho a los chicos, que gane mamá, papá o la abuela,  por ejemplo con la “Wii”. Todo esto acostumbran a dejarlo para el fin de semana, días festivos o vacaciones.
El problema de fondo, no es tanto si las pantallas en general son dañinas o beneficiosas para nuestros menores. Dependerá del buen uso o mal abuso  que se hagan de ellas. “Lo que es evidente –según Castells y Bofarull- es que nuestro hijos nacen en una sociedad ciberconectada, de la cual hemos de sacar  todo el provecho posible y evitar ‘enganches’ en los primeros años de vida”.
No soy contrario a la televisión, ni mucho menos a Internet, tampoco soy de los que piensan que ambos medios de comunicación sean la causa de todos los males de occidente. Gracias a la red, este artículo lo puedo mandar directamente al periódico y, de vez en cuando, veo alguna película que vale la pena en televisión,
No hay duda, que televisión es el mayor agente socializador que jamás ha existido. Aunque ahora Internet le vaya quitando bastantes incondicionales. Si bien, tanto un medio como otro, en numerosos casos, ha desplazado a la familia, como institución natural y esencial para cultivar la afectividad y encontrar modelos de vida; y a la escuela, como institución básicamente trasmisora de conocimientos: porque por desgracia, en muchas de  estas dos instituciones  ya no transmiten valores de peso para la mejora de la persona y para su plena integración en la sociedad.
Existen  varios estudios que demuestran, que ver la T.V, Internet o videojuegos, después de dormir, es la principal actividad, para una inmensa mayoría de niños occidentales. Con el efecto de estos medios es acumulativo y en función del tiempo que les dediquen, corren el riesgo que cuando lleguen a adultos para muchos sea  la única experiencia básica referencial: “dando lugar a una visión virtual, falsa manera de vivir en la realidad,”.
Es necesario y urgente controlar o supervisar las pantallas que consumen nuestros hijos y el tiempo que dedican a ellas. El ordenador ha de estar en un lugar de la casa a la vista de todos: en un rincón de la sala de estar o en el pasillo. Así como, destronar el televisor, y colocarlo en un lugar discreto y de uso común: pero nunca en la habitaciones de los niños y, me atrevería a aconsejar, ni en la de los padres; entre otras razones, para dar ejemplo. También, los padres,  han de prefijar el tiempo para los video-juegos. Y procurar que el móvil se utilice para comunicar asuntos necesarios. De este modo, con toda probabilidad, evitaremos que nuestros hijos se hagan ciberadictos.

S/C. DE TENERIFE 181013

18 de octubre de 2013

CARLOS JAVIER MORALES: PROFESOR Y POETA












Carlos Javier Morales nace en Santa Cruz de Tenerife el 7 de septiembre de 1967. En su isla natal vive hasta los diecisiete años, cuando se traslada a Madrid para estudiar COU y luego la carrera de Filología Hispánica, en la Universidad Complutense. Obtiene esta Licenciatura en 1990 y el Grado de Doctor en 1993, con una tesis titulada La poética de Martí y su contexto, dirigida por el Prof. Luis Sáinz de Medrano.
Durante estos años de estudiante universitario y de postgraduado forma parte de diversos grupos de literatura y pensamiento, algunos impulsados por su propia iniciativa, como una tertulia celebrada cada sábado en el Café Rey Fernando, de la Calle Prim, entre 1992 y 1995, a la que asisten numerosos amigos poetas y lectores de poesía. Allí leen y critican, con total libertad, textos de otros autores no presentes, lo cual permite ir creando en todos los participantes un criterio poético sólido y plural a la vez. Por esta tertulia, en ocasiones especialmente señaladas, pasan grandes poetas de la lengua castellana, como José Hierro, Francisco Brines, Pablo Armando Fernández, Félix Grande, Luis Antonio de Villena, Luis García Montero, Pedro Shimose, etc. Con algunos de ellos Carlos Javier iniciará una larga amistad.
En esta época de formación juvenil nacen algunas amistades que, por su intimidad y por la categoría humana y literaria de sus amigos, influirán decisivamente en su trayectoria como poeta y como crítico. Desde 1985 hasta su muerte, en 1999, frecuenta la casa de Ernestina de Champourcin, que lo anima y lo aconseja casi desde sus inicios como poeta. En 1992 conoce al profesor y crítico José Olivio Jiménez, uno de sus más íntimos amigos hasta que fallece, en 2003. A la casa de José Olivio, en la calle Agustín de Foxá, acude Carlos Javier habitualmente, y a ella le dedica uno de los poemas más fervorosos de Madrid como delirio. Con José Olivio también trabajará en dos libros de investigación y crítica literaria. En 1993 conoce y empieza a visitar con frecuencia, en su casa de la Calle Antonio Acuña, al gran poeta, ensayista y periodista cubano Gastón Baquero, que le transmite su rica y lúcida experiencia como escritor y lector de todas las literaturas.
En 1994 gana el Premio de Poesía “Villa de Martorell” con su primer libro, El pan más necesario, editado por Seuba Ediciones en septiembre de ese mismo año.
En 1995 Carlos Javier se traslada a Logroño para enseñar Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de La Rioja. Allí sigue trabajando en su poesía y en sus libros de investigación y crítica. Es ésta una época de congresos internacionales y de estancias como profesor invitado en el extranjero. En este aspecto, cabe destacar su semestre como profesor invitado en la Universidad de Münster (Alemania), en la primavera y verano de 1998, así como su viaje a Chile en 1999, representando a España en el congreso “El poeta joven y su libro”, organizado por la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral.

 Ese año de 1999 regresa a Madrid para trabajar como profesor en la Universidad San Pablo-CEU. Allí permanece hasta el año 2002, en que, por diversas circunstancias laborales, obtiene por oposición la plaza de profesor de Lengua y Literatura Españolas en la enseñanza secundaria. Actualmente es profesor de estas materias en el Instituto Andrés Bello, de su ciudad natal, tarea que hace compatible con su creación poética y sus trabajos de crítica e investigación en la poesía contemporánea de España e Hispanoamérica, después de una larga trayectoria como estudioso de José Martí, el modernismo hispánico y, en general, la literatura del fin-de-siglo XIX en lengua española. Entre otras muchas publicaciones periódicas, ha colaborado frecuentemente en Cuadernos hispanoamericanos, Clarín, Letras Libres y www.poesiadigital.es  Desde enero de 2009 hasta julio de 2011 fue director de esta última revista, www.poesiadigital.

Como se anuncia en la invitación anterior hoy presenta su último libro: "Cesar Vallejo y la poesía posmoderna"

16 de octubre de 2013

EJERCER LA AUTORIDAD, SIN FORZARLA NI MALOGRARLA














Francisco-M. González
La autoridad puede depender mucho del temperamento, de la formación, de la edad... es decir. de la forma de ser de cada uno. Sin embargo, se puede adquirir, mejorar o perder si no se siguen determinados principios que conviene conocer. 
Cuando a un padre o a una madre, o a un profesor, no le obedecen –en condiciones normales, claro está–, la mayoría de las veces el problema  no está en los chicos, sino en quien manda. Repetir órdenes sin resultado, intervenir constantemente, mostrar aire dubitativo o falta de convicción y seguridad en lo que se dice, son las causas más habituales de la pérdida de autoridad. Junto con la falta de confianza en los hijos y alumnos y ese margen de libertad para dejar que se equivoquen.
 Por ejemplo, recuerdo hace años –unos cuantos años-, cuando la señora de la casa le decía a la niñera: “ve al cuarto de los niños a ver que están haciendo...y  prohíbeselo”. O algún padre de los de ahora, que  le pregunta  a su hija, que aparece emperifollada en el salón con intención de salir, y le dice, “¿a dónde vas?”,  “a donde quiero” –le contesta ella- “¿a que hora vas a volver”?, “a la que me dé la gana”; entonces el padre para no perder la autoridad, se pone serio y en un tono cortante le dice: “¡pero ni un minuto más!”.
No, ni una cosa ni la otra. A los hijos hay que acostumbrarlos a obedecer desde muy pequeños.  Cuando van siendo un poco mayores, en la medida de lo posible, hay que dar razones  de lo que nos lleva  a  aconsejar, imponer, reprobar o prohibir una conducta determinada. La dictadura familiar y escolar requiere poco talento, pero es mala estrategia. Ser autoritario no otorga autoridad. Hay quien piensa que el éxito está en que jamás le rechisten una orden. Pero eso es confundir la sumisión absoluta de los hijos o alumnos con lo que es verdadera autoridad, no saber distinguir entre poder y autoridad. Esto le pasa a algunos políticos actuales que tienen mucho poder, pero carecen de autoridad.
Sin ánimo de agotar el tema, y por razón de espacio, se me ocurren las ideas siguientes: Tener los objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Que las normas sean  pocas, concretas y realistas. Que los hijos y los alumnos  las conozcan y que papá, mamá y el profesor o la profesora sean constantes y coherentes con ellas, -esto es fundamental-; si el padre exige a sus hijos comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No caer en la trampa de: “Déjalo comer como quiera, lo importante es que coma”. O el profesor, que por una “pacifica” convivencia en el aula, omite su obligación de corregir.
Dar tiempo de aprendizaje; las personas necesitan cierto entrenamiento, necesitan aprender y eso requiere tiempo y paciencia. Hay que valorar los intentos y los esfuerzos por mejorar, resaltando lo que se hace bien: Y confiar en los hijos y en los alumnos, tratándolos más que como son,  como nos gustaría que fueran. Por supuesto, a los hijos y a los alumnos hay que escucharlos y tratar de comprenderlos.
 Huir de los discursos o lecciones magistrales. Es mejor que pidamos por favor, con actitud serena y confiando claramente en que van a obedecer. El ejemplo arrastra, si ven que papá ayuda a mamá en las tareas domésticas, él o ella entenderá que deben hacer lo mismo sin que nadie se lo explique. Reservemos los mandatos estrictos para algo excepcional. Y, por encima de todo, hay que cumplir siempre con lo prometido, ya sea un premio o un castigo. Nunca prometamos lo que no podemos cumplir.
En definitiva, la clave está en el amor y en la sensatez. Sensatez para no intentar matar pulgas a  cañonazos ni leones con tirachinas. Amor para que la autoridad no sea algo frío, rígido e inflexible. El amor y la autoridad supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para padres, profesores, hijos o alumnos, pero que a la  larga van a ser muy valoradas, porque con toda seguridad van a contribuir a la felicidad de unos y de otros. Porque les queremos, esto lo saben los hijos y los alumnos, aunque no lo reconozcan, pero da lo mismo.
Porque con ello: con amor y autoridad,  estamos formando hombres y mujeres íntegros, libres y responsables. No ya “buenas personas”, sino “personas buenas”: buenas hijas e hijos, buenas madres y padres, buenos profesionales, buenos ciudadanos, -sin necesidad de educación para la “ciudadanía”- incluso hasta buenos políticos... En definitiva, buenos hijos o hijos de Dios.

S/C. DE TENERIFE 161013

14 de octubre de 2013

UNA VISIÓN PERSONAL DE LA EMPRESA (II)
















Fernando M. Lemus Pérez
El empuje que lleva a los emprendedores a lanzarse al mundo empresarial es una mezcla de deseo de aventura, independencia y de querer cambiar el mundo, y también como no, de querer mejorar una situación económica a priori anquilosada y dependiente del brazo ejecutor de otro empresario, que tanto para bien, o para mal, puede variar.
Tengo la certeza absoluta de que, quién solo quiere ser empresario con el único y firme propósito de aumentar su patrimonio, y sin ninguna brújula moral más que ver en positivo su cuenta corriente, acaba chocando con el muro de la soledad y con una empresa vacía del entusiasmo que generan los empleados motivados e involucrados en un proyecto que va más allá del ámbito de la embriaguez lucrativa, ese egoísmo que ciega y endurece el corazón haciendo que el empresario que sigue este camino acabe como Gollum, aquel personaje de Tolkien que hechizado por el poder del anillo es capaz de matar y acaba oscureciéndose tanto por dentro como por fuera.
2.- Los primeros años
Desde el año 2003 hasta la actualidad soy empresario, compaginando la organización y gestión de la empresa con mi trabajo como coordinador TIC (Tecnologías de la Comunicación y la Información) en un colegio de Santa Cruz, así que se puede decir que soy un híbrido entre empleado y empleador, y eso me puede dar cierto margen para poder opinar desde ambos puntos de vista.
Mi faceta de emprendedor está dividida en dos momentos, un tiempo en el que decido estar acompañado por otro profesional y crear una sociedad, esta etapa fue difícil, sobre todo en la forma de gestionar lo que yo denomino el trabajo humano, esa parte del trabajo en la que nos toca liderar un equipo de profesionales, personas que deciden apostar por tu proyecto y ganarse la vida trabajando en tu propia empresa. Es una gran responsabilidad la organización y toma de decisiones que competen a la gestión de personas, ellas confían en ti porque eres el jefe, pero debes demostrarlo, y para ello debes conocer tantos sus derechos como sus obligaciones, y sacar lo mejor de cada uno sabiendo motivar y corregir cuando sea preciso. Decía que fue una etapa difícil pues me centraba mucho en este aspecto de la empresa, tenía la firme convicción de que un equipo de trabajo motivado remaría en mi misma dirección, pero ahí choqué con mi antiguo socio, ya que teníamos visiones radicalmente opuestas. Soy de los que piensa que el patrimonio de la empresa no radica únicamente en el saldo de la cuenta bancaria y en los bienes inmobiliarios, sino en los colaboradores de los que te rodees, si tienes buenos y motivados empleados, tienes una buena empresa. En un punto tan estratégico y relevante los socios deben estar de acuerdo, así que tras una etapa con más sombras que luces decido llevar mi idea de empresa sostenida sobre “el trabajo humano” en solitario. Parafraseando a Sméagol, aquel solitario ser, que llevado por la avaricia que supuestamente le daría el poder absoluto del anillo, despido esta etapa diciendo....
“Nosotros lloramos, tesoro, lloramos por vernos tan solos ...los ricos peces, nuestro manjar.
Y olvidamos el sabor del pan, la melodía de los árboles, la caricia de la brisa. Olvidamos hasta nuestro propio nombre, mi tesoro.”
Sobre la marcha, y sin mayor margen de organización que el de un viernes para un lunes, salgo a la calle a dar servicio a mis clientes mientras mi esposa, siguiendo mis locos designios, deja su trabajo para poder llevar la gestión administrativa y de gerencia de este nuevo proyecto.
El objetivo estaba claro, ante tanta competencia si queríamos crecer debíamos tener claro la ley de las tres P (Puntualidad, Perseverancia y Palabra), si quedas a las nueve de la mañana con un cliente no puedes ser impuntual, perseverar hasta resolver el problema, perseverar para ser mejor profesional, formándote constantemente para estar a la altura de lo que pueden demandarte, y cumplir con la palabra dada, si acuerdas que tal fecha tienes el trabajo terminado, debe estar terminado. Como ven no es ninguna novedad, ni receta mágica, ni vengo a inventar la rueda, pero fui testigo en  muchas ocasiones de ver como otros fallaban al aplicar la ley de las tres P, y esto les terminaba afectando como un proyectil en la línea de flotación.
Así fue pasando el tiempo, pero trasladar el principio de la ley de las tres P, como otras ideas que rondaban por mi cabeza a mis colaboradores, no fue tarea fácil, pero esto lo dejo para la próxima ocasión. (Continuará) ...
S/C. DE TENERIFE 13.10.13