VERANO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



28 de febrero de 2014

LA MUERTE MÁS DEMOCRÁTICA























María del Pino Fuentes de Armas
Mi abuela Catalina siempre me hablaba de cosas cotidianas. Lo hacía desde su figura breve, con la mirada inquisidora del que ha vivido muchas batallas, con la solemnidad que adoptan los mayores para decir ciertas cosas y con su sabiduría de mujer de pueblo. Afirmaba que para morirse no hace falta si no estar vivos, que en metro y medio de tierra terminaba todo, que la muerte no escoge y que lo mismo le toca al rico que al pobre. Con los años, cada vez que alguien muere, la tengo muy presente. Miro el ataúd, recuerdo a la persona, los momentos compartidos, las promesas no cumplidas, sus grandezas y miserias, sus seguidores y detractores, la puesta en escena y termino por concluir que en ese momento se está solo y que nada se lleva de equipaje.
Como digo en el título, no hay nada tan democrático como la muerte, siega por igual la vida de ricos y pobres. Partimos de este mundo tan desnudos como nacimos, de poco o de nada sirve ser el millonario del cementerio, si acaso por la cantidad de esquelas o de coronas de flores que en la mayoría de los casos no van de forma anónima, se indica quién las paga: tus compañeros de trabajo; tus amigos del dominó; tu hermana, cuñado y sobrinos y hasta el nombre comercial de la cristalería que hay en la esquina de la calle, -que la publicidad es la publicidad-. Y es que no se trata de un tributo voluntario a la memoria del finado, es puro compromiso social, una manera incluso de tranquilizar conciencias y despejar dudas.
Sin embargo, no es verdad que todos los muertos sean iguales. Buena prueba de ello es que cuando el que se va ha sido alguien de cierto renombre social, aparecen rostros en el entierro que nunca viste en el entorno del finado, los cuales con cierta cara de circunstancias acuden a expresar sus condolencias a la familia cercana. Es más, pueden -en un momento de confidencias- hablarte de que eran íntimos, cuando tú pertenecías a ese círculo y jamás le oíste ni nombrar. Se dice también que tarde o temprano todo se sabe, así que de pronto alguien te comenta que ha sido amiga íntima de tu pareja desde hace veinte años y tú sin saber nada, por lo que la que se queda como muerta es la propia.
Sin ofender a nadie en cuanto a credos religiosos y formas de pensar, yo quitaba esa costumbre social de los velatorios y entierros. Te mueres y ya está. Que te incineren y a otra cosa. Total los que acompañan en el tanatorio -léase familia o amigos cercanos- lo hacen la mayoría de las veces por compromiso, están cansados, responden a las mismas preguntas, escuchan similares palabras y todo sin que el muerto se entere. El que va -entiéndase que cada uno según sus sentimientos- suele hacerlo por la costumbre, porque le vean, para que se sepa, por curiosidad, por cumplir, para cuando le toque o porque le gusta ser un actor coral. En algunos casos es hasta una ofensa para el muerto, quién de estar vivo igual le tiraba un guante en señal de desafío al impresentable de turno.
Con todo mi respeto al dolor que se siente ante la pérdida de un ser querido -porque lo he sentido-, hay que reconocer que la muerte es también un alivio para muchos. Sirve para hacer felices a los descendientes, que heredan; a la pareja, que enviuda; al socio empresarial, que descansa; al arrendador que puede subir la renta al próximo inquilino... perdonen, a veces el vivir en una isla y cerca del mar hace que te confundas, crees que la sal que percibes columpiándose en tus pestañas obedece a su inmensidad y te equivocas. Crees que es la maresía la que no te deja ver el horizonte y de pronto descubres que son los ojos que se te desbordan, es más, hay veces que crees vivir y resulta que ya estás muerta y seca.
"EL DÍA".S/C. DE TENERIFE 24.02.14

27 de febrero de 2014

EL SANO DEBER DE DIVERTIRSE


















Francisco-M. González*
Pienso que en la sociedad actual –que para mí es la mejor, porque no conozco otra, a no ser por referencias– hay una superabundancia de normas legales: leyes, decretos, órdenes ministeriales... A uno no le resulta nada fácil saber a qué tiene derecho o cuáles son los derechos de cada  cual. Inquieta y abruma a muchas personas: “la normativa legal vigente”. No se trata de ir por la vida con el Aranzadi, que es pesada,  hasta para los de Derecho. Es posible que se puede meter en una de esas agendas electrónicas e, incluso, en  el “móvil”; pero, aún así, es una obligación más y un lío para andar por la vida. La vida está para vivirla y “dejarse de pleitos”. 
Sin embargo, la mayoría de las veces los ciudadanos nos olvidamos de cumplir nuestros deberes cívicos, cosa que en España es muy típica salvo el de contribuir al Estado o a la Comunidad respectiva, porque en seguida lo recuerdan los de Hacienda; que con la misma diligencia deberían realizar la devoluciones pertinentes. 
Hay un deber personal, familiar  y social que, a mi modo de ver, debiera ser de inexcusable cumplimiento: el deber de divertirse y pasarlo lo mejor que se pueda… “con sentido”, decía mi abuelo Domingo. Cuántos problemas se solucionarían en el trabajo, en la oficina o con la familia, con el marido o con la mujer, si de vez en cuanto, nos distanciásemos de todo aquello que nos preocupa, agobia o irrita y nos fuéramos a nadar, al monte o a bailar. “El baile tiene un excelente valor psicohigiénico”, dice el psiquiatra y sacerdote, allá en Austria: don Joan Baptista Torelló, aunque habría cosas que puntualizar. Lo esencial es que, en ocasiones y con cierta regularidad, hay que desconectarse y desconectar la televisión, el ordenador, la “play-station” o los “cascos” de la mp4
Parafraseando al profesor Gerardo Trujillo -filósofo-: diversión, di-vertirse, suena a verterse o volcarse, salir en cierta manera de uno mismo. Si uno sale y se pierde, está perdido, pero si sale bien pertrechado o emparejado, con dominio de la situación, conseguirá un encuentro más gozoso consigo mismo y con el otro o la otra.  Sobre todo si uno se pierde con su mujer, con los hijos pequeños –los mayores quieren ir por libre-, con unos amigos. Porque la mejor diversión es la compartida con los demás, ya que la alegría es expansiva. Es difícil divertirse  solo. Porque reírse solo debe ser muy aburrido y además toman a uno por “ido” o que está bebido. Es mejor pasarlo bien en compañía y reírse “con” y no “de”.
Estos días, con motivo de las fiestas del Carnaval, se nos presenta una oportunidad fenomenal para ello. En todo el Archipiélago –o comunidad autónoma- hay carnavales, en todas las islas, cada una con su estilo y con su encanto. Dicen que incluso hasta en Las Palmas, para no ser menos, quieren celebrar el Carnaval. Pero es sabido y aceptado por todos, que para carnavales, “carnavales”, para disfrutar y divertirse: Santa Cruz de Tenerife. Por mucho que les pese a los de Cádiz y a mis nietos y nietas que  son canariones.
Yo no soy muy carnavalero, en esto no  he salido a mi padre. A mi  mujer los carnavales le encantan y entonces no me queda otro remedio que salir con ella. Entre otras cosas, porque salir con ella cada vez me gusta más, y los dos junto lo pasamos mejor. Por lo que aprovecho, todos los años, para ver el ambiente del carnaval santacrucero, “chicharrero” que cada año es más sorprendente e incomparable. No soy carnavalero, pero admiro y aprecio muchísimo a todos aquellos que se ocupan y preocupan  para que la gente en Carnaval  se lo pase bien. Intuyo y valoro las horas de ensayo que hay detrás de cualquier tipo de actuación, puesto que todas son de un excelente nivel o extraordinaria calidad Pero lo que más me divierte y entusiasma es el tradicional ambiente carnavalero de la calle, lleno de gracia,  alegría y buen humor. Es una fiesta que, si se disfruta con sana alegría, seduce, cautiva y se pasa bien
Hay murgas que, si no dan mucho la “murga”, son divertidas, sobre todo por sus letras generalmente inteligentes y sus críticas siempre acertadas; ahora más con el encanto de las murgas femeninas. Las comparsas, son un espectáculo nada fácil de poner en escena por su ritmo, color y armonía. Es apasionante verlas desfilar por la Avenida de Anaga. Las mascaritas son algo entrañable, porque puede ser desde el vecino de enfrente al dentista que te extrajo el último cordal, y “vacilan” a uno que es una maravilla. Después está la actuación de los Fregolinos, la zarzuela del Circulo XII de Enero y el Concurso y actuación de las rondallas, que para mí y desde siempre, con lo que me gusta la música, son palabras mayores.
Se habla de la erotización del Carnaval santacrucero, del consumo masivo de droga, de altercados, peleas, y hasta del sida. Eso es según la hora y por donde uno salga. La mayoría de estos incidentes son provocados por gente que no es de aquí. Ese no es el carnaval chicharrero, eso es otra cosa. El Carnaval  de Santa Cruz es para disfrutar, sin ofender a nadie, pasarlo bien de manera sana, alegre y simpática. Divertirse “con sentido” y  sin perderse. Y a la vez, para recobrar fuerzas y el entusiasmo y así  trabajar relajado el resto de año.

ORIENTADOR FAMILIAR

26 de febrero de 2014

UNA COMADRONA DECIDE SOBRE SU PROPIO CUERPO












Ignacio Aréchaga
El proyecto del gobierno español de proteger el derecho a la vida del feto, de modo que el aborto no sea discrecional, ha despertado una fuerte reacción por parte de los que defienden que la decisión de la mujer no debe estar limitada a unos supuestos. En esta campaña, se recurre también a voces extranjeras, para hacer ver que en Europa estas cosas ya no se llevan.
Con este fin, El País (16-02-2014) ha llamado por teléfono a Birgitta Ohlsson, ministra europea de Asuntos Europeos, para que le diga lo que quiere oír. Y Ohlsson se ha mostrado muy categórica. “El derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo es extremadamente importante, es un derecho humano básico”. Por lo tanto, sostiene que la ley española, de aprobarse, sería “un gran retroceso para los derechos de la mujer”. Hay que tener en cuenta que la ley sueca permite el aborto libre hasta la semana 18 y hasta la 22 en caso de riesgo para la salud física o mental de la madre.
Uno puede compartir o no sus ideas, pero esperará que una ministra con tan firmes convicciones esté a favor de que una mujer decida sobre su propio cuerpo en todos los casos. Pues Ohlsson tiene la oportunidad de defender este derecho humano básico de una mujer de su propio país cuyo caso se ha convertido en noticia y en polémica.
Ellinor Grimmark, de 37 años, es una comadrona que considera que su profesión consiste en traer niños al mundo, no en eliminarlos. Y ha decidido que su cuerpo no va a servir para practicar abortos, que nadie la va a obligar a utilizar sus manos y su cabeza en esta tarea.
Pero esta decisión sobre su propio cuerpo no ha sido bien aceptada en los hospitales de su país. El pasado verano perdió su empleo por negarse a asistir a abortos. Y, aunque hay escasez de comadronas en Suecia, nadie ha querido emplearla.  Ahora ha adquirido notoriedad pública por ser la primera comadrona que denuncia a su hospital ante el Ombudsman anti-discriminación sueco, alegando haber sido discriminada por sus convicciones éticas y religiosas. Su abogado afirma que se trata de una cuestión de derechos humanos, y por eso  ha denunciado a Suecia ante el Consejo de Europa, y piensa que Grimmark tiene buenas bazas para ganar su caso en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Hay que tener en cuenta que en 2011 el Consejo de Europa adoptó una resolución en la que reconocía el derecho a la objeción de conciencia del personal sanitario, siempre que se informara a los pacientes de cualquier objeción dentro del tiempo adecuado y se les remitiera a otro profesional. Así ocurre en la mayor parte de los países europeos, con la excepción de Finlandia y Suecia, donde en la práctica no se reconoce la objeción de conciencia.
En Noruega, el nuevo gobierno ha anunciado que va a permitir que los médicos ejerzan la objeción de conciencia ante el aborto. En Suecia todavía no se ha descubierto este derecho humano. Como ha dicho el parlamentario Mats Selander: “En nuestra cultura hemos sido superficiales en cuestiones éticas, y pensamos que es legítimo que el Estado invada las conciencias de la gente. Esta es una cuestión de vida y muerte, y la persona debe ser respetada”.
Un país que tiene a gala que la mujer decida sobre su propio cuerpo no debería tener inconveniente en que también las comadronas lo ejerzan.
EL SÓNAR (ACEPRENSA) 
Lo que no dice la Sra. Birgitta Ohlsson, ministra europea de Asuntos Europeos, que: Suecia es uno de los países con mayor índice de suicidios
Francisco-M. González

25 de febrero de 2014

DESCUBRE EL PERDÓN






















José Juan Rivero*
Hace unos días, mantenía una conversación con mi buen amigo Leo Martín Borges con el que comparto el interés personal y profesional de hacer llegar a las personas los beneficios que nos plantea el bienestar y la felicidad a través del cambio o el crecimiento personal. Donde nos planteábamos la importancia que juega en nuestras vidas el perdón como elemento potenciador de la felicidad, ya que nos ayuda a gestionar la culpa, una emoción que nos desborda en muchísimas ocasiones por los elementos de construcción social que en sí misma la definen. Es curioso que cuando hablamos de perdón surgen en nuestras vidas barreras y bloqueos vinculados a egos culturales y personales que ponen freno a una gestión adecuada de lo que consideramos emociones negativas, que en palabras de la propia Barbara Frederickson, limitan nuestras posibilidades de apertura a las miles de experiencias que nos plantea la vida. Normalmente, cuando hablamos de perdón, le otorgamos una visión liberadora del sufrimiento que actúa sobre quien lo recibe, sin plantearnos que los beneficios del perdón inciden directamente sobre quien lo pone como elemento potenciador en sus vidas, es decir, sobre el que pide el perdón, otorgándole una misión de construcción personal. Claro, este enfoque plantea un cambio en como interpreto y abordo mi sufrimiento como potenciador de mi propio bienestar personal. Si nos planteamos que el perdón está directamente relacionado con la templanza, es decir, una de las grandes virtudes humanas, que nos protege de lo que suelo definir como “ombliguismo”, es decir, de nuestro propio egocentrismo, el poner en nuestras vidas el perdón implicaría un cambio de visión personal, donde comenzaré a ver al otro. Sí, amigos y amigas, en muchas ocasiones la vida nos posiciona tanto en el “Yo tengo”… “Yo soy”…, que sin querer, llegamos a dejar de percibir al otro, ya que como define el propio Goleman en su última obra Focus, nuestra percepción se centra tanto en mi mundo interno que sin querer nos olvidamos de vivir fuera. En definitiva, el perdón es un elemento diferenciador que potencia en nosotros la gestión adecuada de emociones como el miedo y la culpa, posibilitando en nuestras vidas el crecimiento personal, permitiéndonos ampliar nuestra visión de la realidad, lo que potencia en nosotros la vivencia de los demás, pero al mismo tiempo implica una cambio en nuestro mundo emocional, lo que potenciará la aparición de las emociones positivas, como la alegría, la esperanza, etcétera, provocando cambios fundamentalmente en nuestra actividad cognitiva, que potenciarán cambios en toda nuestra realidad. Por ello descubre el perdón como potencial.
*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD
ESPAÑOLA DE PSICOLOGIA POSITIVA

24 de febrero de 2014

EMPANADA MENTAL

















Fernando M. Lemus Pérez
Leo J. Trese dice que sin el amor de Dios, la felicidad del cielo tendrá menos sentido para el hombre que una sinfonía de Beethoven para una vaca.
Analicemos pues el amor de Dios, entendiéndose el amor que cada uno pueda sentir por Dios, y que en consecuencia revierte en una felicidad con “sentido”.
Eso es, un amor cuya guía es el respeto en la palabra dada al ser amado, en este caso a Dios, y un amor basado en la inteligencia, en la lealtad y en la confianza.
Digamos que si se cree se debe cumplir con lo que se cree, aunque dicha fe sea en mayor o menor medida constante, porque es materia honorable cumplir con los compromisos adquiridos sobre la base de ese amor que el propio sujeto confesó.
Comprometerse, aunque sea en pequeños actos, como cumplir con el quiosquero el cual cada día reserva un ejemplar del periódico que le solicitamos, es llevar a su término la palabra dada, convirtiendo al individuo en un tipo del que uno se puede fiar.
Si miráramos hacia dentro, rebuscando en la zona oculta donde se esconden las promesas y compromisos adquiridos, seguramente nos ruborizaríamos por la colección de propósitos que en algún momento hicimos a modo de palabra dada y que, como una triste bengala, brillaron por un momento para al instante convertirse en tristes cenizas.
Si esa realidad superior o esperanza en una vida “flowerpower” después de la muerte con la que tantísimos sueñan, debe adaptarse a las formas de creer y practicar de cada uno, podría convertir a esa suerte de espiritualidad en un traje a medida tan abstracto, que hasta al más surrealista le produciría tal empanada mental que los desajustes y actos moralmente desencaminados dejarían de ser pecados, para convertirse en lo que cada uno, siendo su propio juez, decida.
Creer a mi manera es la mejor manera de no creer (entiéndase de no amar).
Nadie aprende a hablar a su manera, a conducir a su manera, a escribir a su manera, ya que necesita ser guiado por la mano experta de sus padres, profesores o lo que precise la materia o costumbre a adquirir.
Si en algo nos la jugamos es en la salud del alma, y las consecuencias que un mal uso de la misma pueda afectar a la vida eterna (se acepta flowerpower como animal de compañía), por lo tanto debemos dejarnos guiar por la mano experta y milenaria de la Iglesia Católica, cuyo primer pastor, Pedro, fue elegido personalmente por el mismo Jesús.
¡Buen lunes y feliz semana"
22 de febrero de 2014

23 de febrero de 2014

CUERDAS














Carmen I. Montoro
Si han consultado Facebook estos días tienen que conocer este corto de animación español. Una verdadera obra de arte que se ha visionado con éxito en redes sociales y desde luego se ha llevado una merecidísima estatua en los premios Goya del cine español. Escrito y dirigido por Pedro Solís García  y producido por Nicolás Matjí (el hombre detrás de las Aventuras de Tadeo Jones), narra la historia de amistad entre María y un nuevo compañero de colegio con necesidades especiales.
Gracias a Internet la historia se ha difundido entre el gran público y hemos podido tener una gran imagen de cómo varía la forma de hacer cine ya desde hace algunos años en España. Gracias, o por desgracia, puesto que el propio director ha suplicado que no se dé difusión a su obra ni se comparta, ya que la manera de rentabilizar el trabajo es moviéndolo en festivales y logrando patrocinadores. Cosas del cine, una gran obra hecha para el micromundo del cine. Y es que tiene razón, esta serie de cortos son devorados en estos eventos por cinéfilos, especialistas, gente del mundillo y de esta forma pueden estar años en circulación. El gran público se las pierde y hasta ahora no se ha visto la manera de hacer rentable que estas joyas lleguen a todos. Y es una pena que a través de esta historia nos demos cuenta de lo que nos estamos perdiendo.
Lo curioso de esta situación, es que además es un histórica autobiográfica, el hijo de Pedro Solís se llama Nicolás y su parecido con el protagonista de dibujos animados es asombroso. María es su hija Alejandra, mayor que Nicolás, que ha aprendido a jugar con su hermano y comunicarse con él de la manera más insólita. El hecho de no ganar lo pensado con este trabajo se traduce para el autor en no poder pagar atenciones especiales que quería dedicarle con esta pequeña empresa. Son muchos los buenos consejeros que le proponen que pida donaciones para los que la han visto y así recompensar el daño, que muchos han provocado desde luego sin saberlo.
Como comprenderán, después de conocer la historia, no voy a narrar sus bondades para que no caigan en la tentación de verla, a no ser que pueda anunciarles que llega como festival a Tenerife y podamos visionarla. Si no, espectadores frustrados y directores desilusionados, con lo que, paradojas de la vida, es una de las mejores historias de animación desde luego de nuestro cine y traspasa fronteras.
Escritora joven (aunque no le gusta que se sepa)


22 de febrero de 2014

"EL DRAMA DEL JUBILADO"













Juan Pedro Rivero González*
Muchas personas son las que anhelan alcanzar la edad en la que el sistema de la Seguridad Social premia a quienes han cotizado debidamente con una pensión de jubilación. Algunos añaden algún plan de pensiones privado que completa la mensualidad y garantiza mantener el ritmo de vida que llevaban antes de atravesar esa frontera “jubilar”. De todas formas, siempre se hará necesario la adaptación a la nueva situación que genera un inevitable vacío en las actividades de las personas.
Pero este anhelo no es universal. Últimamente he sido testigo de la jubilación de dos amigos profesores de la Universidad que, si el sistema les dejara, continuarían ejerciendo su tarea docente e investigadora a pesar de haber cumplido ya los 70 años. Es más, han generado un sentimiento de pérdida que me ha llamado poderosamente la atención. ¿Cómo pueden no desear ese tiempo de merecido descanso tras una vida de trabajo tan extraordinaria? Y la pena no la quita ni la fiesta de jubilación que organizan sus compañeros, ni el acto institucional de homenaje por muy exquisito que sea.
Esta mañana escuché en radio, en el mismo sentido pero en el ámbito sanitario, la terrible pérdida que sucede al jubilarse “buques insignia” de la investigación y la atención hospitalaria que, de igual modo, si no fuera porque cumplen inevitablemente la edad que cumplen, seguirían implicados en esa tarea. Educación, sanidad, gestión institucional, etc., etc. Tal vez sea verdad la ceguera de la “justicia” que busca la igualdad de todos ante la ley independientemente de cualquier circunstancia personal. Pero habría que abrir los ojos y reconocer que la justicia ha de buscar también la “equidad”; o sea, la justicia en el caso concreto. Porque no hay mayor injusticia que tratar de igual manera casos que son totalmente diferentes.
¿Por qué la sociedad se tiene que perder la experiencia docente de quienes han dedicado su vida a la docencia, si, a pesar de su edad, están en perfecto estado y con una lucidez impresionante? ¿Por qué hemos de perder la sabiduría que quienes han desarrollado protocolos y terapias y hecho avanzar los conocimientos médicos? ¿Por qué suponer que todos a la misma edad están en la misma situación?
La semana pasada cumplió 98 años el obispo don Damián. Ya sé que es un caso extraordinario del todo. Pero aún posee una lucidez que ya quisiera yo para mí. Y nos hemos perdido ya 28 años de sabiduría y experiencia. Hay que saber decir adiós, y dejar paso a otros con más fuerza y capacidad; pero hay que saber acoger y aprovechar la sabiduría que habita en toda biblioteca -en expresión de cultura africana-, que es un anciano.
Siempre preferiré fronteras líquidas que griten “equidad”.
*RECTOR DEL SEMINARIO DIOCESANO DE TENERIFE

21 de febrero de 2014

AIRE CON TOS Y SUSPIROS














María del Pino Fuentes de Armas
Centro de Atención Primaria, antes ambulatorio, un día cualquiera. Muchos pacientes esperando turno -por aquello de que se cita a las nueve de la mañana-, la mayoría acompañados -cada vez se vive más y los usuarios más frecuentes son las personas de cierta edad-. Olor a humanidad, a colonias varias y a ropa poco ventilada. El aire -cargado de tos y suspiros- se escapa por las puertas de acceso que abren y cierran continuamente. Las ventanas selladas a cal y canto, sin tener apenas un resquicio a la esperanza del aire fresco, ya que el personal se queja de las corrientes de aire. No hay sitio para sentarse, el gentío aumenta, aguardan en el vestíbulo, en los pasillos, junto a los baños, buscando de manera desesperada un trozo de pared en la que apoyarse.
Hay algarabía. Niños que lloran, personas que tosen, voces en alto, historias de enfermedades que van y vienen, móviles que suenan, conversaciones telefónicas y protestas. La verdad es que se quejan por todo, por la espera, por la falta de asientos, porque no hay máquina de café, porque hace calor..., y ves a alguien que saca un libro e intenta leer. Tarea imposible, el griterío va en sentido ascendente y de pronto sale una enfermera de la consulta. La asaltan y no es solo literalmente. Todo el mundo tiene algún dilema, pregunta o agravio que exponer. La chica aguanta estoicamente las preguntas, las protestas y los malos modos con una buena voluntad digna de elogio, se ocupa de todo con mucha mano izquierda, resignación y envidiable sangre fría. Se nota que está más que acostumbrada. De pronto se vuelve, entra en la consulta y cierra con precipitación la puerta. Debe sentirse como el domador cuando sale de la jaula de las fieras. Con el corazón a punto de escapar del pecho; en la mano lleva varios papeles.
La verdad es que con el pretexto de la enfermedad propia o cercana, la falta de educación alcanza extremos inauditos, se pierde el sentido de la mesura y se demanda -perdón, se exige-, una atención en la sanidad pública que luego no se pide en la privada, pagando cifras astronómicas por una consulta cualquiera y donde con la excusa de "hoy vamos un poco retrasados", le hacen esperar lo mismo que en el centro de salud.
El lector intenta abrir el libro y hacer que lee, pero la entrada de nuevo en escena de la enfermera, acapara su atención. Llaman a un paciente. Don Pedro de tal. No aparece. Alguien comenta que se ha ido, que estaba cansado de esperar. No estaría tan enfermo, piensa más de uno, aunque nadie se atreve a manifestarlo en este ambiente más bien hostil. Suben de tono las conversaciones, un par de pacientes sacan el móvil y se ponen a contar sus aventuras y desventuras a su familia o amigos. Lo hacen bajo un cartel, impreso en fotocopia, pegado con cinta adhesiva que reza: "Se ruega guardar silencio", y lo hacen sin que se les caiga la cara de vergüenza.
Cada vez que asoma alguien del centro se suceden las protestas a grito pelado, con intención de que las oiga el personal sanitario que anda cerca, en plan estoy citada a las cinco menos cuarto y son menos cinco, qué poca vergüenza, mira qué tranquilas van las enfermeras y uno aquí, esperando; a esas les pagamos el sueldo nosotros, menuda pandilla de vagos... Todo eso expuesto con la vulgaridad que manejamos los españoles en nuestras relaciones con "lo público".
Las personas con cierta educación miran al vacío como si no vieran no oyeran. Cuando se entra en la consulta, a través de la puerta cerrada, se percibe el espantoso vocerío que continúa fuera, las desconsideradas conversaciones en voz alta y también la mirada cansada del médico de familia. Cabe preguntarse cuánto nos queda de sanidad pública.
"EL DÍA" TENERIFE 17.02.14

20 de febrero de 2014

LA DIGNIFICACIÓN DEL PROFESORADO














Francisco-M. González*
Alguien puede decir, "que ya no me afecta" porque estoy jubilado. ¡Sí, me afecta!, porque no pienso dejar de ser profesor mientras viva, y todo lo que le afecta a mis compañeros en activo, lo siento y lo padezco como ellos mimos, lo mismo que sus éxitos y alegrías.  Fueron cuarenta y un año "a pie de aula" y por ello no me resisto a aportar mi modesta experiencia por si a padres y compañeros, le resulta de utilidad
La educación  debe tener un lugar prioritario en un programa de gobierno, lo mismo que la sanidad y la seguridad, porque son los tres pilares básicos sobre los que se fundamenta el desarrollo, progreso y, como consecuencia, el bienestar de una país. Más aún, a mi modo de ver, cualquiera de esto tres sectores debiera ser objeto de política de estado, mediante un pacto o consenso entre las diversas fuerzas políticas y sociales, buscando el “bien común” de todos los ciudadanos. Es cierto, que esto que escribo, es “políticamente incorrecto”, pero no es menos cierto que hay muchos ciudadanos de “a pie” de los que contribuyen a hacienda que piensan así. Aunque tengo mis dudas, de que en nuestro país, algún día  estará bien visto  o se “políticamente correcto” pensar de forma coherente, sensata y utilizando el sentido común. No voy a entrar en política, que no es mi tema, y menos todavía en estos días de  campaña electoral.
La sanidad y la seguridad, que también afectan a la familia, -vaya si afectan-  las dejo para otro día. Ya que lo que pretendo hoy,  es insistir en algo, que se da por sabido: “la importancia y trascendencia de la educación”. En esto me parece que todos estamos de acuerdo, algo que se sabe  Pero coincido en lo que siempre insistía el malogrado profesor  Juan Antonio Vallejo-Nájera “en España lo que se da por sabido, por lo general, nunca  se hace”. Prueba de ello, es que en lo últimos años se han elaborado varias leyes, reformas y contrarreformas educativas con unos resultados o con nota de “muy deficiente”. Pero lo que está por hacer: es solucionar el desastre educativo de nuestros alumnos y mejorar o elevar el nivel de su educación  integral, que en muchos casos, ha descendido a niveles insospechados. No hay más que ver las estadísticas –de las que no soy muy partidario- y los informes de diversos organismos internacionales de reconocida solvencia. Por los que, después de cuarenta y dos años de docencia, personalmente siento vergüenza.
La figura clave y fundamental, junto con los padres y los alumnos, en la mejora y en el éxito del sistema educativo, está en primer lugar el profesor. Por ello, es necesario la dignificación y refuerzo social de los profesores, mediante una carrera docente, en la que se reconozcan sus méritos educativos y profesionales; y, junto a eso, una justa retribución para que puedan vivir con la sufriente holgura y puedan dedicarse, en exclusiva o por entero, a su labor docente. En Canarias además,  hay que tener en cuenta el coste de la insularidad, que cada vez es mayor. En Finlandia que en educación está a la cabeza de Europa, ser profesor es una  de las profesiones con más prestigio y sueldo del país.
En España basta echarle un vistazo a las cabeceras de los periódicos, para darse cuenta que, la violencia escolar en todas sus vertientes es un hecho manifiesto, así como  la creciente indisciplina en algunos de nuestros centros está alcanzando cotas insoportables;  Incrementada por la creciente desestructuración familiar, la crisis social de valores, y por el creciente fenómeno de la emigración.
Como consecuencia, es necesario devolver al profesor el prestigio, el protagonismo y la autoridad que deben tener. Fortalecer y respaldar la autoridad del director, del jefe de estudios y, sobre todo, del profesor en el aula, en el patio de recreo o donde sea necesario Un profesor sin autoridad no tiene sentido, como he argumentado en mis últimas columnas, pero necesita para su consolidación, el apoyo por parte de la Administración Pública, de los padres, de la sociedad y de los medios de comunicación…
Este tema da para mucho, porque también es mucho lo que nos jugamos en la educación de nuestros  hijos. Como decía al principio, el desarrollo y bienestar de un país, la convivencia en paz y democracia, depende del modelo y ejemplo educativo que demos a nuestros jóvenes, desde muy pequeños, para que logren llegar a ser buenas personas y buenos ciudadanos: libres, responsables, trabajadores y honrados…. Hay que enseñar y educar, hay que dignificar la figura del profesor, ya que tiene una  tarea nada fácil: educar o enseñar. Pero que no hay  nada más apasionante y hermoso, e incluso  relajante, que enseñar.
Si se hace con gusto. Autoridad y cobrando lo justo; si se sabe lo que se enseña; y se conoce de verdad al qué se enseña, con el qué se puede mantener un diálogo respetuoso, amistoso, y enriquecedor. Esta labor docente, ha sido mi experiencia más gratificante y enriquecedora.
*PROFESOR DE "A PIE"  JUBILADO Y ORIENTADOR FAMILIAR

19 de febrero de 2014

NO HAY PADRES PERFECTOS























Adolfo Torrecilla
“Buscamos una niñera para Linda, una preciosa niñita de cinco años, hermosa, sensible, creativa, inteligente y expresiva”. Así rezaba un anuncio publicado en un periódico de Estados Unidos en el que unos padres buscaban una niñera para cuidar de su hija. Sin ningún pudor, los padres consideraban a su hija como una niña especial, distinta, exclusiva, como les sucede a tantos padres de hoy, que también están obsesionados con la educación y formación de sus hijos.
Gregorio Luri (Pamplona, 1955), docente, experto en formación familiar, doctor en Filosofía, analiza en Mejor educados (1) esta actitud de muchos padres actuales que quieren ser novedosos en sus métodos pedagógicos, que ponen en los hijos unas desproporcionadas expectativas que luego resulta muy complicado que se hagan realidad.
Olvídese de la “psicología positiva”
En uno de sus anteriores libros, La educación contra el mundo (cfr. Aceprensa 7-07-2010), Luri demostraba, con mucho acierto, las consecuencias de unas leyes educativas apoyadas en ideas filosóficas y pedagógicas ampulosamente calificadas de progresistas, pero con un conocimiento errático de lo que es el mundo de la educación y la condición humana. Por desgracia, estas ideas no solo han calado en el ámbito educativo sino que también se han trasladado al mundo familiar, modelando el discurso afectivo y educativo hacia una “psicología positiva” ampliamente ridiculizada en algunos apartados de este libro. Esta psicología, contaminada por la literatura de autoayuda y la moda New Age, se transforma en una “moral acaramelada” que, subraya Luri, “ofrece ejemplos de una cursilería casi perfecta”.
“Este libro que tienes en tus manos –escribe el autor– surge de la convicción de que, sean las que sean las incertidumbres del presente, hay tres condiciones imprescindibles para encarar los retos de la paternidad con alguna garantía de éxito: la tranquilidad, la sensatez y el amor familiar”. En el libro no duda en recurrir a Los Simpson, la popular serie televisiva, no porque sean un ejemplo de padres perfectos (que no lo son; al contrario) sino porque son capaces de reconocer sus errores y de mantener unida a la familia pase lo que pase.
Luri quiere rebajar así las graves responsabilidades a las que se someten los padres actuales, por lo que les propone admitir los fallos, actitud que deben también transmitir a sus hijos, pues no todos son unos genios ni unos dechados de excelencia. Es cierto que educar hoy, comparado con el reciente pasado, es más complicado, pues el contexto social y familiar puede ayudar poco; pero eso no debe significar cuestionar absolutamente todos los valores y métodos para sustituirlos por otros políticamente correctos y de dudoso éxito y viabilidad.
Saber poner reglas
Lo primero que deben tener claro los padres, y que no lo suelen tener ni siquiera las escuelas modernas, es la respuesta a una pregunta obligada: ¿qué es un buen hijo? El libro de Luri, de manera muy amena y concreta, intenta dar respuesta a esta trascendental pregunta. Y lo hace cuestionando a menudo los valores pedagógicos asentados en la sociedad actual.
Por ejemplo, el primer capítulo lo dedica a la importancia de la disciplina en la educación de los hijos. “No hay nada más inteligente que ser disciplinados”. Para conseguir esto no hace falta, en el ámbito familiar, poner mil reglas, “sino pocas y suficientemente claras para no tener que estar continuamente discutiéndolas”. Luri reflexiona con claridad sobre los castigos, las medidas disciplinarias y los excesos. “Cuando los padres no ponen las normas, los hijos tienen que descubrirlas”.
Transparencia en la escuela
Tras la disciplina, aborda el papel de la escuela y de los profesores. Para Luri, no existe la escuela perfecta, pero sí existen unos parámetros que todas deberían más o menos cumplir para conseguir lo mejor de los alumnos. Luri defiende la necesidad de la transparencia para que los padres conozcan con datos fiables la calidad educativa de los centros. Además, desconfía de los docentes que se han convertido en profetas de la “psicología positiva”: “cada vez que oigo a un maestro defender que su trabajo no es transmitir conocimientos, sino hacer felices a sus alumnos, me compadezco de estos. Tienen muchas posibilidades de salir de la escuela infelices e incultos”.
Y pone el dedo en la llaga de una realidad bien palpable para los que se dedican a la educación: la de los padres que atosigan a los hijos y los profesores con su obsesión por cualquier retraso de su hijos. Y lo explica: “los padres con títulos universitarios consideran que su obligación moral es implicarse activamente en la vida de sus hijos, registrando minuciosamente sus progresos, viviendo con preocupación todo aquello que sospechan que puede entenderse como un retraso evolutivo, consultando a especialistas –y en Google, claro–, y haciendo todo cuanto pueden por estimular las capacidades cognitivas y sociales del niño. Y allá donde no llegan ellos, acuden a clases particulares de idiomas, kárate o Kumon. Sin embargo, son estos los padres que suelen mostrarse más inquietos por no disponer de suficiente tiempo para atender a sus hijos”.
Luri habla del rol de los padres y de la importancia de los valores; también de la influencia de la televisión, las pantallas, Internet, las redes sociales: “una familia no es un grupo de personas reunidas en torno a un televisor”. Ironiza sobre los padres hiperprotectores, los que consideran que su hijo es un genio incomprendido y los preocupados por apuntar a los hijos al mayor número posible de actividades extraescolares: “no hay arte marcial –escribe–, por extraño que sea, que no lo practique un grupo de niños españoles”. Defiende la importancia de la lectura, del silencio, del aburrimiento y de la amistad, como antídotos de algunos abusos modernos. Sobre la educación diferenciada aporta unos datos que demuestran a las claras cómo hoy día esta educación contribuye a mejorar los resultados, especialmente de los chicos.
Luri derrocha sentido común: “educar a nuestro hijo en el interior de una burbuja narcisista no le hace ningún bien”. Y dice a los padres verdades de perogrullo que, sin embargo, están hoy día olvidadas y difuminadas entre una maraña de consejitos y obsesiones pseudopedagógicas: “A vuestro hijo lo educáis con vuestros consejos, pero sobre todo con vuestro ejemplo”, advierte.
Mejor educados es, pues, un libro de mucho interés para padres, profesores y todas aquellas personas vinculadas a la educación. Proporciona ideas para buenos debates y muchos temas de conversación.
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(1) MEJOR EDUCADOS Gregorio Luri.. ARIEL. BARCELONA (2014). 232 págs. 17,90 € (papel) / 12,99 € (digital).
ACEPRENSA 12.02.14

18 de febrero de 2014

NO HICIMOS LA LEY PARA ESO












Ignacio Aréchaga
Las leyes que abren una brecha donde antes había un obstáculo legal tienen siempre impulsores, a menudo bienintencionados, que pretenden dar salida a situaciones excepcionales.  Pero las leyes tienen su propia dinámica y sus efectos educativos o deseducativos sobre los ciudadanos.
En estos días hemos podido oír los comentarios desencantados de algunos impulsores de leyes permisivas, que en su momento se presentaron como solución para casos excepcionales. En Holanda, el psiquiatra Boudewijn Chabot fue uno de los más firmes defensores de la eutanasia. En 1994 proporcionó un fármaco letal a una paciente de 50 años que deseaba morir para librarse de su sufrimiento psíquico (había perdido a sus dos hijos y acababa de divorciarse); el Tribunal Supremo absolvió al psiquiatra, admitiendo que el sufrimiento del enfermo podría ser también psíquico, aunque no estuviera aquejado de una enfermedad incurable en fase terminal. A partir de entonces se impuso una práctica cada vez más tolerante, hasta que se llegó a la plena legalización de la eutanasia en 2000.
Ahora Chabot ha publicado un comentario crítico en el diario NCR Handelsblad sobre el caso de una mujer de 35 años con enfermedad mental. Había pedido la eutanasia a su médico de familia, que había consultado con otro médico, como exige la ley, y este había dictaminado que no cumplía las condiciones previstas. Pero el médico de familia no se conformó y consultó a un segundo médico, que también lo rechazó; finalmente recurrió a un tercero, que estuvo conforme. Cuarenta y ocho horas después, la enferma fue eutanasiada. En 2012, 14 enfermos mentales recibieron la eutanasia en Holanda.
El psiquiatra Chabot sigue siendo favorable a la eutanasia, pero confiesa que “no se siente a gusto” con este ley, que tiene demasiados “defectos”, y declara sentirse “sorprendido por la reciente evolución”.
Otro que también está incómodo con los resultados de la ley que promovió es David Steel, el político liberal padre de la ley del aborto en Inglaterra en 1967. En Inglaterra y Gales hubo más de 185.000 abortos en 2012, y en el 37% de los casos se trataba de mujeres que ya habían tenido uno o más abortos previos. Steel, que ya se había declarado antes impresionado por el número de abortos, lamenta ahora: “Es extraño que tantas mujeres tengan abortos repetidos, a veces más de dos, lo que sugiere que están utilizando el aborto como un medio anticonceptivo. No era ese el propósito de la reforma de 1967”.
Pero los resultados de una ley no siempre tienen que ver con su espíritu. Lo decisivo acaba siendo el mensaje que transmite y las posibilidades que ofrece.
Tampoco estaba previsto que la ley se utilizase para abortos selectivos en función del sexo, y sin embargo es algo que ha empezado a hacerse también en Europa. El pasado septiembre saltaron a la luz pública casos de clínicas dispuestas a hacer abortos por este motivo en el Reino Unido, lo que es ilegal, pero la fiscalía  no formuló cargos porque  el “interés general” no lo exigía.
Mujeres pro-choice se indignaron entonces de que una ley saludada como un avance para la mujer se utilizara precisamente para eliminar a los fetos femeninos, que suelen ser los no deseados en esos casos. Apelar a la autonomía de la mujer no podía justificar tratar a las niñas como criaturas menos valiosas.
Esta es también la convicción de  Mara Hvistendahl, autora de Unnatural Selection, libro en el que denuncia “la guerra contra las niñas” por el aborto selectivo en China e India, práctica que empieza a extenderse también a países occidentales. Hvistendahl defiende el derecho al aborto, pero le repugna que la mujer decida llevar o no a término su embarazo en función del sexo del feto. “Después de décadas de luchar por el derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo, es difícil dar marcha atrás y señalar que las mujeres están abusando de ese derecho”, dice.
Pero otras no ven ningún abuso, sino la consecuencia lógica del “nosotras decidimos”, que no admite excepciones. Si el feto puede ser eliminado por cualquier motivo (económico, social, eugenésico…) que le haga indeseable para la mujer, ¿por qué no por razón del sexo? El criterio pro choice defiende la elección, pero se ve impotente para distinguir entre buenas y malas  razones para elegir.
La experiencia enseña que lo que se admitía como excepción, acaba exigiéndose en la práctica como un derecho, ya que cada uno piensa que su situación es singular. Y el resultado final puede ser muy distinto de lo que habían pensado los padres de la ley.
EL SONAR (ACEPRENSA)

17 de febrero de 2014

UBUNTU





















Fernando M. Lemus Pérez
Muchos relacionamos la palabra Ubuntu con la informática, más concretamente con el software libre, ya que es el nombre de una famosa distribución del sistema operativo Linux. Llevo varios años usando Ubuntu, pues encontré en este software una sólida alternativa a Windows que me permite hacer un 90% de las tareas a las que el sistema operativo de Bill Gates me tenía acostumbrado, pero con la ventaja de hacerlo en un entorno libre de virus y completamente gratuito.
Ubuntu es fruto del proyecto de Mark Shuttleworth, un millonario empresario informático dueño de Canonical, una empresa tecnológica con base en Sudáfrica.
En una de mis numerosas y ajetreadas experiencias con Ubuntu recuerdo una ocasión, un día de esos que parece que los problemas se multiplican y los que están a medias no acaban de resolverse, que decidí aparcar por un rato la tarea técnica con el ánimo de romper tal dinámica negativa, con el fin de despejar la mente en otros menesteres. Así que me dio por ponerme a buscar el significado de la palabra Ubuntu a través de la conexión a Internet de mi teléfono, lo que encontré no es el significado a una palabra sino de una actitud, ya que Ubuntu consiste en una regla ética aplicada por los sudafricanos que se centra en la lealtad de las personas y las relaciones entre estas. Anotado en mi agenda quedó con el firme propósito de profundizar algo más en esta bella virtud, la de la lealtad.
Desmond Tutu Arzobispo Anglicano de Sudáfrica y Premio Nobel de la paz en 1984, describía así el significado de Ubuntu “una persona con ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazado cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos.”
Todas las virtudes por buenas son buenas, pero la lealtad es una hermosa virtud que siempre consigue emocionarme cuando es llevada a sus últimas consecuencias. Cuando he tenido la ocasión no he dejado de leer un relato o ver una película donde el hilo conductor es la lealtad, que siendo bella virtud es heroica, pero también dura y áspera por momentos, pues muchas veces la lealtad mueve a seguir a una persona a pesar de no entenderla. No es fácil.
El amigo leal busca sólo el bien de su amigo aunque le cueste. Perdona los errores con paciencia.
La lealtad es fruto de un ejercicio gratuito de libertad basado en el amor incondicional que una persona llega a sentir por otra porque ha conseguido amarla a pasar de todo lo que es, lo que no es, lo que tiene y lo que no tiene.
Cuando estamos ante un problema del que pensamos que no podemos salir, problema grave, pensamos en el amigo o la amiga leal, ese que realmente lo sufre como si le pasara a él mismo y cuya discreción es seña de identidad y seguro de guarda de las más delicadas confidencias.
La lealtad mueve a las personas que la practican a hablar bien de ti a tus espalda
La amistad basada en el amor desinteresado alimenta el vínculo con sinceridad, generosidad, gratitud y lealtad.
Sócrates aplicaba la siguiente fórmula cuando alguien venía a murmurarle algo de un conocido: “si lo que me quieres decir no sabes si es verdad, si es bueno o incluso inútil, ¿por qué me lo quieres decir?”
Cierto es que “el que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos”, tal y como dice el proverbio turco, por eso es motivo de amistad esa corrección cariñosa, amable y paciente que el buen amigo debe tener hacia el otro con el noble ánimo de ayudarlo a no errar.
Hablar de lealtad y no hacer un guiño al Quijote es como ir a Madrid sin pasar por el “Calderón”. Y en ese juego de heroica lealtad por donde discurre la obra de Cervantes, el bueno de Sancho hacía ver al Caballero de la triste figura que las virtudes que crecen de adentro terminan dando frutos de vida nueva.
Cada día, Sancho, te vas haciendo menos simple, y más discreto” (Miguel de Cervantes, "Don Quijote de La Mancha")
¡Buen lunes y feliz semana!
Santa Cruz, 16 de febrero de 2014

16 de febrero de 2014

BRAVE











Carmen I. Montoro
El artículo de hace dos semanas hablaba sobre Rapunzel y la característica Disney de endulzar los finales dramáticos de Andersen y de los hermanos Grimm. En este caso quiero recordar que esta gran fábrica de dibujos animados también crea historias originales como es el caso de Brave.
Para empezar la historia posee una banda sonora impresionante y unos paisajes completamente evocadores donde no parece que estemos viendo un dibujo animado sino un documental de la antigua Escocia.
Al ser una historia original en vez de modificar el guión de otro creador nos ofrece una propuesta original. La heroína es una chica joven que quiere libertad a toda costa y que se rebela contra los dictados de la tradición.
Su madre es una fiel seguidora de las costumbres, en parte porque también conoce a fondo la historia de su nación. Ambas, madre e hija, tienen bondad, fuerza y valentía, pero entienden la vida de una forma distinta.
De una forma sutil la historia nos lleva a un punto perfecto donde ni la madre con su rigor ni la hija con su fuerza logran demostrar que su postura en la vida es la adecuada. Es la propia vida, el destino, el que les enseña cómo encontrar el equilibrio para pensar en los demás y en el deber; y no perder al mismo tiempo la personalidad.
La vida tiene su punto de misterio, de un buen plato que hay que degustarlo en partes, sin perder la pasión por vivir cada momento pero adquiriendo con la experiencia el equilibrio necesario para que nuestro quehacer tengo un sentido. Además, este guión demuestra que siempre quedan buenas historias por contar.

Escritora joven (aunque no le gusta que se sepa)

15 de febrero de 2014

"LA SIERVITA"























Juan Pedro Rivero González*
El próximo sábado, como todos los 15 de febrero -porque esa fue la fecha en que murió-, muchas personas se acercarán al Monasterio de Santa Catalina de Siena, en La Laguna. Algunos desde la curiosidad; muchísimos desde la fe. Todos a visitar el sepulcro de Sor María de Jesús, la Sierva de Dios, y derramar una súplica para que interceda por alguna situación difícil o por una circunstancia grave.
Es muy interesante lo que ocurre en La laguna y en El Sauzal respecto a esta monja de clausura. Acostumbrados a imaginar que los santos son seres extraños y con un halo extraordinario que dista abismalmente de nuestra realidad, en esta circunstancia nos atrae saber que ella fue una mujer de nuestra tierra, como nosotros, con padres y hermanos, con dificultades de las nuestras, que experimentó la alegría y la tristeza, como todos nosotros, y que, así y todo, mantuvo una maravillosa relación de amistad con Dios.
Eso, y sólo eso, es un santo. Eso fue José de Bethancout y José de Anchieta. Eso los mártires de Tazacorte, y tantos canarios anónimos que acogieron con disponibilidad extraordinaria la Misericordia de Dios. Los santos son de carne y hueso. Como Jesús, en hijo de María. De carne y hueso como quien escribe esto y quiénes lo leen en este día. De carne y hueso. No son raros, extraños, inhumanos... Fueron como tú y como yo.
¿Quién es un santo? Esta pregunta la hacemos quienes conocemos la temperatura del bien en nuestra vida y los límites de nuestra libertad. Los santos lo son porque fueron humanos y débiles como todos, pero porque respondieron a la Misericordia que Dios tiene con todos nosotros. Los santos son como aquella oveja que el pastor bueno fue a buscar y cargó sobre sus hombros para reincorporarla al rebaño. Un santo es siempre un pecador arrepentido. Un santo es aquel que no se resignó al pecado y buscó el perdón. Un santo es, en definitiva, una amigo de Dios por los méritos de Jesucristo.
No hay santo sin pasado ni pecador que no tenga futuro. Es bueno pensar estas cosas cuando hagamos cola para visitar a la Siervita este sábado. Ella no es una persona rara de nuestro pasado; ella es una señal para nosotros que, a pesar de nuestro presente, tenemos futuro.
Sor María de Jesús, ruega por nosotros.

*Recetor del Seminario Diocesano de Tenerife

14 de febrero de 2014

RATA DE BIBLIOTECA

















María del Pino Fuentes de Armas
Siempre que hablo con alguien sobre mi pasión por la literatura utilizo la misma frase: soy una rata de biblioteca. Y no crean que conozco con nombre y apellidos a algún roedor empecinado en anidar en el interior de mi biblioteca. No. Se trata de algo más simple, es la historia de un amor desmedido por los libros, por sus marcas y cicatrices propias, por las historias que en ellos se contienen y que tallaron las mías, porque en la geografía de sus páginas encuentro parte de lo que soy, de lo que leí, dónde lo leí y cómo. Un libro son recuerdos, olores y momentos, el lugar perfecto para ver pasar la vida, para que una rata atraída por el aroma del papel le encuentre sentido al anidar en sus páginas y roer sus sueños.
Hagan el ejercicio de ordenar la biblioteca, abran los libros al azar y busquen las huellas olvidadas, las dedicatorias de los que fueron y no son, los recuerdos de momentos y lugares donde los leyeron, todo aquello que le confiere un carácter particular y una vida propia que, en mi caso, espero sobreviva a la mía. Nadie puede arrebatarnos lo leído. Así que, en cada revisión para ordenarlos o limpiarlos, aprovecho para repasar las huellas que han quedado en ellos. Los libros deben pasar a otras manos cercanas que se enriquezcan con sus historias y que les proporcionen el consuelo de la palabra. Es triste pensar que -como muchas posesiones temporales- puedan acabar sus días en un tenderete de rastro o en una librería de segunda mano. Algo que siempre es preferible a la idea de imaginarlos condenados al fuego o a la destrucción, pero prefiero soñarlos abrazados por alguien que busque entre sus caracteres el roce de mis manos, recordándome.
En su interior y por descuido, dejamos marcadores: tarjetas de embarque de líneas aéreas, algún papel con notas al dorso, acreditaciones de prensa, credenciales de un congreso, facturas del taxi, una volandera con publicidad de un restaurante... casi todo fue utilizado a modo de señal de lectura. También se encuentran otra clase de huellas: subrayados, marcas antiguas deliberadas o involuntarias, notas que a veces nada tienen que ver con la materia del libro, marcas de suciedad, manchas de lluvia o agua salada, restos de arena de una playa. Incluso una huella de sangre de la que nada recuerdas; ni siquiera si es propia o ajena... restos del naufragio de posibles dramas olvidados. Y es que para mí un libro no es sólo un libro. Es también, entre otras cosas, el consuelo que me dio en cada momento, la diversión, la compañía, el mundo que me mostró, los lugares que no visité. Hojeándolos compruebo que muchos de los títulos, autores, contenidos, lugares y momentos los olvidé; pero que otros siguen claros en mi cabeza, y que basta con releer algunas líneas para recordar de golpe el sonido del mar al romper en la playa de la Isla, el lametazo de las olas sobre las que planeaban las gaviotas... y aquella mujer triste que lloraba en el contraluz rojizo del atardecer, emborronando levemente la tinta de la dedicatoria autógrafa del autor; una mujer sola y olvidada de la mano de Dios que pisaba sus propias huellas en la arena, temblando de miedo ante una historia, la suya, que se rompía en mil pedazos y que nada tenía que ver con la de los protagonistas del libro que aferraba entre las manos.
Esta mujer emprendió su último viaje sin dejar atrás su tesoro de papel, cargó con sus libros como equipaje y, cada día, se pierde en las miles de vidas contadas que -por mucho que se esfuercen los autores- jamás caminarán paralelas a la suya. Su realidad supera a la ficción, por eso -convertida en rata de biblioteca-, busca incansablemente el final de su propia historia
EL DÍA (S/C. DE TENERIFE) 100214

13 de febrero de 2014

PENSADORAS DEL SIGLO XX DE IVÁN LÓPEZ CASANOVA






















El próximo lunes, día 17 d febrero de 2014 a las 19.30 en la MAC (Mutua de Accidentes de Canarias) en la calle Robayna esquina Castillo: casa Elder. Organizado por la  Asociación Cultural  "Tu Santa Cruz", tendrá lugar un coloquio en tono a la obra: PENSADORAS DEL SIGLO XX: UNA FILOSOFÍA DE ESPERANZA PARA EL SIGLO XXI, del autor tinerfeño Iván López Casanova. Presentado por el periodista, Jorge Calamita
La profunda crisis de la cultura exige soluciones, y no son pocos los que las buscan. El autor propone abordarla de la mano de cinco intelectuales contemporáneas, que ofrecen su valiosa ayuda ante el laberinto del relativismo: Simone Weil, Edith Stein, María Zambrano, Hannah Arendt y Elizabeth Kübler-Ross.
Iván López Casanova (Tenerife, 1959) es Licenciado en Medicina, especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, y Máster en Bioética por la Universidad de La Laguna. Ha impartido numerosas conferencias en el ámbito de la Orientación Familiar, especialmente sobre la adolescencia, y cursos de Antropología filosófica para universitarios.

GIANNA JESSEN SOBREVIVIENTE AL ABORTO


12 de febrero de 2014

“QUÉ SEAN BUENA GENTE”

















Francisco-M. González*
Hace años, cuando me subía el tren Rías Altas, que iba desde Santiago de Compostela a Madrid, me encontré con el padre de un íntimo amigo mío, que hacía el mismo trayecto; por lo que decidirnos quedarnos en el mismo departamento para hacer juntos el trayecto. Siempre recuerdo aquel viaje. Entonces, el tren aunque era “expreso”, no circulaba a las velocidades del “Ave” y en aquellos viajes – por lo general de noche- había tiempo para todo.
Cuando empezamos a charlar, le felicité por los éxitos de su hijo como  pediatra, ya que su nombre, a pesar de su juventud, iba alcanzando cierta relevancia, allá en Santiago: donde no es nada fácil destacar en el ámbito de la medicina. Ya había sido brillante en sus estudios, toda la carrera la hizo con beca, y en aquel tiempo a los becados se les exigía. La universidad era más rigurosa. Lo que me sorprendió y me quedó grabado es el comentario y  la pregunta que  me hizo este señor – hombre de campo, sobrio castellano y parco en palabras.
-“Cierto, es inteligente -pero eso se  lo ha dado Dios, tiene una buena consulta, gana dinero... Pero, a mí me preocupa otra cosa: ¿es buena persona?... ¿Se preocupa por los demás,  sobre todo por los que no tienen, es hombre de palabra, es honrado y  trabajador? ¿Es amigo de los amigos? Así es como me gustaría que fuera mi hijo Damián. Y poco más habló el resto del camino.
Yo conocía a Damián, de las “chiquitas” –de vino- y de los bocadillos de calamares, en el bar Roix, famoso para los estudiantes compostelanos; intimamos por nuestra asiduidad a una librería de viejo -y de todo-, típica de Santiago; y a la biblioteca de Filosofía y Letras, dada nuestra común pasión por los libros y por las humanidades, a pesar de que él era médico. Pero ¿cómo persona? Éramos jóvenes, y yo nunca me había planteado, la noción o concepto de “persona buena”. Ahora me lo planteo con frecuencia… ¡Que sabiduría  la de aquel hombre! ¡Que lección socrática, sencilla y magistral!
Este señor, no muy letrado, pero sí una excelente persona,  tenía claros  los objetivos educativos que se  había planteado con sus hijos: ayudarles a lograr aquellas virtudes humanas que se vivían en su casa; en su familia, en lo que contaba con el apoyo de su mujer –a la que en este sentido, hizo alguna referencia. En la actualidad, ¿la mayoría de los padres elaboran  un plan realista para la educación de sus hijos, perseveran en él, le echan tiempo, y exigen de los poderes públicos un tipo de enseñanza de acuerdo con sus convicciones? Tengo mis dudas.
A lo sumo:  qué la niña o el niño “sea feliz” –éste era el objetivo educativo básico de un colegio de Madrid, hace unos años-; otros cifran su objetivo en sacar  el  “título” de una carrera superior – estudios medios, no sé di todavía hay-. Pero educar a los hijos  desde la cuna en virtudes o valores para la vida, como el respeto, la justicia, la sinceridad, la fuerza de voluntad, la solidaridad, la responsabilidad, etc; son muy pocos los que lo pretenden y además luchando a contracorriente. Así las cosas no van: aumenta la violencia intrafamiliar, la inseguridad social, los matrimonios desechos y los hijos abandonados, suicidios, drogadicción, la tan cacareada crisis económica...
Si queremos que nuestros hijos sean felices –la felicidad no es cosa de vagos- y que hagan los estudios para los que estén dotados,  tenemos que ayudarles, además, a que sean buenos hijos, buenos hermanos, buenos estudiantes, buenos profesionales, buenos ciudadanos, en definitiva buenas personas. Capaces de dirigir su propia vida: libres y responsables. Capaces de convivir y cooperar con los demás. Y, capaces  de adaptarse  y hacer  frente a lo imprevisto. En suma: ser unos “rebeldes”; con una rebeldía positiva frente a las malas influencias del ambiente consumista y hedonista,  que nos ha tocado vivir. Pero, todo eso hay que conseguirlo con esfuerzo, tesón  y esperanza, porque sin esperanza la vida carece de sentido.
Es cierto, todo está muy mal, pero no podemos recrearnos en la simple conmiseración Hay que hacer algo. Y a mi modo de ver, como la de otros muchos, es necesario formar a las nuevas generaciones en valores a los que antes me he referido, y de ahí saldrán, buenos profesores,  hábiles economista, rectos juristas, empresarios con imaginación y seriedad ...y hasta políticos a los que les preocupe el bien común. La clave está en fortalecer la familia y elaborar, al margen de cualquier política de partido, un buen plan de enseñanza.

ORIENTADOR FAMILIAR