OTOÑO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



15 de agosto de 2017

BAJO LA LUZ DEL SEMBRADOR DE ESTRELLAS

















Iván López Casanova
Un artículo de Andrés Cárdenas en La República (Ecuador) recoge una afirmación muy reveladora de Nicholas Kristof -columnista americano en The New York Times- en el que analiza la sorpresa electoral americana: "Nosotros los progresistas creemos en la diversidad pero no en la diversidad ideológica y religiosa. Estamos cómodos con gente que no es físicamente como nosotros, mujeres, negros, latinos, gays y musulmanes, siempre y cuando piensen como nosotros".
Sigue Cárdenas explicando que el liberal Kristof reconoce, con honestidad intelectual, que "sus amigos de Facebook tienen una notable compasión por las víctimas de la guerra en Sudán del Sur, por los niños que han sido traficados e incluso por las gallinas que fueron abusadas, pero ninguna empatía por un conservador discriminado".
También, comenta Cárdenas la genial ironía de un programa de televisión que inventa un pueblo burbuja, una comunidad para inteligencias abiertas, librepensadores y nadie más: "Si eres una persona de mente abierta, ven aquí y enciérrate en ti mismo", será su lema en clave de parodia verosímil.
Luminoso: el relativismo genera intolerancia. Advertía Spaemann que el escéptico deviene en cínico y termina en fanático; primero escupirá comentarios sarcásticos sobre cualquier certeza moral o ideal, y después arrojará espuma por la boca. La tolerancia, en cambio, es consecuencia de la búsqueda de la verdad; entonces se descubre la complejidad intelectual y el respeto profundo a la conciencia de todas las personas, aunque las consideremos equivocadas.
La pretensión de verdad, además, conduce a la humildad intelectual -y esta, a la tolerancia-. Dos ejemplos de grandes intelectuales muy distintos. Uno, Antonio Machado en el poema LXXXVIII de Las soledades: "Tal vez la mano, en sueños, / del sembrador de estrellas, / hizo sonar la música olvidada / como una nota de la lira inmensa, / y la ola humilde a nuestros labios vino / de unas pocas palabras verdaderas".
Otro, Joseph Ratzinger , cuando expone la necesidad de "una humildad de pensamiento preparada siempre a inclinarse ante la majestad de la verdad, ante la que no somos jueces sino pobres mendicantes". ¿No poseen la misma sumisión respetuosa frente a la verdad tanto el grandísimo poeta republicano español como el Pontífice de la Iglesia Católica?
Así pues, entre liberales y conservadores, creyentes y no creyentes, progresistas y no progresistas -si esta distinción les parece legítima-, hay grandes diferencias en cuestiones de calado, en temas de fondo. Pero esto mismo hace urgente que en Occidente -Europa, América, Australia...- nadie se pueda sentir discriminado o empujado a ocultar su identidad para poder sentirse cómodo en su casa común. O sea, hacer realidad la tolerancia.
Por ello, cada vez valoro más la intuición del ideal cosmopolita del filósofo español Javier Gomá para superar las divisiones propias de un romanticismo anacrónico y decadente. Así, por encima de ser hombre o mujer, religioso o ateo, emigrante o natural del país, negro o blanco..., este ideal nos propone subrayar lo que nos une a todos los humanos en "el común vivir y envejecer", "privilegio de los entes superiores", de la especie humana.
Esta es una cuestión clave para Occidente: lograr una cultura de convivencia real, de encuentro, en la que cualquier persona sea, de hecho, inmune a la coacción cultural y social, en donde se pueda seguir el camino personal elegido, y explicarlo sin sentir la inquisición del ridículo.
Juan Meseguer lo resume bien: "Toda belleza es comunicación, / entrega de unas manos a otras manos. / Con esfuerzo, lo aprendieron los hombres. / Ahora se arrastran entre sombras / por los rincones de la eternidad. / Amor, amor, dicen todas las cosas".
Tal vez para muchos las cosas cantan al amor porque un Niño las miró, las tocó y jugó con ellas; tal vez para otros, no. Pero a todos nos dijo el sembrador de estrellas, cuando habitó entre nosotros, estas pocas palabras verdaderas: "Bienaventurados los que trabajan por la paz".


*CIRUJANO Y FILÓSOFO

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