OTOÑO

Este blog contiene temas de Orientación Familiar, (educación y familia) Antropología filosófica, Religión y poesía. Todo ello con sentido común y, con frecuencia, con sentido de humor.



31 de agosto de 2017

EL MÁS BELLO DIÁLOGO: MARIDO Y MUJER















Francisco-M. González*
Cierto sector de los medios de comunicación parece  empeñados en recordarnos todos los días el elevado número de fracasos matrimoniales, aportando exhaustivos datos estadístico,  estudios y hasta el cálculo del número de divorcios/minuto. Como si el matrimonio fuera un fracaso.
Sin embargo son muy pocos los que hacen referencia  a las claves del éxito matrimonial, de la felicidad que esto entraña  y a la considerable cantidad de matrimonios  en desarrollo, satisfechos, contentos y hasta felices.  Claro que esto tampoco es noticia.
Son  muchos los factores  que pueden hacer feliz a un matrimonio, pero hay dos en los que coinciden la mayoría de los autores expertos en este tema y que personalmente he comprobado: la entrega amorosa y la comunicación interpersonal entre los cónyuges.
Sin ánimo de agotar el tema -que da para mucho- voy a referirme a la comunicación, en concreto, al diálogo marido-mujer (o al revés). Es sabido de todos, que se puede hablar mucho y no decir nada. Puede haber entre los esposos  conversaciones superficiales  durante las cuales se hable de todo y  no se dialogue. Algunas veces las palabras pueden  utilizarse como disfraces, para fingir que todo marcha bien, que hay una convivencia pacífica, civilizada  y que aquí no pasa nada.
Incluso, hay matrimonios que, con frecuencia, intercambian opiniones, tocan a fondo temas políticos y  culturales o abordan inquietudes familiares sobre la marcha de los negocios o los estudios de los hijo; esto es  importante, pero no lo es todo. En estos casos  suelen rehuir  sistemáticamente  entrar a fondo en la intimidad de sus vidas, “una vida a dos”, como dice  Ignacio Larrañaga. No hay diálogo marido-mujer.
Dialogar en el matrimonio significa regalar, dar algo sustancialmente mío, algo que forma parte esencial de mi ser y esto recíprocamente y entre los esposos. Entregar mejor de sí  mismo, mis anhelos, mis preocupaciones, temores, esperanzas, mis ilusiones y alegrías ¡todo! A veces, habrá que  sacar a la luz y en el momento oportuno alguna vieja herida sin cicatrizar, escondida en la penumbra, después olvidar y ¡de verdad! Lo esencial es hablar con franqueza, con delicadeza y toda libertad. Y si en un momento se pierden los nervios y se rompe un plato, tampoco pasa nada, se pide perdón y se vuelve a empezar. Lo que no puede estar el marido con la mujer o la mujer con el marido como de visita.
El dialogo en el matrimonio es la más bella aventura por  la que el marido o la mujer  pueden apostar. Es fuente, raíz y expresión del amor conyugal, que a la vez,  lo fortalece y hace compacto y duradero. Es fusión de corazones, que junto con la inteligencia y la voluntad ¡voluntad de querer!, cautiva, entusiasma y da vida a una vida matrimonial, y para toda la vida. Esto no se aprende en el viaje de novios, sino con la práctica del día a día, con mucho cariño, con mucha paciencia,  con mucha ilusión y con mucho sentido del humor. 
*PROFESOR O. FAMILIAR
UNIVERSIDAD DE NAVARRA

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